domingo, 20 de junio de 2021 | 12:42 PM

Destreza narrativa y originalidad, las vigencias de Aura

El escritor mexicano, quien fue parte del boom latinoamericano y autor de La muerte de Artemio Cruz, atrapa con este relato que destaca entre otros libros de su época. Aura es ideal para los amantes del misterio y los finales inesperados.

@francescadiazm

 

Aura es un relato simple plagado de detalles interesantes. Al empezar a leer la historia nos encontramos con una narración en segunda persona, lo cual es muy poco habitual aunque común en su autor, Carlos Fuentes. Así que tenemos la sensación de que siempre se nos está hablando o somos una presencia omnisciente entre una voz que parece saberlo todo y conduce al protagonista, Felipe Montero.

El texto nos encierra junto a Felipe en casa de doña Consuelo. Una vivienda antigua, con detalles barrocos y un aire gótico que evoca a lo que hace muchos años fue un lugar con mucha clase. He aquí otro de los puntos fuertes del libro: las descripciones son tan vividas que saltan de las páginas. Somos testigos de la perenne oscuridad del lugar, el olor a vísceras, los crujidos de las escaleras y, por supuesto, la esencia de Aura que está en todos los muros y parece entreverarse con la vejez de doña Consuelo. Todo esto percibido desde la sensibilidad del protagonista que se dedicará a husmear en las memorias del difunto marido de la anciana.

Se ha dicho mucho del esoterismo de la historia, de la fantasía y ocultismo que los acompaña, así como de la única existencia de las mujeres que la protagonizan. Pero valoro aún más los desvaríos de Montero y cómo se va perdiendo a sí mismo dentro de los acontecimientos… dejándose llevar por la profunda atracción que siente por Aura. Al inicio expresa su deseo de irse del lugar, y es que nada más al entrar en el hogar del general Llorente hasta el lector se siente claustrofóbico, pero hay una pulsión que lo hace quedarse, un deseo que tiene el color de los ojos de la joven. No sabemos hasta dónde la brujería de doña Consuelo ha sesgado sus sentidos, pero sí podemos ver cómo se va exacerbando la pérdida de conciencia del historiador, este vaivén entre la cordura y el encantamiento del personaje es el verdadero éxito del texto de Fuentes. Ya que logra transmitir toda la esencia de la novela y sus tintes: fantasía, realidad, misterio y locura. Estos son los elementos que mueven a Felipe Montero y que trastocan sus pensamientos en los pocos días que conoce a su amada Aura, que lo hará cuestionarse todo lo que ocurre dentro de aquella casa donde parece que el tiempo se ha detenido.

El escritor mexicano, quien fue parte del boom latinoamericano y autor de La muerte de Artemio Cruz, atrapa con este relato que destaca entre otros libros de su época. Aura es ideal para los amantes del misterio y los finales inesperados. El enamoramiento de los protagonistas adolece de credibilidad por la celeridad con la que transcurre; sin embargo, las circunstancias luego lo fundamentan. Aunque las relaciones entre el trío protagonista pudieron estar mejor desarrolladas… ¿el embrujo los hizo acercarse tan profundamente en pocos días?

La novela va arrojando datos sobre la historia de México que no encuentro engorrosos y contrastan con el ambiente fantasmagórico en el que se nos ha conducido. Aura no tiene una moraleja o un mensaje revolucionario, es su estructura y su narrativa lo que la convierte en una obra de arte. Tan solo tres personajes, una vivienda a oscuras y un tragaluz que es lo único que ilumina los pensamientos de Felipe: con tan pocos recursos, el lector se lo internaliza y es inevitable que pueda imaginarlo todo.

El argumento simple del que hice referencia al principio se levanta con la capacidad narrativa del autor y la trampa en la que el lector cae sin sospechar lo que realmente sucede en el hogar de doña Consuelo. Lo encuentro sencillo de leer, pese a no estar contado de manera sencilla. En esa premisa renace un viejo amor entre la magia y el esoterismo.

Leerlo es caer en el embrujo de una historia que se sale de las páginas y desafía al narrador tradicional entre los esbozos de batallas mexicanas y el adormecimiento de sus protagonistas, que obliga al lector a mantenerse alerta e, irónicamente, es lo que consigue que cada línea se sienta más viva.

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