jueves, 17 de junio de 2021 | 4:47 AM

El propósito de la existencia ante una realidad absurda

Según Camus, las personas se suicidan filosóficamente ante la vida: le buscamos un significado más allá cuando su naturaleza es no tener ningún sentido.

@francescadiazm

Vivir puede ser la aventura más excitante y amena para algunos y la tortura más desdichada para otros. Los días pueden ser intensos o monótonos porque no tiene más que el sentido que nosotros le damos. Adoptamos un cúmulo de vicios y motivaciones que nos mueven en la existencia, ¿pero se puede vivir sin sentido? Albert Camus, escritor argelino y ganador del Nobel de Literatura en 1957, escudriña estas premisas en su primera obra, El Extranjero, de 1942. En la que busca entre las pasiones del ser humano, la motivación y el sentido de la existencia. Logra crear una historia concisa y fácil de leer. Historia que se inspirará en un suceso que vivió en la playa, que ambientará en Argelia, su pueblo natal y en el que nos conducirá un protagonista taciturno e indiferente que parece un extranjero entre los constructos sociales y moralistas que intentan transmitirle. Su obra aparece en el contexto político de una Europa destruida por la guerra que ha cercenado la humanidad de los individuos y trastocado sus almas.

El libro está impregnado de las ideologías del autor. De hecho, son notorias las similitudes entre Camus y Meursault, muchas más allá de superficialidades, como su nacionalidad. El personaje tiene una gran complicidad con el autor: el absurdo, su existencialismo y su ateísmo que negó diciendo “No creo en Dios. Sin embargo, no soy ateo. Veo en la irreligión algo vulgar y deteriorado”. Así que juzgar al hedonismo y la falta de voluntad de Meursault es, sin dudas, una indirecta manera de juzgar el absurdismo de Camus.

¿Hay una verdadera analogía entre la indiferencia y la maldad?

La historia nos narra, siempre de manera romanceada, los sucesos en la vida de Meursault: un hombre de treinta años que es la personificación de la desidia. El antihéroe de este relato parece carecer de cualquier tipo de empatía. El primer indicio que tenemos de ello es su indiferencia ante la muerte de su madre, su desinterés por su compañera sentimental y el aburrimiento pertinaz en el que transcurren sus días. Esto me hizo preguntarme hasta qué punto la indiferencia es realmente ominosa. ¿Mostrarnos indiferentes ante la crueldad nos vuelve crueles?

Meursault fue testigo de la maldad pero era totalmente indiferente ante ella… Él es como la personificación del hedonismo, del vivir por puro placer y satisfacción: sin felicidad ni enojo, sin ambición. Es el reflejo del hombre que vive días tras días de la misma forma. Ya que, según él, no se sentía desgraciado. Camus intenta mostrarnos cómo realmente todos nuestros esfuerzos por creer en algo o buscarle un sentido al mundo son inútiles, pero, al mismo tiempo, lo abyecto que se vuelve vivir sin ningún tipo de convicción. Su personaje afianza más mi creencia de que se necesita tener un motivo para vivir porque, sino terminamos contribuyendo con las injusticias. Quien no tiene ética ni patrones de conducta, quien vive para vivir y sin ideales, no aporta nada al mundo y, en su apatía, termina siendo cómplice de todo lo que lo corrompe.

Toda existencia necesita un objetivo, un propósito, un significado y sin darnos cuenta siempre se lo damos. Las personas necesitan vivir por algo, para algo. La indiferencia hace tanto daño como el mal. Hay miles de personas cometiendo crímenes, pero hay muchas más siendo indiferentes ante esto, incluso teniendo el poder para castigarlo, y en esa egoísta apatía hay culpabilidad y, en el fondo, cierta responsabilidad.

¿Qué sentido tiene la vida? ¿Realmente es un absurdo? Creo que todos nos hemos cuestionado esto en algún momento de nuestro recorrido por el mundo cuyo destino final es la muerte. Según Camus, las personas se suicidan filosóficamente ante la vida: le buscamos un significado más allá cuando su naturaleza es no tener ningún sentido. Sin embargo, en El extranjero nos muestra lo que sería un ser humano sin ninguna motivación, a quien todo le da igual y que termina rayando en lo inhumano y perverso. Algo así como lo que vivía Europa luego de la guerra: el hombre despojado de la piedad e indiferente ante el valor de la vida.

La condición humana y la autorrealización

El extranjero es una crítica a la apatía, al adormecimiento y al hedonismo. Un llamado a darle valor a la vida y a hacer de ella algo que la dignifique. Para el protagonista, realmente daba lo mismo ser libre o estar en la cárcel. Finalmente, admite que se había acostumbrado a ambas situaciones. Así es como la apatía nos acostumbra a inutilizar nuestra libertad. De nada nos sirve ser libres ni estar vivos si solo seguimos la corriente, si nuestras acciones no son más que respuestas a los dictámenes de la sociedad, de las circunstancias o simplemente a un perenne aburrimiento al que condenamos nuestra existencia. La condición humana es la constante búsqueda de la autorrealización, la felicidad y el alcance de objetivos que vamos fijándonos a lo largo de nuestra existencia.

¿Si la vida tiene un sentido? Sí, el sentido que nuestra ética nos haga otorgarle. Quizás nuestro paso por el mundo sea insignificante, pero nuestra existencia puede también cambiar una sociedad de la que, queramos o no, somos parte. Ante la contingencia, ante la represión, ante la crisis: no podemos adormecernos y volvernos apáticos. No podemos normalizar la muerte, el crimen, la injusticia y sumergirnos en el aburrimiento de una existencia sin ningún punto. Si usted no sabe para qué vive, entonces no es realmente libre: es prisionero de su propia indiferencia ante un mundo que necesita personas que fijen una posición.

Así que tras la lectura de este libro creo que es imperativo preguntarnos por qué vivimos, qué somos para con el otro y cuál es nuestra motivación para seguir viviendo. No sigamos siendo extranjeros en un contexto que necesita de personas que hayan logrado encontrar un sentido a su existencia. Darle una dirección. Un propósito a nuestra vida. Tomar esa determinación es lo que nos otorga la auténtica libertad.

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