lunes, 21 de junio de 2021 | 2:09 PM

¿En junio gotearán las vacunas?

La presión ha de continuar, porque contando con posibilidad de participación de la población, se instalarían en cada comunidad puntos de vacunación cumplirían el objetivo de 300.000 o más vacunados diarios. | Foto William Urdaneta

La presión ha de continuar, porque contando con posibilidad de participación de la población, se instalarían en cada comunidad puntos de vacunación cumplirían el objetivo de 300.000 o más vacunados diarios. | Foto William Urdaneta

@OttoJansen

Y llegamos al sexto mes del calendario. Como en los últimos años ha sido un semestre con vendaval de situaciones difíciles, ancladas en la estructura de un país empobrecido económicamente, roto socialmente, con la Constitución burlada en sus preceptos y en la más extendida sobrevivencia. Sumando al menos 14 meses de cuarentena por circunstancia de la pandemia, que aun cuando no ha tenido la inclemencia de otras naciones (sin obviar la opacidad en el manejo de estadísticas oficiales), ya en el lapso entre junio y septiembre de 2020 observamos las muertes y contagios del virus, que ahora se multiplicaron claramente entre marzo y mayo de 2021.

El devenir del tiempo parece estancarse en un sopor que iguala horas y días; el calendario acumula pérdidas pavorosas en condiciones de vida de nuestros pueblos. Esto ocurre en el estado Bolívar. La producción es mínima: es simplemente la economía de crisis que sirve para comer, pues no hay posibilidad de proyectos mayores. Las minas, que hace unos cinco años eran la fuente de esperanzas para el habitante común desesperado mientras, se suponía, llegaran los cambios políticos, es espejismo monstruoso que acaba el ambiente, socava las carreteras que se inundan de pueblos fantasmas y aniquila las vidas relacionadas con esa ruleta laboral.

El comercio va y viene en medio de grandes riesgos, sacrificios y extorsiones. Pero el murmullo de los guayaneses, eco del creciente clamor nacional, ha puesto de tema en la opinión publica el punto de las vacunas contra la COVID-19, y esto es un síntoma -por increíblemente normal que en otros momentos fuera- de reacción colectiva ante la barbarie y la depauperación que azuza el régimen revolucionario ensayando, como siempre lo hace, sus mejores tretas de manipulación ante la incertidumbre popular y ante las conductas anodinas de la dirigencia política con pie de barro de esta Guayana. Ciertamente en meses pasados, en el estado Bolívar el foco se centró en el surtido de gasolina que ha empeorado y que para muchos es el primer vehículo de las olas de contagios del virus. Hemos tenido en las variadas y numerosas asperezas de la existencia regional, los conatos y saqueos debido a la problemática del cono monetario, que hizo aparecer a las autoridades, nunca presentes en la larga crisis. Pero crece -repito- la determinación de los habitantes de todos los sectores por exigir que salgamos del riesgo mortal por el coronavirus, y quizás sea también, a propósito de los escenarios prefabricados de las “soluciones” electorales, que se percibe alguna posibilidad de un plan de vacunación, más allá de las discriminaciones, de los negocios, de los torpes y desordenados operativos llevados hasta el momento para cubrir a los adeptos del régimen.

La extorsión por dosis

Los factores colaboracionistas del régimen, en comandita con los convencidos de su obligación de desechar la luchas por el rescate del orden constitucional, esos mismos que han enfilado sus baterías contra la Asamblea Nacional electa en 2015 y Juan Guaidó, critican el reclamo del Plan de vacunación que aparece como un elemento cardinal en la propuesta de Acuerdo de Salvación Nacional. Se trata del chantaje “abstencionista”, repiten, y por supuesto recurren a una emocionalidad supuesta de la gente que no entendería por qué no ir a votar y por qué sí, porque lo de las vacunas no se trata de un asunto de protestas. En realidad el debate, como todas esas discusiones interesadas, además de burdo, esconde una engañifa superior (como el cuento de esa unidad anunciada para las regionales del régimen). El reclamo, si es pertinente por cuanto lo que está en juego para Venezuela y para Guayana, es la defensa de los derechos: votar en elecciones libres y justas, tal como imponen los cánones internacionales.

En ese relajo andan partidos y personajes que se presentan en Guayana como opositores. La campaña que hacen sigue la línea de vocear una normalidad que no existe en los estratos sociales de la región; de enfrentar, cosa de la que el PSUV no se ocupa, la propuesta de Guaidó de una negociación que involucre a la comunidad internacional y fundamentalmente a EE UU, para que no se repita el chasco de otros encuentros, a los que la revolución siempre patea, en sus objetivos de permanencia en el poder. Ya comenzaron a aparecer en Bolívar listados de la tercera edad, igualmente la página web de inscripciones en el Ministerio de la salud, a los fines de actualizar datos.

Por otra parte, las informaciones sobre los lugares son poco claras: se habló en Ciudad Guayana de realizar las jornadas en los hospitales Uyapar y Raúl Leoni; luego se dijo de un solo lugar en San Félix. Lo importante es que el interés de los guayaneses ha puesto a las autoridades a pronunciarse, atajando la cruel indiferencia revolucionaria que ha ocasionado pérdidas de vidas, principalmente de médicos, enfermeras y personal sanitario. La presión ha de continuar, porque contando con posibilidad de participación de la población, se instalarían en cada comunidad puntos de vacunación que, con la propia organización de la gente (mas el apoyo especialista y técnico), cumplirían el objetivo de 300.000 o más vacunados diarios. Pero claro, hay que tener en cuenta los cálculos del régimen que, como con el CLAP, ahora con las dosis, ensaya su control social y político. La pelea es peleando, dijera un conocido amigo.

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