miércoles, 26 de enero de 2022

Del estado general de sospecha al de alarma

Han sido más de 20 años de exclusión fríamente calculada, con una premisa entre ceja y ceja que orienta a la tiranía en el sentido de: “que al enemigo ni agua”.

Nos asomábamos al siglo XXI y ya Eliézer Otaiza nos situaba en la trinchera enemiga, y sentenciaba que vivíamos en estado general de sospecha. Como tal nos ha tocado intentar subsistir, asediados por una elite iluminada e impoluta, que no deja de acorralar a sus nacionales sin tregua y sin compasión. Para esa cúpula despótica somos escuálidos, fascistas, golpistas, contrarrevolucionarios, lo que equivale en la semántica imperial cubana a ser simples gusanos, a los se aplasta sin remordimientos.

Han sido más de 20 años de exclusión fríamente calculada, con una premisa entre ceja y ceja que orienta a la tiranía en el sentido de: “que al enemigo ni agua”. Confinados, aislados e insultados hemos estado los venezolanos, convertidos en una mayoría ignorada y burlada hasta por la maquinaria electoral socialista-lucenista. Con Tibisay como faraute del CNE desde 1999. Primero como rectora suplente y desde 2006 como presidenta, para blindar el triunfo de la taifa a la que ella sirve.

El estado general de sospecha no ha cesado nunca en este socialcomunismo, por eso la persecución, el acoso y el hostigamiento no le dan tregua al enemigo interior, vale decir a los venezolanos, monitoreados y controlados, además, por el G2 cubano en todo momento. Ahora imponen el estado de alarma, previsto en la CN (artículo 338) que nos coloca en manos de la cúpula podrida de manera absoluta, con la justificación -que les viene como anillo al dedo- de la pandemia del Covid-19.

Después de improvisar, procrastinar, calcular y jugar con la precaria existencia de los venezolanos declaran estado de alarma, con una sobrexposición mediática -agotadora y verborrágica- que demuestra, una vez más, cuánto y cómo mienten, falsean y engañan en cadena nacional. Porque lo cierto es que ni ellos mismos conocen el número de contagiados por el coronavirus. Cómo pueden saberlo si el test para el diagnóstico tiene un precio de 300 euros por unidad. Resulta evidente que la macolla no dispone de recursos para comprar estos insumos, esenciales para diagnosticar esta enfermedad, de la que sabe poco y en la que trabaja la ciencia mundial para contenerla.

¿Qué hace, entonces, la camarilla socialista? Lo obvio, microbio, traerse de Cuba a los ¿científicos y expertos? que resolverán este gravísimo problema de salud. Valga recordar, que son los mismos que destruyeron el sistema de salud que levantó la democracia, para imponer otro paralelo, que solo ha servido para que el castrocomunismo exprima el erario público venezolano, mediante la esclavitud de unos matasanos a quienes la tiranía del siglo XXI exoneró de comprobar su condición de médicos.

Me pregunto, ¿si en efecto tienen la cura para este virus tan letal por qué no se la ofrecen a China o a España, países aliados que han apuntalado su criminal dictadura desde hace 60 años? ¿Dónde está la solidaridad de la que tanto alardean? Lo cierto es que esta milonga con aires de nueva trova la creen muy pocos, tanto en Venezuela como en el resto del mundo. Pero Castro y sus cortesanos -con sus fábulas terapéuticas- seguirán desangrando a este expaís hasta la última gota, con la complicidad de quienes se entregaron a estos sátrapas antillanos mucho antes de 1999.

Tengo para mí que los comunismos son maltusianos y algunos no lo saben. Trataré de explicarme. Los comunistas ponen en práctica sus controles demográficos de varias maneras. Por ejemplo, a través de la exclusión la elite dominante ha expulsado a unos seis millones de venezolanos, la mayoría jóvenes, quienes vieron cómo cualquier oportunidad de vivir, decentemente, fue eliminada por el régimen. Muchos se fueron para poder alimentarse, lo que demuestra que la producción de alimentos se da en progresión aritmética en esta ribera del Arauca vibrador. Malthus, también, dejó dicho que las epidemias regulaban naturalmente a la población. Así, que con el Covid-19 el socialcomunismo eliminará a un buen número de nativos, y como no hay estadísticas tampoco sabremos cuántos murieron. De manera que cada pérdida es sólo un dolor y un luto individual, que jamás será sumada a la tragedia, perpetrada por los estados de sospecha y alarma, en los que hemos sobrevivido en estos últimos 21 años.

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Por qué este régimen no imita a la teocracia iraní y deja en libertad a los más de 50 mil reos hacinados en las asquerosas y contaminadas cárceles venezolanas. Liberen a los presos comunes y políticos, sometidos a vejámenes, privaciones y torturas. Dejen a los pranes que viven como reyes en ese inframundo.

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