domingo, 13 de junio de 2021 | 9:43 PM

George Orwell desnuda el totalitarismo venezolano

Con 1984 fue un visionario que anticipó los excesos en materia de controles -sobre los individuos, las conciencias y hasta el lenguaje- perpetrados por el Estado totalitario. De su autoría es el omnipresente “Gran hermano”.

Entre mis tesoros de papel conservo unos cuantos ejemplares de Letras Libres -heredera de Plural, revista fundada por el premio Nobel mexicano Octavio Paz- que dirige Enrique Krauze. La busco y la encuentro. Impoluta, sin hongos, en su terso glasé 80. A veces parece que es ella la que me encuentra y se hace visible para generarme más dudas, pero también para darme respuestas en unas reposadas relecturas en estos tiempos de pandemia. El pasado fin de semana volteé hacia un montón de impresos que reposan sobre una silla, y la cara de George Orwell me miró fijamente, mientras se dibujaba una leve sonrisa bajo unos delgados bigotes que tapaban su fino labio superior. El inferior apenas se asomaba en una vieja foto de tenues pinceladas sepia sobre un fondo negro. Es la portada del número 92 de Letras Libres de 2006.

Bajo el código de barras de esta publicación está impreso el día de mi cumpleaños, así que viví todo esto como una celebración de la vida, mientras el COVID-19, ese enemigo en la sombra, se comporta como Carlos el chacal. Esto es como un terrorista, que no sabemos cuando hará detonar la bomba que matará, sí o sí, a mucha gente.

Enrique Krauze nos introduce tanto en Orwell como en su ensayo, a propósito de una reunión del Pen Club en 1945. Cinco años más tarde, Orwell, moriría debido a los estragos de la tuberculosis, que contrajo mientras trabajaba en hospitales, minas y restaurantes de Paris y Londres. “Quería sufrir (literalmente) para entender el sufrimiento” enfatiza Krauze. Orwell (1903) es conocido en todo el orbe por Rebelión en la Granja y 1984. El primero recreó, como una fábula satírica, el ciclo de la Revolución Rusa. Con 1984 fue un visionario que anticipó los excesos en materia de controles -sobre los individuos, las conciencias y hasta el lenguaje- perpetrados por el Estado totalitario. De su autoría es el omnipresente “Gran hermano”.

El ensayo de Orwell es de una actualidad y de una pertinencia innegables, que nos permite entender lo que significa sobrevivir en totalitarismo, como el que sufrimos los venezolanos con el socialismo del siglo XXI. “Un Estado totalitario es una teocracia y, a fin de mantener su posición, su casta gobernante debe considerarse infalible”. También fue un adelantado cuando calibró la mentira como recurso esencial de estos regímenes. Escribió: “La práctica de los Estados totalitarios de mentir organizadamente no es un recurso temporal cuya naturaleza se parece a una táctica militar. Es algo que forma parte integral del totalitarismo, algo que continuaría aun si los campos de concentración y las fuerzas de la policía secreta hubieran dejado de ser necesarias”.

En este trabajo de 1946 el gran pensador inglés nos descubre cómo se manipula la historia y nos adelanta que en totalitarismo “la historia debe inventarse en vez de aprenderse”. En tono prospectivo avisa: “En una sociedad totalitaria que lograra perpetuarse… se establecería un sistema de pensamiento esquizofrénico, en el cual el político, el historiador y el sociólogo podrían descartar leyes del sentido común, que en la vida diaria y en las ciencias exactas se dan por buenas”.

En este ensayo titulado Los impedimentos de la literatura, de unas diez páginas, Orwell dejó para la posteridad su visión del periodista, del poeta, del historiador y del prosista en un régimen totalitario. Advierte que la perdida de la libertad es adversa para todas las formas literarias. A un año de haber finalizado la II guerra mundial, Orwell es categórico al afirmar que la literatura alemana casi desapareció durante el nazismo y ocurrió prácticamente lo mismo en Italia. De la rusa -con un Stalin exultante como héroe de la guerra que acababa de finalizar- el autor de Rebelión en la granja concluye “que se ha deteriorado…de manera notable a partir de los inicios de la Revolución”.

Orwell dispara misiles de largo alcance, como los que apuntan hacia “ciertos temas que no pueden celebrarse con la palabra y la tiranía es uno de ellos. Nadie ha escrito un buen libro sobre la inquisición”. Otro: “Cuando uno ve la indiferencia con la que los hombres de gran educación presencian la opresión o la persecución, hay que preguntarse qué despreciamos más, si su cinismo o su miopía”. También es contundente al señalar a Ilya Ehrenburg y a Alexei Tosltói como “escritores prostituidos que reciben enormes sumas de dinero, pero se les retira lo único que tiene auténtico valor para un escritor que se considere tal: su libertad de expresión”.

Agridulces

David Natera Febres fue objeto, nuevamente, de la represión de esta dictadura acosadora e inquisitorial. Allanamiento y detención contra este venezolano valiente y comprometido, a quien no han podido ni podrán doblegar. ¡Natera representa a la civilización y sus represores son la barbarie armada, pero desalmada!

¡Mantente informado uniéndote al canal de WhatsApp o Telegram del Correo del Caroní!

Hazlo a través de los siguientes links https://chat.whatsapp.com/IlKCo7gVPIx2RQo4UGj1js
| https://t.me/NoticiasCorreldelCaroni

Más del autor

El maestro Rafael Rattia

Mi amigo Rafael Rattia desafía al poderoso con la infinita contundencia de su verbo: siempre enjundioso y profundo, porque es un hombre que estudia todos los días.

El indecorable Aldo Giordano

Su despedida me reconcilia con la Iglesia Católica. Esa que no se deja sobornar por el poderoso. Esa que es capaz de renunciar a una condecoración. Que tampoco es presa fácil de los halagos. | Foto cortesía

El Vraem y Sendero Luminoso

Han pasado tantas cosas relevantes en Perú, que nuestra frágil memoria había borrado a indeseables terroristas como Abimael Guzmán y su huella de sangre y dolor junto a Sendero Luminoso. | Foto cortesía

El Nacional, un patrimonio inmaterial

El simple hecho de adquirir ese medio impreso me hacía sentir con una fortaleza especial, como cuando te guareces debajo de una obra arquitectónica que te da cobijo y seguridad.

¡Síguenos!

Notas relacionadas

Mis días en una cola por la gasolina

A muchos venezolanos nos ha tocado pasar tiempo en una cola para poder echar gasolina. Yo estuve 5 días en una en Barquisimeto. Tomé nota del drama y también de lo rescatable como actitudes positivas de los vecinos de la cola. | Foto William Urdaneta

Dos mujeres: palabras que pesan onzas de libertad

El juramento de Guayana está en no dejar en el olvido esas voces silenciadas por la violencia. Hay que fomentar la cruzada por la vida, la felicidad y los derechos. | Foto cortesía

Hay que parar a Herodes

En los últimos días han aparecido noticias sobre asesinatos de niños. Hay informes del 2020 y de lo que va del año que hablan de maltratos, abusos sexuales, violencia doméstica contra niños y adolescentes.

¿Para qué Bond, si tenemos al Generalísimo?

No nos imaginaríamos esas peripecias amatorias de solo mirar su imagen en el óleo de la barraca, en la que Arturo Michelena retrata a un Miranda sexagenario, traicionado y derrotado.

Un remedio eficaz contra el desamor

Una novela alemana publicada hace casi 250 años podría ser la clave para aliviar los nefastos y molestos padecimientos del guayabo...

Hacia el control judicial de la democracia

Con avieso cinismo, Hugo Chávez Frías, pionero del Leviatán o monstruo marino del tiempo que corre y que recién reivindica como “derecho social al Estado” el Grupo de Puebla, afirme que todo vale “dentro de la Constitución, nada fuera de ella”.