jueves, 23 de septiembre de 2021

Democracia, cobijo de un nuevo espíritu de cuerpo

Es la ciudadanía, el estado de derecho, la libertad, en lo que todos debemos enfocarnos. Así reaprendemos sobre la sociedad y sus más altos principios; incluyendo aquí a nuestros ahora estáticos militares.

Al preguntar sobre si la cadena de mando, refiriéndose al estamento militar venezolano, ha tenido alguna alteración importante con los sucesos del pasado 30A, probablemente se invoca a una parte de la intrincada ecuación institucional del país en la que no pueden emitirse consideraciones consistentes ni siquiera por aproximación. Es un tema complejo, lleno de claros oscuros históricos y coyunturales, incluso para aquellos que tienen más dominio de lo que pueda pasar en ese sector, vista la dramática situación de la sociedad venezolana y las responsabilidades que para con la democracia, la patria y al pueblo, están obligados.

Pero si el espíritu de cuerpo militar se ha impuesto hasta el momento, no se conoce porque, ante el cumulo de irregularidades y carencias por las que estamos atravesando los venezolanos, hartos de la corrupción, indolencias e incapacidades de un modelo político, económico y social que no ha cumplido con la redención de justicia de la que se ufanó. Harto, el 80 y hasta el 90 por ciento de la población de la caricatura de presidente de la República en la condición de usurpador, así como de los dirigentes revolucionarios que enfilan diariamente en atropellos contra quienes les cuestionan, y que no poseen, como cada vez es más notorio, el más mínimo respeto por el Estado de derecho y por las penurias de la vida ciudadana. Ese espíritu de cuerpo, inmóvil a otras razones que no la presenten los superiores jerárquicos, muchos severamente cuestionados por actuaciones denunciadas desde sus propias filas. Ahora, ha de subrayarse, con énfasis, respecto al cuerpo orgánico nacional en lo atinente a la conexión de la sociedad con las instituciones, hace mucho rato se encuentra roto. Al igual que la figura de Autoridad; similar a la representatividad que habrían de tener funcionarios electos (alcaldes, concejales, diputados regionales y gobernadores) asociaciones u organizaciones políticas. Y sobre todo el espíritu de cuerpo de las comunidades descalzas, en su aplicación como parte fundamental de la sociedad. Sectores comunales que por años han quedado a la buena de Dios, al empuje de sus convicciones, y esfuerzos, tal como lo han podido asumir y entender. La pregunta: Ante el fracaso del modelo revolucionario, agónico en su permanencia y sin evidente aliento para el porvenir ¿Qué tipo de planteamientos desde el ideal democrático, se presentan para el núcleo social que integran comunidades y barriadas, expresiones duras de la sociedad civil que con firmeza está presente en las impresionantes movilizaciones por el rescate de la democracia y el orden constitucional? ¿Qué contenidos manejan las promesas de bienestar y funcionamiento de la nueva democracia, ante la herida abierta de un cuerpo de sociedad nacional pulverizado y ante el mutismo e indiferencia de una institución de enorme significación como la militar?

Movilizacion de ideas

Escuchamos decir al padre José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, motor del Frente Amplio Venezuela Libre, como espacio de conjunción de iniciativas, más allá de las organizaciones partidistas, en relación a la coyuntura actual de Venezuela cuando la ruta de rescate constitucional parece estancarse: “Es el momento de movilizar la calle y movilizar las ideas”. Acertado; haciendo relevante que esas ideas tienen que tener un contenido alineado a las necesidades y cotidianidad de la gente, de otra manera no hay vínculos, organización popular, comunicación, ni efectividad para la derrota completa del régimen dictatorial. Eso es precisamente lo que no se observa en las actividades y tareas que se realizan. No se observa en el estado Bolívar, por ejemplo, donde el plan político sigue siendo inexistente y la conducta de los partidos se encuentra congelada en la motivación artificiosamente electoral o en que el Frente Amplio de la región, sea otra especie de aparato partidista en pugna interna. Los contenidos de los mensajes sobre propuestas son casi inexistentes o están enmarcados en un formato excesivamente tradicional ante realidades sociales, y comunitarias dinámicas e inéditas. Siendo ese el panorama que presentan nuestros municipios y ciudades, distorsionadas por la explotación minera, los niveles de violencia, la destrucción institucional de los organismos nacionales, regionales, y la desaparición de las alcaldías como vínculos con la inquietud vecinal. En paralelo la población hurga en búsqueda de información a través de las redes sociales, se moviliza a otros espacios de Guayana como nunca y se traslada fuera del país, ampliando su visión sobre requerimientos, metas individuales y colectivas. Es la realidad que no tiene aprehensión manifiesta en quienes pretenden liderar soluciones, por demás urgentes.

Leyes y ciudadanía

El principal instrumento de soluciones se encuentra en la convocatoria de los sectores comunales. El Plan País es un marco que conforma etapas y medidas en función de normalizar la vida en Venezuela en el más corto tiempo posible. Es lógico pensar, sin embargo,  que las localidades y las regiones tienen que establecer sus propias prioridades, así como interpretar con rigor lo que es el foco de interés de la población. En el estado Bolívar se conoce de la tentación de las dirigencias de los partidos en rediseñar las funciones de la Corporación Venezolana de Guayana, a los efectos del “Cambio democrático”. Especialmente cuando el paludismo y la precariedad de la salud infantil imperan en las barriadas céntricas y periféricas,  y cuando las bolsas CLAP, único paliativo de la revolución frente a la hambruna que crece (aun con sus miles distorsiones económicas y nutricionales) desaparecieron de los municipios. De allí que alentar los programas que propugnen la convocatoria de cursos para jóvenes, con posibilidades de articular con el sistema educativo formal, en los distintos niveles, está suficientemente probado como gran herramienta motivacional del conocimiento y la formación laboral, solo que ahora con la crisis generalizada adquiere una valía superior. De igual modo los programas que involucren a la Mujer, que enfrentan la administración del hogar en las barriadas, y que hoy a las acumuladas problemáticas de deserción escolar, embarazo precoz y abandono familiar, se le suma, en el caso de las más jóvenes como un elemento característico, los valores de la conducta delictiva, como “atributo” en la movilidad social. Mecanismos de subsidios de vivienda propia, de alimentación, la recreación y la cultura siempre han sido recibidos como signos concretos de acción de gobierno. Nunca ninguna iniciativa gubernamental ha contado con indiferencia de la comunidad en ese tipo de programa: solo que no llegan luego de las promesas, son de existencia epiléptica, o desparecen de la misma manera como se inauguran con bombos y platillos.

Rutas de transporte público, mejoramiento del servicio de agua, asfaltado y el equipamiento de barrios, tienen una faceta importante en la recuperación de los sectores populares en los planes de una democracia comprometida con el bienestar y la justicia. Se trata de corregir y ajustar ideas con la participación vecinal que nunca funciono y la garantía de la contraloría institucional que cuando se hizo fue de forma distorsionada. Es tema para discusión y consensos. Son los detalles de la cotidianidad local que se imponen con el apoyo de los deslumbrantes avances tecnológicos, el desenfado en la actitud de las generaciones actuales que se enfocan más en acompañar lo concreto y la innovación que atarse a posiciones supuestamente ideológicas. Es la visión de vanguardia que debe acompañar los tiempos nuevos y no dejar congelado el pensamiento en las orientaciones verticales, rígidas y burocráticas con la que lamentablemente muchos de las expresiones partidistas sueñan, añadiéndole en el mejor de los casos la estridencia de una honradez concebida como una pose de servicio más que como condición demócrata autentica. Es el espíritu de cuerpo de la sociedad venezolana: la ciudadanía, el estado de derecho, la libertad,  a lo que todos debemos enfocarnos por hacer vigoroso. Así reaprendemos sobre la sociedad y sus más altos principios; incluyendo aquí  a nuestros ahora estáticos militares.

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