lunes, 18 de octubre de 2021

El ingeniero agrónomo frente al desafío de construir la nueva Venezuela agrícola

Las actuales generaciones de ingenieros agrónomos tenemos el inapelable compromiso de asumir el liderazgo en el diseño de las políticas que regirán los destinos del sector agropecuario venezolano.

@WernerGutierrez

El 7 de mayo, Día Nacional del Ingeniero Agrónomo, se cumplió 75 años que un grupo de ilustres colegas soñadores crea la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos (SVIA). Esta fecha está enmarcada en un momento trascendental de nuestro país, estamos a las puertas de la transición política hacia la libertad y la democracia, en el ocaso de un gobierno dictatorial que durante 20 años aplicó un modelo económico-agrícola perverso, produciendo la peor crisis del sector agropecuario venezolano de su historia.

El daño causado a nuestro rebaño bovino, actividad económica que nos acompaña desde el nacimiento mismo de la nuestra república, solo es comparable a la merma causada en el número de cabezas ocasionado por la Guerra de Independencia y la Guerra Federal. El maíz, rubro cultivado en nuestros campos desde la época de los aborígenes, este año está a punto de desaparecer del paisaje agrícola venezolano, amenazando con desvanecer de nuestra memoria los grandes adelantos alcanzados por nuestros agricultores y profesionales en este rubro estratégico en la alimentación del venezolano. Similar trágico y condenable destino se respira en la casi totalidad de los rubros agrícolas.

En este duro, pero esperanzador escenario, las actuales generaciones de ingenieros agrónomos, tenemos el inapelable compromiso de asumir el liderazgo en el diseño de las políticas que regirán los destinos del sector agropecuario venezolano. Un novedoso Plan Agrícola Nacional debe ser construido a partir del consenso de todos los actores del circuito agroalimentario nacional. Es equivocada la estrategia de quienes pretenden que un pequeño grupo desde la Asamblea Nacional, en Caracas, sin menosprecio a sus competencias y experiencias, se subrogue el derecho de delinear las políticas públicas que conducirán el destino de todo un sector de tan amplia complejidad.

Hemos desaprovechado un tiempo valioso para construir desde las regiones, con la participación activa de los gremios de productores, profesionales de las ciencias del agro, universidades, colegios profesionales, agroindustria, pequeños y medianos productores organizados en las distintas figuras asociativas que se han creado y el sector comercio, un verdadero Plan País Agrícola que trascienda incluso cualquiera de los gobiernos democráticos por venir. Dicho plan en mi opinión debe girar sobre ciertos ejes prioritarios de acción para alcanzar en el menor plazo posible la reconversión productiva, modernización, organización y gestión de valor del sector agroalimentario nacional.

Es fundamental el sembrar en el subconsciente del venezolano, que a diferencia de la tesis que durante casi un siglo se nos ha inculcado de ser un país petrolero, la realidad nos demuestra que desde el nacimiento de la república, la base fundamental de nuestra economía ha sido la agricultura y ganadería. Las riquezas generadas por la comercialización en los mercados internacionales de carne, pieles, cacao y café, fueron la base fundamental de nuestra economía, hasta la aparición del petróleo.

Los ingenieros agrónomos tenemos la tarea de sumar voluntades desde nuestros espacios para lograr el reposicionamiento del sector agrícola en la opinión pública, otorgándole la importancia estratégica que posee, no sólo como generador de los alimentos necesarios para cubrir de manera sostenible los requerimientos de nuestra población, sino por su elevado potencial para generar bienestar en la ruralidad venezolana y traer las divisas necesarias para la diversificación de nuestra economía.

Sin duda este es un gran reto, no menor al de impulsar un cambio de mentalidad a nivel del pequeño, mediano y gran productor, para abrirnos de manera decidida a la construcción de una agricultura empresarial, altamente eficiente y competitiva. No hay tiempo que perder, el modelo agrícola venezolano del mañana, hay que forjarlo desde hoy y debe estar obligatoriamente en sintonía con la realidad del mercado internacional globalizado de alimentos.

La decidida y honesta participación de los ingenieros agrónomos, dedicados a la búsqueda del bien común, alejados por completo de la defensa de interés políticos o de sectores empresariales, es indispensable en estos momentos cuando Venezuela está a las puertas de ver germinar la agricultura del siglo XXI en las 50 millones de hectáreas de tierras que poseemos con potencial agrícola vegetal, animal, forestal y acuícola.

Más allá de los problemas y limitaciones comunes a todos los sectores de la economía nacional que deberán ser resueltos, el factor determinante en la transformación y crecimiento de nuestra agricultura, estará en el incremento en la productividad a través de la adopción de tecnologías por parte de nuestros emprendedores del campo, para ello se deberá priorizar el apoyo a la innovación e investigación en universidades e institutos dedicados al desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Existe el consenso que esa nueva agricultura venezolana a diseñar debe erguirse sobre la promoción y el fomento de nuestras exportaciones de aquellas cosechas de alto valor, impulsando el desarrollo de nuevos productos, para abrirnos a una multiplicidad de mercados. Tenemos la posibilidad cierta de recuperar o incrementar las exportaciones de nuestro exquisito café, del mejor cacao del mundo, el apetitoso plátano, del ron añejo venezolano de tan especiales atributos, de nuestro arroz de excelente calidad, las dulces y coloridas frutas tropicales, y del camarón y el cangrejo venezolano. Conociendo las potencialidades infinitas de nuestro sector agropecuario sé que esta lista de productos exportables, no termina allí, sería el interminable el enumerarlos todos.

Mi reconocimiento a mis colegas ingenieros agrónomos en nuestro día. Mi invitación es a dar un paso adelante para de manera decidida, continuar en la labor de despertar conciencias, sumar voluntades y avivar esperanzas en el ineludible desafío de pincelar y hacer realidad, esa nueva Venezuela agrícola deseable y posible. ¡Sí se puede!

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