lunes, 20 de septiembre de 2021 | 1:05 PM

El truco de hacer caminar a los libros

Buscadores de Libros organiza intercambios, foros, charlas, talleres, concursos literarios, clubes de lectura, elabora micros radiales, reubica libros y los lleva a comunidades, escuelas, liceos, universidades y otras instituciones donde tendrán de seguro una nueva vida útil.

@diegorojasajmad

Por más que se esfuercen en tener vida propia, los libros necesitan siempre de nuestra ayuda para encontrar lectores y recorrer mundos. De nada sirve el trabajo de un escritor, de un editor o impresor si el libro termina empaquetado en un almacén o cuelga inadvertidamente en el ancho y profundo mar de la internet, escondido entre tantos otros millones de textos e imágenes. Se escribe para ser leído por otros, para que el texto pase de mano en mano, de boca a oreja o de pantalla en pantalla; caso contrario, la red cultural que es la literatura se deshilacha y los libros acaban siendo objetos sin mayor importancia ni significación, a la espera de un milagro que los despierte de su letargo. Ahí es donde intervienen libreros, vendedores, traductores, críticos y promotores de la lectura, sujetos indispensables en el proceso dinámico de la literatura que hace que las ideas y sueños de un autor emprendan su indescifrable periplo.

En Ciudad Guayana llegué a conocer algunas personas que practicaban ese loable fervor por la difusión de los libros y la promoción de la lectura. Recuerdo al señor Jaime y su negocio de libros usados en Villa Colombia, a quien la crisis del país le impidió seguir pagando el alquiler del local y por ello tuvo que vender muchos de sus libros por toneladas, para ser triturados en una procesadora de papel. No pudieron triturarle la constancia y por ello continuó su venta a pie, llevando en una bolsa plástica algunos de los libros que pudo rescatar de la hecatombe. A otra de estas personas dedicadas al oficio de hacer circular los libros la recuerdo en el semáforo de El Roble, en San Félix. Quien bajaba del transporte público se topaba con una mesa de oferta de publicaciones, desde revistas, novelas de vaqueros, textos escolares, historia, hasta filosofía y literatura universal. Como aquellos viejos vendedores ambulantes de la Europa del siglo XV, estas personas hacían realidad el sorprendente acto de hacer caminar a los libros, dándoles pies y alas, contribuyendo así con la imprescindible difusión de la cultura.

También llegué a oír que a finales de la década de los años ochenta y principios de los noventa se llevaron adelante proyectos de promoción de la lectura emprendidos por Fundalectura y por la Alcaldía del municipio Caroní. El bibliobús y las cajas viajeras, que trasladaban la biblioteca a los barrios más apartados, y la consolidación de redes de bibliotecas públicas, fueron excelentes iniciativas que se convirtieron en un feliz y entrañable recuerdo de los guayacitanos.

La tradición la mantiene hoy Mariela Mendoza con Buscadores de Libros, un pequeño grupo de personas, con muchos amigos, que se dedican incansablemente a fomentar el intercambio de libros y la lectura en la ciudad. A Mariela la conocí hace casi una década, cuando iniciaba su preocupación por materializar un proyecto que tuviera por propósito, como ella dice, “hacer más lectores para tener mejores ciudadanos”. Mucha razón tenía Mariela al expresar aquella ecuación que relaciona la lectura con el desarrollo personal y social: a mayor cantidad de libros leídos, las condiciones afectivas y cognitivas de un individuo se transforman y los indicadores productivos y socioeconómicos de una comunidad crecen paulatinamente. Somos lo que leemos, y en ese sentido Buscadores de Libros ha puesto todo su empeño en hacer realidad esta máxima.

Buscadores de Libros organiza intercambios, foros, charlas, talleres, concursos literarios, clubes de lectura, elabora micros radiales, reubica libros y los lleva a comunidades, escuelas, liceos, universidades y otras instituciones donde tendrán de seguro una nueva vida útil. He visto a los miembros de Buscadores en paradas de autobuses, en centros comerciales y en la Plaza Bolívar de San Félix, bajo el sol inclemente, ofreciendo libros a todo aquel que lo desee. Los he visto también surtiendo bibliotecas escolares y universitarias con las donaciones que recibe. Los he visto atendiendo a niños de bajos recursos, brindándoles alegrías y sembrándoles una pequeña semilla de amor por la lectura. Los he visto ofreciendo textos a los jubilados que se desgastan en las infinitas colas bancarias para el cobro de la pensión. Los he visto, en definitiva, haciendo labor social con los libros como eje que articula todas sus actividades.

Buscadores de Libros vale por mil y los habitantes de esta ciudad, que le debemos mucho, deberíamos estar siempre dispuestos a tenderle una mano y apoyarlos en sus actividades para bien de nuestro presente y futuro. Sigamos sus pasos a través de las redes sociales (@buscandolibros) y no los dejemos solos en ese sorprendente truco de hacer caminar a los libros.

Otras páginas

Rituales de escritura. Muchos escritores adoptan extravagantes rituales para poder iniciar su labor creativa. Se dice por ejemplo que Alejandro Dumas vestía de sotana roja de amplias mangas y sandalias para escribir. Víctor Hugo mascullaba las frases caminando de un lado a otro de la habitación y solo hasta tener la frase completa corría hasta el escritorio a transcribir. Schiller metía los pies en un balde con agua fría. Lord Byron debía oler una trufa y Flaubert fumarse una pipa. La inspiración toma insospechados y variados caminos.

Miradas en cinemascope. Cuando se habla de literatura venezolana usualmente se piensa en un conjunto de obras publicadas en papel y elaboradas en idioma español. Con ello se obvia el amplio universo de las 34 lenguas que, junto al español, hacen vida en este territorio y forman parte de nuestra diversidad lingüística y cultural. Abrir más los ojos, ver nuestra literatura desde una perspectiva de cinemascope, es un cambio que algún día deberíamos intentar.

Caracol del lenguaje. “[El cuento,] ese género de tan difícil definición, tan huidizo en sus múltiples y antagónicos aspectos, y en última instancia tan secreto y replegado en sí mismo, caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía en otra dimensión del tiempo literario”. Julio Cortázar, 1971.

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