lunes, 18 de octubre de 2021

El club de los poetas nuevos

Tras cada concurso de literatura se revelan los nombres de nuevos escritores que, de seguir trabajando con paciencia y ahínco, terminarán ganando un lugar en la literatura de nuestro país. Marcos Dagluck, Luis Glod y Jorge Morales Corona son los ejemplos más recientes y promisorios.

@diegorojasajmad

El pasado 2019 la fundación Buscadores de Libros, con sede en Ciudad Guayana y bajo el liderazgo de Mariela Mendoza, convocó a los escritores venezolanos a participar en el premio “Descubriendo Poetas”. El concurso, que ya va por su cuarta edición, está dirigido al fomento de la creación poética en escritores de entre 15 y 25 años y, en esta ocasión, casi una veintena de obras provenientes de todo el país concurrieron al certamen. El jurado, conformado por Francisco Arévalo, Carmen Rodríguez, Jatniel Villarroel, Dayvi Castellano y Diego Rojas Ajmad, tuvo algunas semanas para sumergirse en las páginas de estos jóvenes poetas y no fue sino a finales de febrero de este año que hizo público el veredicto.

Poco se habla de las ventajas de ser jurado de concursos literarios. La primera de ellas, cuando se trata de obras inéditas, es que brinda la oportunidad de auscultar temas, voces y ritmos que salen directamente del escritor, sin la mediación de editores. Allí pueden verse los senderos que anhela la escritura y la imaginación en estado puro, sin ataduras ni compromisos. La segunda ventaja tiene que ver con la oportunidad de conocer las ideas, sueños, preocupaciones y experiencias con la literatura de estos muchachos que, en el país de hoy, resulta en extremo digno de apoyos y elogios. Un poemario hecho por un joven venezolano, en este contexto tan adverso para la creación y la reflexión, siempre merece leerse con respeto y detenimiento.

Por azar (o necesidad), el jurado de la cuarta edición de “Descubriendo Poetas” tuvo la fortuna de coincidir en la elección de dos obras como las ganadoras de este cuarto concurso: Hijos de Caín y Fábula Tropical.

Marcos Dagluck es el autor de Hijos de Caín. Su poemario, tal como llegó a afirmarlo el jurado en el veredicto, es una “sólida y coherente obra construida desde las referencias de la tradición bíblica que ahonda en la condición humana y reflexiona acerca de la situación del poeta en el mundo contemporáneo”. Aunque de pocas páginas por las exigencias del concurso, en este poemario de Dagluck puede entreverse una coherencia temática y estilística que estremece al lector y lo conduce al desasosiego, la introspección y la angustia. Quizás uno de los poemas de este joven guayacitano baste para hacernos una idea de la calidad y la profundidad de su propuesta estética:

 

Ayer, mientras buscabas el control del televisor

descubriste debajo de la almohada

todas las oraciones que Dios no ha escuchado.

 

Y pensaste en el rostro cenizo de tu padre.

En el silencio doloroso de tu madre.

En el rencor que crees que merece tu hermano.

En los años que han pasado

y en que no puedes dormir.

 

Y al acostarte, quisiste orar de nuevo.

Pero en la pantalla ya brillaban los colores.

Así que daba lo mismo hablar solo otra vez

que mirar las noticias y olvidar.

 

Luis Glod, por su parte, resultó ser el autor de Fábula Tropical. En el veredicto, el jurado señaló algunas cualidades de la obra de este escritor tachirense: “exhibe un amplio conocimiento y eficaz uso de la fábula y la sátira, enmarcadas en las referencias a Aquiles Nazoa y a Miguel Otero Silva. Es un bestiario de la realidad nacional que consigue, desde un ritmo y un valor conceptual que se destacan, atrapar por su originalidad y rozar el humorismo y la denuncia sin descuidar por ello la belleza en el decir”. Aquí uno de sus poemas, que lleva por título “Los caballos”:

 

Los caballos duermen de pie,

llevan en sus patas la noche.

Galopan sobre aguas oscuras,

tentando a La Potranca del Diablo.

Sus dientes aprendieron a crecer,

a masticar cualquier cuero.

No saben vomitar, ni eructar,

pero digieren roñosas pasiones.

Ostentando ser animales crudos

derrochan opulencia en la entrepierna.

Los caballos no se quedan quietos,

miden el tiempo con jinetes.

Siempre miran en circunferencia,

nunca quieren estar solos.

 

El jurado decidió otorgar una mención a Jorge Morales Corona, de Maracaibo, por su obra La condición quebradiza. Transcribo una de las páginas del libro:

 

En casa nos acostumbramos a ver

los pasadizos de la memoria jugar cuando se les antoja

 

les llamamos fantasmas para darle una dimensión

a lo que, en perspectiva, sigue siendo humo y sal

 

les vemos en la cocina gemir sobre la encimera

en el cuarto maquillarse rápidamente

o incluso riendo frente a los portarretratos

 

pero la memoria sigue rezumando desquite

y no hay fantasma que valga

para sobrevivirse cuando la casa lo habita a uno.

 

Este libro de Morales se eslabona con la gran tradición de la poesía amorosa, de la nostalgia y la reflexión, como la de Arturo Gutiérrez Plaza y Miyó Vestrini, autores que se encuentran como epígrafes al inicio del poemario.

Marcos Dagluck, Luis Glod y Jorge Morales Corona ya forman parte del club de los nuevos poetas y, mientras sigan trabajando con paciencia y rigurosidad, de seguro oiremos de ellos en un futuro no muy lejano.

Otras páginas:

-La cárcel de la creatividad: En la España del siglo XVI hubo una coincidencia fascinante y de la cual quizás podamos sacar alguna pequeña lección. Los tres más famosos escritores de la literatura española, Fray Luis de León, Miguel de Cervantes y San Juan de la Cruz, estuvieron presos aproximadamente durante la misma época. El cultor de la lengua española, y que supo llevarla al estilo refinado de la gran prosa, Fray Luis de León, estuvo en la cárcel entre los años 1572 y 1576. Cervantes, el creador de la novela moderna, fue confinado entre 1575 y 1580. San Juan de la Cruz, el místico de la palabra dulce y sonora, estuvo tras los barrotes entre 1577 y 1578. Los tres, en el transcurso de sus encierros, concibieron las grandes obras maestras por las cuales siguen siendo hoy, luego de varios siglos, venerados y leídos. Parece que el encierro, la conversación íntima con uno mismo, es el disparador de una obra verdadera.

-Literatura y enfermedad: “En esto de la literatura hay mucho de enfermedad”. Antonio Muñoz Molina.

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