domingo, 16 de enero de 2022

Gestación del nuevo modelo democrático

Los guayaneses cuentan los minutos con convicción, acompañando como lo han hecho permanentemente las propuestas de democratización y el desarrollo de acontecimientos que marque el final de la era revolucionaria que ha depauperado a la región.

Participamos en la conversación telefónica que para Público & Confidencial sostiene Damián Prat con el padre Arturo Peraza, s.j,, vicerrector de la UCAB Guayana. Apunto para los efectos de la observación dos aspectos que me resultan relevantes de sus palabras en función del presente venezolano, cuando la gran mayoría de la sociedad se encuentra enfrascada en la lucha que guía la Asamblea Nacional y el diputado Juan Guaidó, por: rescate institucional, democracia, gestión pública y recuperación de la normalidad ciudadana ante tanto atropello continuado por años, precariedad social, económica y muertes, como hechos derivados del proyecto del socialismo del siglo XXI.

Peraza destaca que hay un horizonte deseable donde él se incluye; entendido como aquel que permite, por parte de los factores del gobierno de Nicolás Maduro, la realización de elecciones libres que exprese los gritos de cambios que está pidiendo la población. Hay el otro horizonte, no deseado -refiere el sacerdote- al que las conductas y respuestas de los factores del gobierno enfila a ser lo que ocurrirá frente a la presión internacional y la sombra de una crisis que ya no da para más. Ese es el primer aspecto que el vicerrector fundamentó con amplitud. El segundo, al que solo enunció, es el punto de los análisis internos, la revisión de los distintos actores políticos del modelo en gestación desde el presente momento. La importancia en cuanto los días o meses, que estimamos no sean demasiado de definiciones para el país, nos importan en el empeño de contar con la “fotografía” de Guayana sobre la democracia que aspiramos, la nación y la región que queremos, al igual que contar con los signos de alerta ante los peligros en acecho por las taras culturales que arrastramos y por los tradicionales tartufos, frenos de transformaciones colectivas, que siempre mimetizan su presencia en procesos como los de estas horas.

“Fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”

De las inmensas colas en las entidades bancarias de personas de la tercera edad, en el estado Bolívar, también por estos finales de enero. Agobiados por las dificultades con la compra de medicinas, el sustento diario, los imponderables que trastocan planes y presupuestos en una económica monstruosamente hiperinflacionaria. Llama la atención la manera cómo las personas celebran el pago con billetes de alta denominación (ahora los bancos les dan fajos de dos, cinco o diez que ya nadie en el comercio quiere recibirlos), haciendo especial el brillo de la mirada y de su actitud cansada. El otro momento de igual emoción aparece cuando repiten con sobriedad la ruta propuesta por el Parlamento venezolano ante el cuadro nacional: “Fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”. La sociedad por lo tanto ha asumido la tarea para vencer la tenaza de un sistema no democrático que amasa conceptos y prácticas de dictadura con total desparpajo y que condena a la gente a la huida, a la miseria, a convivir sin derechos en una tambaleante sobrevivencia.

Los guayaneses cuentan los minutos con convicción, acompañando como lo han hecho permanentemente las propuestas de democratización y el desarrollo de acontecimientos que marque el final de la era revolucionaria que ha depauperado a la región. Existe pulso y sentido común, más de lo que se piensa, en que no son fáciles las circunstancias y que los estertores de esta etapa no están exentos de posibilidades no deseadas, como lo mencionó el padre Peraza. En ese sentido el cuadro nacional parece dibujar una mejor comprensión acerca de la necesidad del entramado de sectores sociales, económicos, políticos y culturales diversos que requiere Venezuela para su transformación. Desde lejos, parece, al menos en el rol de una sociedad civil activa y con suficiente recursos calificados, sobre todo en el plano de los jóvenes y de los que no siéndolo tanto, acompañan las manifestaciones de la era del conocimiento y las fluidas corrientes de la participación ciudadana. Aun así es imprescindible para el brinco hacia el futuro la ponderación de los distintos actores y el papel que les corresponde. En el caso del estado Bolívar, elementos adversos como la presencia de reducidos y limitados (aún más que nacionalmente) partidos políticos existentes: sin identidad o conexión con el anhelo generacional y la población en general. La fragilidad organizativa de los emergentes grupos ciudadanos, casi todos sin pulso ante la vorágine del poder. Las ocasionales expresiones empresariales, que epilépticamente siguen el paso de las cámaras del país; estas más audaces en sus posiciones de acompañamiento democrático. Manifestación local de comerciantes y emprendedores que se encuentran azotados por la penetración y las emboscada de grupos de intereses que han hecho sus “negocios”, sin importar el requisito ético, con los gobiernos regionales de todos los colores. Además del hoy agónico transitar del que fue un influyente movimiento sindical, y la severa pérdida de vocación de servicio social de las expresiones comunitarias; abren interrogantes sobre cómo enfrentar el futuro inmediato de Guayana sin que se repitan las aberraciones políticas de ayer y de hoy.

Aprehender la libertad

“El problema no es que el conflicto escale. Hay quienes exageran ese riesgo. El problema es político: cómo generamos certidumbre para que aceptemos que el futuro sea menos incierto que el presente, para ganadores y perdedores. Ese es el asunto que debe resolver la transición”. Michael Penfold, experto en políticas públicas, en su cuenta de Twitter. Ciertamente son minutos de nerviosismos pero donde existe la certeza que los costos serán mayores con este dantesco cuadro social sin soluciones. Con pretendidos llamados de lucha antiimperialista, cuyos hilos de voz de los revolucionarios suenan a llanto de malhechor agarrado en falta. Si bien ni Venezuela o sus regiones cuentan con garantías de soluciones a los males culturales, viciosas prácticas políticas y desafueros financieros que nos han aquejado; en el presente febrero 2019, tenemos la voz de la población activa que ha de expresarse con toda su fuerza hoy y luego en elecciones libres. En este momento de resistencia ante la manipulación de la farsa revolucionaria y en la construcción del modelo democrático que aprehenda la libertad, que permita reconocernos a todos como venezolanos merecedores por siempre de deberes y derechos.

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