sábado, 4 de diciembre de 2021

El camino de los caminos

El camino de los caminos comienza con la salida de Maduro y su entorno. Luego se pueden y deben abrir opciones, perspectivas, oportunidades.

Una encrucijada es un cruce de caminos. Pueden ser pocos, al menos dos, o pueden ser muchos. A veces, una crisis generalizada en un determinado país se asemeja a la idea de una encrucijada. Se puede salir de ella por un camino o por otro. Pero ese no es el caso de Venezuela. No estamos ante una encrucijada, en lo que se refiere a la posibilidad de superar la hegemonía. No estamos, por tanto, ante un cruce de caminos. No. Hay un sólo camino.

La tragedia venezolana no admite otro camino que no sea la salida de Maduro y los suyos por alguno de los variados mecanismos que dispone la Constitución, y que incluso exige cuando ésta ha sido violentada de una forma tan evidente. Pensar en largos vericuetos de pretendidos diálogos, sólo conduciría a la prolongación del presente. Y eso, repito, no es admisible. Porque eso lejos de mejorar algo, agravaría todos los problemas.

Los aliados externos e internos de la hegemonía han tratado y aún tratan de elucubrar enredos para que funcionen como trampas caza bobos. No les interesa que la tragedia sea superada. Es más, consideran que la verdadera tragedia sería la salida de Maduro y que se queden sin sus respectivos enchufes a lo que queda del patrimonio público venezolano. Razón adicional para reiterar que no hay más caminos que la salida de Maduro.

Cualquier planteamiento sobre la necesidad de elecciones libres u justas es válido, siempre y cuando primero salgan Maduro y sus colaboradores del ejercicio del poder. De lo contrario, esos planteamientos no serían caminos de salida sino serían como calles ciegas, que terminarían facilitando el continuismo de un régimen que sólo puede mantenerse a través de la violencia, abierta o solapada. Esto, evidentemente, no es un camino.

Nadie de buena voluntad desea la violencia. Pero en este aspecto hay una gran confusión. La violencia no es una eventualidad, es una realidad cotidiana de la supervivencia de los venezolanos. Venezuela ha sido transmutada, por la hegemonía despótica y depredadora del siglo XXI, en una de las naciones más violentas del mundo. Entonces se hace obvio que una manera idónea para empezar a pacificar al país, una vez más, implica la superación de la hegemonía.

Ahora bien, no nos confundamos con otra cosa, o con una suerte de espejismo que está en la mente de mucha gente. La salida de Maduro y los suyos es el único camino, ciertamente, para que pueda empezar un proceso de cambios efectivos que nos lleven a la reconstrucción integral de Venezuela. No obstante, ese proceso será todo menos fácil. Estará repleto de dificultades y asechanzas. Se equivocan los que hacen analogías con la transición chilena, o la española, o las dos grandes transiciones venezolanas del siglo XX, siendo la última la de 1958.

En todos esos casos, había países con instituciones públicas y privadas de peso. No corroídas por la corrupción y la barbarie. Del autoritarismo o la dictadura se pasó a la democracia y libertad, pero habían sustentos políticos, económicos y sociales, que permitían el desarrollo de la transición hacia dimensiones de apertura. Esa no es la situación venezolana del 2019. La devastación es tan profunda y extensa que prácticamente no hay de dónde asirse para impulsar una transición que aproveche, prontamente, el potencial nacional. Pero eso es una cuestión diferente y lógicamente posterior al objeto de estas breves líneas.

El camino de los caminos comienza con la salida de Maduro y su entorno. Luego se pueden y deben abrir opciones, perspectivas, oportunidades.

[email protected]

Más del autor

El sustento de la esperanza

Algunos llamados expertos sostienen que las “dificultades” están en las “estrategias prácticas”, como si la lucha política contra una hegemonía despótica, depredadora y corrupta, fuera una cuestión técnica, más o menos como de tecnología electoral. Craso error.

Indignación y sufrimiento

El sufrimiento del pueblo venezolano indigna. Indigna también que sus responsables se burlen malévolamente del sufrimiento popular.

Un país secuestrado

Un país puede ser secuestrado poco a poco, sin que una buena parte del mismo tome conciencia al respecto, e incluso con la aceptación entusiasta de amplios sectores sociales. Lo clave es que se establezca un poder cuya finalidad sea despotizar, depredar, corromper, y hacer todo lo que sea posible para permanecer en el control del país.

Un camino culebrero

El camino culebrero está en medio de una catástrofe humanitaria de tal magnitud, que la principal vía de escape, hasta ahora, son millones de emigrantes que ya no pueden sobrevivir en su patria.

¡Síguenos!

Notas relacionadas

Profundizar la lucha

El centralismo retoma a la macha competencias en áreas fundamentales como el Puente, el aeropuerto de La Chinita y del Centro de Artes de Maracaibo Lía Bermúdez. Todo esto sería muy grave de ser cierto.

El soldado Raúl Baduel

El viacrucis de Baduel me plantea si en algún momento surge algún dilema en la psiquis de estos “soldados”: entre salvar a un poderoso, pero condenar a 30 millones de seres humanos.

21N: el ruidoso silencio de las mayorías

En cada municipio y comunidad del estado Bolívar, la intervención del Estado-partido-gobierno tiene actuación por acción u omisión y es a ese clima tramposo al que la población en grados distintos manifiesta su rechazo.

Para seguir caminado con esperanza  

Hay un país que no se detiene, signo de solidaridad y perseverancia que le da ánimos a uno para seguir construyendo con esperanza, siempre con cable a tierra, pero sin dejar de caminar, sin acostumbrarnos a que es normal que las cosas estén mal.

Árboles

Como llegó a decir alguna vez el poeta Eugenio Montejo, en los árboles todo es vago y fragmentario y es por ello que resulta tan difícil comprender lo que tienen que decirnos. Sin embargo, tras varios intentos de escucha, logré transcribir algunos pensamientos vegetales. Son casi aforismos... Vagos y fragmentarios.

La materia del poema

Hay que estar claros, poesía y poema son dos lados de una misma esfera. El poema es poesía erguida, y la poesía está en el mundo para ser reconocida.