sábado, 18 de septiembre de 2021 | 12:11 AM

Encontro foro do La Llovizna

Esa “normalidad” es la de los intereses de la revolución y el socialismo que forcejean contra el aislamiento de las naciones, el rechazo popular y los cada vez más exiguos montos de divisas.

“Lo incomprensible puede ser despreciado, pero nunca lo será si se encuentra una manera de usarlo como pretexto” (José Saramago, Ensayo sobre la lucidez). La alerta, de parte de una activa ONG de Ciudad Guayana, sonó cuando se impidió el paso público al deteriorado parque La Llovizna sin explicación oficial alguna. La pesquisa periodística y ciudadana en menos de 24 horas tuvieron certeza – apareciendo al mismo tiempo, seguramente por esa presión, la explicación gubernamental- que no había refracción o mantenimiento del espacio natural, como se rumoró, sino que el parque sería del uso los pasados días 29, 30 y 31 de octubre, del evento de la revolución roja: Encuentro Internacional de Pueblos Originarios. ¡Por la soberanía, la solidaridad y la descolonización!

Como es del dominio de los guayaneses para estas actividades, la logística y los preparativos han involucrado a las inútiles y desaparecidas alcaldías y organismos de la región que sigilosamente (a diferencia de otros momentos de ostentación de la maquinaria) echaron mano de pertrechos y personal para el apoyo del espectáculo revolucionario, una vez más desde la Guayana, que ahora sin la existencia de la masa laboral industrial, se ha convertido para el socialismo del siglo XXI, en la locación apropiada, para reforzar los mensajes que induzcan en el colectivo nacional e internacional las prefabricadas imágenes de normalidad.

Por supuesto esa normalidad es la de los intereses de la revolución y el socialismo que forcejean contra el aislamiento de las naciones, el rechazo popular y los cada vez más exiguos montos de divisas a los cuales aferrarse para su continuación en el poder. Es su escenografía virtual porque la realidad de Venezuela y del estado Bolívar, propiamente dicho, son problemáticas de una larga lista que contiene entre muchas, la angustia por la adquisición de comida, la escasez de gasolina, la fallas prolongadas del servicio de agua, bajones de electricidad, basura, control anti social en las barriadas, y aparición, como en El Callao, de cadáveres decapitados en la Plaza Bolívar. De esos sutiles detalles nada quiere saber la usurpación. Tampoco para la población esto requiere explicaciones mayores. Sirve de contexto para detallar el Encuentro Foro de La Llovizna; la mejor denominación que encontramos. El capítulo describe lo INCOMPRENSIBLE (dijera el premio nobel portugués), que es la dramática situación nacional, pero con el PRETEXTO, oficialista, de realizar jornadas sobre las minorías sociales del orbe; el trillado pero ahora desangelado discurso del régimen.

“Volver a la felicidad de los pueblos originarios”

Para estos días de oscuridad dictatorial de Venezuela, con los significativos añadidos del panorama político de otros países latinoamericanos (protestas incendiarias en Chile, fraude en elecciones de Bolivia, retorno del clan Kirchner en Argentina, arribo de fuerzas enigmáticas emergentes a alcaldías de Colombia, protestas e intentos de golpe en Ecuador), el encuentro de pueblos originarios, por parte de la revolución bolivariana, tiene un cariz que mostrándose como cruzada de inquietudes ideológicas, no atina a ser otra cosa que un panfleto con cálculo de repotenciar por la vía del fanatismo el discurso de justicia social, ya descubierto como farsa.

El manido enfoque cargado de mitos y leyendas sobre los pueblos originarios que copó la escena del foro, repite el maniqueísmo acerca de los paraísos de las etnias del continente, que despedazados por la colonización y el capitalismo se hace de obligación revolucionaria organizar el retorno a esos estadios de realización humana. Tan es así que la tesis del PSUV en la actividad lo constata: “Movimiento indígena y organización protagónica”. Interrogantes: ¿Puede entenderse el desamparo de 20 años de los núcleos de waraos viviendo en ranchos de latón en el centro Puerto Ordaz o aledaño a la terminal de pasajeros de San Félix (recordado por @Watcher_Ven), las etnias explotadas cargando gasolina en Cambalache, los niños que se mueren de desnutrición y epidemias en Tucupita, el asentamiento warao por años, bajo el puente cercano a las residencias La Esmeralda en Ciudad Bolívar, los atropellos que son víctimas las comunidades de jibi y piaroas de los municipios Sucre y Cedeño, los pemones perseguidos y asesinados en la Gran Sabana por asumir la entrada de ayuda humanitaria para sus pueblos? ¿Dónde está la participación de esos originarios que no sean las de familias enriquecidas que controlan y monopolizan la burocracia gubernamental regional y nacional? La otra ponencia: “Avances del Plan de luchas – Venezuela”. ¿Cuál plan es ese que no se ocupa de la malaria y la desnutrición? ¿Cuáles son las luchas?, que no sean las de vocear las imaginarias guerras del imperialismo. Claro, esto no está vinculado a la extracción del oro en territorios indígenas que pasaron a los nuevos reyes que integran militares, dirigencia del PSUV y gobierno, tal como lo señala el ex alcalde de Gran Sabana y representante indígena, Ricardo Delgado.

“El mundo es ancho y ajeno”

Pero la narrativa de los explotados y humillados del planeta sigue teniendo buenos dividendos en los sueños de las masas desesperadas por obtener sus anhelos frustrados. Tan es así que las consignas sobre “proyectos populares” son garantías de acceder al poder político, por encima de escándalos de corrupción o liderazgos inescrupulosos. De allí que la revolución bolivariana siempre intenta el mismo truco para la misma estafa: amor por los pobres. Repetido con el Foro do La Llovizna, que se ampara en directrices supuestas del originario Foro do Sao Paulo.

Ahora, el ejercicio y el pensamiento democrático que lleva consigo la semilla de su propia destrucción, al permitir el juego de ideas y visiones, elemento apuntado desde Aristóteles hasta los pensadores modernos encaran en coyuntura mundial que transitamos amenazas poderosas en contra de su vigencia. Para colmo, quedamos en no pocas ocasiones con serias dudas de la competencia de gobiernos de la democracia para afrontar y vencer esos ataques. De allí lo percibido en procesos como el del Argentina y Chile (que a criterio no exento de razones de analistas probados refuerza el título del texto del escritor peruano Ciro Alegría, sobre que el mundo es ancho y ajeno), donde pareciera que el riesgo de la pérdida de la libertad, no basta a las masas enardecidas (e inducidas) para traspasar los límites institucionales y los mecanismos democráticos.

Venezuela es otra cosa: tenemos años sometidos a la fórmula cubana del Estado Comunal (inexistente en CRBV), línea que elimina la pluralidad, la alternabilidad, la división de poderes y los derechos humanos, hasta conducirnos a la melcocha donde estamos casi sin posibilidad de salidas civilistas. Es menester, así, repensar el rol de la democracia ante los totalitarismos del planeta de hoy; ejercicio que urgentemente en nuestro caso hay que expandir del marco nacional a nuestras devastadas regiones. Estos días la demostración estelar en Guayana la tuvimos con el régimen intentando lavarse la cara, que ratifica el peso de la región en el rescate del orden constitucional, pero que comprueba, lamentablemente, cómo la dirigencia local se encuentra cercenada de inquietudes en la construcción de ideas libertarias, ante el caos que nos hunde y ante la mentira repetida de la revolución, mitos y aliados.

Trocitos…

A propósito de la situación política latinoamericana recomiendo el texto El horizonte encendido. Viaje por la crisis de la democracia latinoamericana. Del periodista Rafael Osío Cabrices. De edición 2006, que explica, con total vigencia, causas y propensiones culturales de estos pueblos en definiciones del desarrollo y la libertad.

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