sábado, 23 de octubre de 2021

Del color

Josef Albers vivió y concibió el arte como una formalidad espiritual de la vida y no como un entretenimiento. Coloreó su existencia e intentó trasmitir a sus alumnos este testimonio como experiencia fundamental. Llegó a afirmar que la escuela “debía dejar aprender mucho, es decir, enseñar poco”.

Josef Albers vivió y concibió el arte como una formalidad espiritual de la vida y no como un entretenimiento. Coloreó su existencia e intentó trasmitir a sus alumnos este testimonio como experiencia fundamental. Llegó a afirmar que la escuela “debía dejar aprender mucho, es decir, enseñar poco”.

@ngalvis1610

El color es un elemento compositivo que ha marcado gran parte de la producción artística de todos los tiempos.

Su presencia, su ausencia, la interacción, la intensidad, combinaciones, todas las posibilidades posibles de su existencia han sido exploradas, experimentadas por los artistas de todas las tendencias.

Es más, algunas de ellas se han caracterizado por algún aspecto que este haya determinado. El color define, atribuye, significa. Estimula e influye en el ánimo espectador y todavía no puedo dar cuenta fidedigna de su existencia. Cambia ante mis ojos como un estado normal.

En la cotidianidad no pasa desapercibido, pero puede resultar una parte hasta tácita del deambular intrascendente. Son tantas las interrogantes y podrían ser infinitas las respuestas. El color es la vida misma y no siempre es rosa.

Las dudas, las incertidumbres, expectativas y miedos colorean mis pensamientos. Es un acto casi poético pensar en el color y no se puede alcanzar el arcoíris. Los niños se visten de azul y las niñas de rosado, la naturaleza es verde y así representamos todo lo que refiere ecología. No hay atardeceres sin amarillos y el fuego se pinta de rojo.

Y eso también me recuerda la política. Las ideologías se tiñen de tonos que cuando los apreciamos, entendemos qué es lo que esperamos de unos u otros.

En el arte, como ya lo refería, el color ha sido determinante, definitivo, concluyente, inspirador y pulsador de corrientes, propuestas y creaciones. Sin embargo, puedo refirme a un caso especial e interesante.

Hablemos un poco de Josef Albers. El afamado artista y profesor alemán, que nace un 19 de marzo de 1888 y fue considerado maestro de lo abstracto y el color, estudió pintura en la Real Academia de Bellas Artes de Munich y continuó estudios de 1920 a 1923 en la Bauhaus de Weimar. Poco tiempo después Walter Gropius lo nombró miembro del personal docente de la famosa escuela de arte, hasta llegar a convertirse en director del curso preliminar y también en el jefe del taller de carpintería. En la Bauhaus de Berlín, impartió clases de dibujo y letras hasta su disolución en 1933, debido a la presión nazi.

Albers migró a USA, dio clases en el Black Mountain College (Carolina del Norte) Y además de destacarse por su trabajo artístico, también fue un cabal diseñador, fotógrafo, tipógrafo y poeta.

Realizó diversas obras pictóricas sobre la teoría de la forma y el color, y cabe destacar sus famosas y singulares series de “Homenaje al cuadrado”. Infinitas series combinatorias, en las que redujo al mínimo los elementos formales y materiales, su principal aporte sería una lección de vida personal, basada en la más profunda comprensión de la “realidad en relación con la creatividad sustentada en el espíritu”. Claramente definida por su obsesión por el color y los enigmas de su interacción.

Así combina geometrías concéntricas llenas de color, en una estricta economía de medios. Elige sabiamente entre la diversidad de materiales, pigmentos o técnicas con disposición de simplicidad, de restringir los recursos utilizables, logrando un especial dominio en el trabajo manual y la artesanía, a los que confirió un gran valor.

La obra de Albers evidencia el resultado de un trabajo sobrio, sometido a reglas estrictas de composición, lo que termina siendo un proyecto metódico en sus formas, exhaustivo en su ejecución, y objetivo en su resolución. Sin embargo, contiene y trasmite una particular expresividad, que nos estimula hasta hacernos percibir el color de forma insólita.

Vivió y concibió el arte como una formalidad espiritual de la vida y no como un entretenimiento. E intentó trasmitir a sus alumnos este testimonio como experiencia fundamental. Llegó a afirmar que la escuela “debía dejar aprender mucho, es decir, enseñar poco”.

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Del color

Josef Albers vivió y concibió el arte como una formalidad espiritual de la vida y no como un entretenimiento. Coloreó su existencia e intentó trasmitir a sus alumnos este testimonio como experiencia fundamental. Llegó a afirmar que la escuela “debía dejar aprender mucho, es decir, enseñar poco”.

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