miércoles, 26 de enero de 2022

El sheriff de Nottinghamshire y el pago de los impuestos

En todos los casos, la búsqueda del impuesto es la exigencia primordial de las instancias ejecutivas en un momento de emergencia suprema y desolación para las mayorías ante las dificultades de sustento y generación de ingresos.

@OttoJansen

La cuarentena nacional es diferente. Tiene detalles tan particulares que en comparación con los países y ciudades del mundo, presenta la dimensión de otro planeta en el combate contra la pandemia mortal. Semeja, aquí, a esas estampas exóticas, aunque crudas, como las atiborradas cantinas intergalácticas, cantidades de seres de asteroides lejanos, o extraños residentes, oriundos de constelaciones desconocidas, deambulando en actitud disentida, con los que nos familiarizamos en la Guerra de las Galaxias. Ya lo explicaremos mejor más adelante. En lo inmediato es pertinente ocuparnos de las prácticas y del pensamiento dictatorial, que tanto conocemos los venezolanos, y cuya extensión se profundiza desde el ámbito nacional, repetida en las regiones, con las medidas económicas y sociales que implementa, por estas horas de atrincheramiento sanitario, la revolución socialista.

En la segunda semana es más claro el que los voceros del gobierno de facto han recreado una imagen de normalidad con la obligación del aislamiento social: sus boletines muestran “dominio” de escenarios y hasta han osado enumerar condiciones casi perfectas de los centros de salud, de los que el común de los vecinos se burla con dolor. Las autoridades locales, por su parte, muestran sus competencias en la limpieza pública que debería ser normal pero nunca en mucho tiempo fueron acometidas, pasando ahora ser el espectáculo de gestión. En todos los casos, la búsqueda del impuesto es la exigencia primordial de las instancias ejecutivas en un momento de emergencia suprema y desolación para las mayorías ante las dificultades de sustento y generación de ingresos. ¿Qué explica la medida? Cito unos párrafos de Los orígenes del totalitarismo, de Hannah Arendt, sobre el nazismo y la práctica soviética para la fecha. Las líneas explican parte de la historia de la URSS: “Finalmente, todas las dudas que hubieran podido alimentarse respecto de la dosis de verdad en la teoría según la cual el terror de los últimos años 20 y durante los 30 fue el ‘elevado precio en sufrimientos’ que hubo que pagar por la industrialización y el progreso económico, se ven confirmadas por el primer vistazo a la situación y al curso de los acontecimientos en una determinada región. El terror no produjo nada de este género. El mejor documentado resultado de la deskulakización, la colectivización y la Gran Purga, no fue ni el progreso ni la industrialización rápida, sino el hambre, las caóticas condiciones en la producción de alimentos y la despoblación”. ¿Quedan muy lejos para las políticas de la revolución bolivariana, en momento de apremio por la epidemia mundial, los horrores empleados para la sobrevivencia, por el después desaparecido Estado comunista? La vocación no se pierde en el espacio y el tiempo.

Aldea, satélites y tiranía

Pero nos esperan los lectores con las asociaciones del sheriff de Nottinghamshire y Star Wars en la Guayana y Venezuela de cuarentena. Las redes sociales, esa maravilla de la globalidad, nos han permitido ver en el mundo, policías cantando a los niños en aislamiento, militares acompañando ancianos. Presidentes dictando medidas audaces de apoyo al empleo, ayudas económicas a las empresas y palabras históricas como las de Ángela Merkel. En nuestro patio nacional, a la par, cunden las dudas sobre las cifras que emiten los voceros de la usurpación sobre el avance del Covid-19. Los profesionales de la información son perseguidos por los cuerpos de seguridad: la verdad nunca ha sido deseada por la revolución bolivariana. La impresión en sectores populares parece ser que el tal coronavirus no es algo de peligro y es, por el contrario, otra de las mil circunstancias del calvario por la que tenemos 20 años atravesando los venezolanos. Se reafirma la convicción, debido a la firmeza de la revolución en apoyarse en “brujos”, médicos cubanos y en no aceptar que los impuestos deben aplazarse por la gravedad del momento.

El sheriff, actuando en sus predios de la época medieval, junto a sus funcionarios diseminados en el “reino” no tiene que ver con las epidemias; impone su proyecto de poder. Tiene en la guardia de la corona las armas amenazantes para que el pueblo hambriento, a costa de su vida, cumpla con las arcas de la hacienda pública. Para los bosques de Sherwood, es decir para las regiones -Guayana de ejemplo- el funcionamiento es de la aldea como satélites, y en la jurisdicción otros pequeños asentamientos con más miseria, pero también con valiosos impuestos. Los habitantes se tornan en esos personajes, en escenarios desérticos. Intrincadas montañas y ciénagas que la Guerra de las Galaxias muestran pintorescamente. En esto coincide la realidad y la ficción.

¿Cómo salvarnos de la epidemia agresiva? Se imponen los acuerdos, expresan algunos. Fernando Savater en Los Diez mandamientos en el Siglo XXI nos ilustra: “En un momento determinado, un amigo de Platón y de Dionisio tuvo que huir porque el tirano había decidido matarlo. Platón intercedió y Dionisio le dijo que el exiliado se presentase con toda tranquilidad porque el prometía perdonarlo. Cuando el perseguido volvió fue de inmediato condenado a muerte y ejecutado. Platón, conmocionado, fue a protestarle a Dionisio: ‘Tú me habías prometido perdonarle”, dijo. Entonces el tirano miró a Platón con frialdad a los ojos y le dijo: “Yo no te he prometido nada”. Esta es la verdad. El tirano no promete nada. Es decir, puede hacer el gesto de prometer, puede pronunciar las palabras pero no las considera un compromiso, porque se siente por encima de todos y nadie le puede obligar a cumplir con lo que él dice. Destaca el filósofo español. La reflexión: para salvarnos, cada venezolano deberá asumir con absoluta entereza que no es posible entregarse.

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