lunes, 20 de septiembre de 2021 | 12:56 PM

El equipo de Guaidó

El mérito de Juan Guaidó y de la Asamblea Nacional electa en 2015 ha sido interpretar y ser consecuente con las luchas derivadas de la caracterización como dictadura del régimen revolucionario. | Foto @jguaido

El mérito de Juan Guaidó y de la Asamblea Nacional electa en 2015 ha sido interpretar y ser consecuente con las luchas derivadas de la caracterización como dictadura del régimen revolucionario. | Foto @jguaido

@OttoJansen

Tardó sus buenos años llegar a la caracterización del proceso político que el chavismo imponía en Venezuela. Fue un debate sinuoso, lleno de confrontaciones hirientes: muy parecido a lo que se presenta hoy, porque de ese trance no hemos salido. Lo cierto es que en el lapso 2009-2013, aun con muchos titubeos por lo singular del proceso, se impuso la tesis de que podía definirse de modelo dictatorial el objetivo de la revolución roja, por sobre lo que contempla la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Pero la teoría es la teoría, y para las tareas cotidianas, por parte de partidos políticos opositores gastados, sin propuestas, ni alientos de hurgar en las complejidades de las definiciones y sin vocación para el ejercicio de renovación de ideas o impulsos de la creatividad política (hablo fundamentalmente de Guayana), ese capítulo nunca ha sido superado. Con la prolongación de los años del modelo totalitario en el poder, lo medular del concepto se olvidó y ha vuelto a plantearse el mismo enfoque como si la lucha en dictadura fuese igual que en democracia.

Hay que reconocer, en descargo de las anquilosadas organizaciones partidistas -nuevas y tradicionales-, que siendo la acción de estas el electoralismo craso, en exclusiva hoja de ruta nunca se superó la desconexión con la población, cada vez más agobiada. Hay que reconocer también que el exabrupto de La Salida no contribuyó a hacer entender que si bien es imprescindible la lucha social y política, esta no puede convertirse en un mero ejercicio extremista. Por lo tanto, se está repitiendo un capítulo que consideramos superado alguna vez, como es el derroche de energías para integrar un CNE, controlado por el régimen, en vía de la supuesta “acumulación de fuerzas”, tal como es la visión de los “ilustrados” de este momento con las elecciones de gobernadores y alcaldes. Se pretende volver de la mano de los demócratas “puros” a las tácticas con las que  supuestamente se “mareará a la perdiz” al Estado dictatorial para arrancarle espacios, cuando el modelo político bolivariano ya reventó, institucionalmente, todas esas opciones. El régimen espera a esos supuestos opositores en la “bajadita” para la emboscada final y la población, que ya no sigue mordiendo las trampas que los revolucionarios repiten una y otra vez, ha generado “instintos” defensivos y es la gente quien espera en la “bajadita” a los responsables de la debacle venezolana. ¿Es mucho pedir que los partidos, con sus cargas de limitaciones, estén a la altura de la hora y por respeto a la perseverancia de los venezolanos en estos 22 años se paren firmes ante la amenaza totalitaria? La verdad es que algunos, como ya lo vemos por las ganancias particulares que obtendrán, jamás llegarán a hacerlo.

Las costuras en Guayana

El estado Bolívar, desde hace mucho, es un desierto en la lucha política; la lucha social la hace el ciudadano común que ha optado por defenderse como puede, lo que está evidenciado en las movilizaciones exitosas de otros años contra el gobierno y en la defensa de la libertad. De este modo se deduce que nada se agrega a la inexistente práctica de reflexión y debates con la colectividad, cuando las organizaciones políticas locales ni siquiera se han acordado de hacer balances en las victorias o derrotas.

Los estudios del país y su proceso vienen del análisis central, y en cuanto a lo que a Guayana se refiere, el desplome de las empresas y de la universidad pública, que podían contribuir a la profundidad de la discusión ordenada y fructífera, ha socavado tal posibilidad. La UCAB Guayana, como lo dijimos en otros momentos, se erigió en esperanza de espacio de intercambios por sus iniciativas que fomentaron los desafíos en el análisis, pero la pandemia y quizás la dinámica académica en la que ha tenido que enfocarse desde hace algún tiempo, han diluido foros y encuentros donde era normal la presencia de especialistas en las aproximaciones a las nuevas realidades.

Por eso la característica principal de los operarios políticos es una limitada acción, hecha básicamente desde la nostalgia, lo que explica por qué en la presente hora algunos personeros del patio pretenden, mediante elecciones regionales controladas por el régimen, impulsar la caricatura del discurso de la participación, desligados del análisis y del acompañamiento directo de la Guayana ubicada en coyuntura de graves distorsiones sociales, como la generalización del hambre, desequilibrios de carácter económico como la hiperinflación; de mafias políticas compuesta de subgrupos civiles y militares; de la inmigración de jóvenes con familias completas, el caos hospitalario, los “sindicatos” mineros y las grandes bandas delictivas urbanas.

El mérito de Juan Guaidó y de la Asamblea Nacional de 2015 ha sido interpretar y ser consecuente con las luchas derivadas de la caracterización como dictadura del régimen revolucionario. En medio de la increíble fiesta de gastadas vanidades, en donde la política sirve para que el dolor popular no sea prioridad, Guayana tiene que estar en primera línea contra la deshumanización, la piratería y el colaboracionismo. Es harto conocido y esa condición se demostrará, que el verdadero equipo del presidente interino es la fuerza ciudadana hacia los logros de transformación y de auténticos cambios en los que los pasos determinantes tendrán que ver con el tan urgido acuerdo de Salvación Nacional.

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