sábado, 18 de septiembre de 2021 | 1:04 AM

El extraño caso del partido del pueblo

AD ha sido un partido manejado con mano de hierro por Henry Ramos Allup y Bernabé Gutiérrez, de manera conjunta y armónica. Ha sido un partido donde se impuso más que la disciplina un control férreo; toda disidencia ha sido castigada con sanciones.

El segundo a bordo de AD, tenido hasta hace poco como fiel lugarteniente del secretario general, Henry Ramos Allup, se cogió la personalidad (jurídica) del partido por obra y gracia de los enanos del Tribunal del régimen. Nadie puede dudar que esta operación está urdida en connivencia con Maduro con tres propósitos: a. Tener un partido histórico como oposición leal; b. Aceptar un Consejo Nacional Electoral que tuviese dos miembros de esa oposición mansa, dos del régimen y un quinto del régimen también; c. En consecuencia, participar en las elecciones parlamentarias convocadas por Maduro.

Para completar la faena hace pocos días las brigadas policlasistas de asalto procedieron a tomar posesión de hecho de los bienes que seguramente el TSJ de los pigmeos les habrá asignado en gracia. Nada que no sea previsible aunque, ha de decirse, con una caradura que es marca de fábrica de la dirección de AD en estos años, tanto la AD del uno como la del otro.

Sin embargo, es de un simplismo aterrador pensar que este proceso viene porque encontraron a Bernabé en una esquina, medio prendido, y le pusieron unos billetes en la faltriquera; aunque no debe negarse que deben haberle arrimado la canoa en este penoso esfuerzo por echarse al lomo una fatigada estructura de 70 años.

AD ha sido un partido manejado con mano de hierro por Henry Ramos Allup y Bernabé Gutiérrez, de manera conjunta y armónica. Ha sido un partido donde se impuso más que la disciplina un control férreo; toda disidencia ha sido castigada con sanciones. Ambos han participado de las decisiones del partido a lo largo de este tiempo. Y no es cierto que ha habido consistencia opositora. No hay que olvidar que AD se salió de la extinta MUD de la mano de Henry Ramos: “Acción Democrática, el segundo partido más antiguo de Venezuela, se ha divorciado de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Su secretario general, Henry Ramos Allup, ha atribuido la ruptura a la falta de acuerdos internos. “No se trata de ninguna guerra ni de ninguna confrontación, es una traba de carácter administrativo”… Las fisuras con otros partidos de la plataforma se acentuaron tras juramentar a sus gobernadores electos en las votaciones de octubre ante la chavista Asamblea Nacional Constituyente”.

Recuérdese que esta decisión fue respondida por quien era un dirigente importante de la oposición en ese momento, Henrique Capriles; éste afirmó de manera clara, directa y airada: “Mientras siga estando en la MUD el señor Henry Ramos Allup, yo no voy a seguir en esa mesa… A Ramos Allup se le metió en la cabeza que él podía ser candidato presidencial. Yo lo digo con claridad, porque es un secreto a voces. Ese es el candidato de Maduro. Siempre ha estado saboteando. Ahora se entienden muchas cosas del pasado. Se entiende por qué fracasó el referendo revocatorio” y luego: “Maduro encontró su oposición roja, que fue a arrodillarse, que traicionó a sus electores. Porque hay que decirlo: lo de ayer fue una traición a lo que se dijo el 16 de julio sobre la Constituyente”. “Cuando se está enfermo hay que operar y sacar el tumor. En la Unidad hay que hacer lo propio”.

Como se observa, las controversias sobre la conducta opositora de AD no pueden ser admitidas como una pugna entre alguien sólidamente opositor y un chivato de Maduro. Por decir lo menos, es un contexto bastante más complejo. Ambos estaban unidos en la participación en las elecciones parlamentarias y la diferencia se estableció a partir de la composición del CNE. La dirección hoy defenestrada estaba por un CNE integrado por dos del régimen, dos del G4 y uno “imparcial”, dondequiera que ese espécimen existiera. Bernabé y su sector se transó por 3 del régimen y 2 de esa oposición que cohabita. Pero, ninguno de los dos planteaba a esas alturas “el cese de la usurpación” como condición para unas elecciones.

Bernabé era el general Padrino López del secretario general de AD y le fue leal hasta que dejó de serlo. El papel de ambos tal vez revela el problema de fondo: un partido secuestrado por sus propios dirigentes; controlados por la mano de hierro de Henry Ramos y cuyo brazo “armado” era el Secretario de Organización. Este control excluyó a decenas de dirigentes, algunos de ellos casi patrimonio histórico de la humanidad (adeca y venezolana); suprimió toda disidencia, condición esencial para la renovación.

¿Se acabó Acción Democrática? ¿Podrá renovarse AD? ¿Podrá representar Henry Ramos Allup un “rescate” del partido o Bernabé se lo propondría? ¿Habrá una generación cuyos rostros no conocemos todavía o, aunque los conozcamos, con el suficiente coraje para la refundación?

Lo que queda después de todo esto no es un partido sino una incógnita sobre un misterio que puede esconder un fratricidio embutido en una farsa.

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