viernes, 30 de julio de 2021 | 1:27 PM

De la idea de vacío

El arte es universal, pero la pasión impresa en cada obra tiene un color local. En la producción de Harry Abend hondea un tricolor que le dio la bienvenida y que hoy lo celebra.

@ngalvis1610

Mucho se ha escrito acerca del vacío. Y muchas han sido las reflexiones que se suscitan en torno de ese concepto. Las sensaciones y posibles testimonios provenientes de experiencias nos inundan cada vez que intentamos definir y discernir sobre ese concepto. Y honestamente, no lo sabría explicar en pocas palabras.

Una recurrente idea sobre el vacío viene a mi memoria en cierta circunstancia de meditación, cuando la demanda es “poner la mente en blanco” ¿Eso es posible? Me parece que no, pero en el esfuerzo me aborda el pensamiento sobre lo vacui. Y más allá del amplísimo significado del blanco, la presencia de todos los colores, como se define físicamente, establece una relación directa con el vacío.

Entonces, aunque parezca contradictorio, la múltiple mezcla cromática es la más clara deserción visual. En otras palabras, la ausencia es la más significativa presencia.

Me ocurre con el arte, específicamente con la escultura. Toda esa presencia material es la mejor excusa de exponer el vacío. Lo lleno es una mera excusa, lo que importa es el espacio y la materia sirve para exponerlo, enmarcarlo, hacerlo presente en su ausencia de objetos.

Muchos objetos del mundo físico hacen efectiva su funcionalidad, no por sus elementos materiales sino por sus espacios vacios que permiten su existencia operativa. Volviendo al caso de la escultura, lo repito, sus aspectos y partes vacías me hacen sentir el espacio.

Uno de esos productos grandilocuentes es la obra y el legado de Harry Abend, unos de los grandes escultores venezolanos, nacido en Polonia.

En 1948 Harry Abend se estableció en Venezuela a la edad de 11 años, proveniente de su natal Polonia. Se residencia, cursa el bachillerato y al tiempo encamina su formación hacia la arquitectura y como una sentencia innegable, en su caso, explora los derroteros de la escultura, en principio de la mano de Miguel Arroyo. Uno de los primeros espacios de participación fue la III Exposición de Arte de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, mientras cursaba esa carrera. Sin embargo, lo que hay que destacar fue su asistencia al taller que en 1964 facilitó el renombrado escultor inglés Kenneth Armitage, dictado en la reconocida Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, y los trabajados resultantes fueron exhibidos en la muestra “Kenneth Armitage y ocho escultores venezolanos”, del Museo de Bellas Artes, en 1964.

Abend como consagrado escultor plantea una singular intervención espacial y una presencia contundente con sus objetos. En un principio se dejó abstraer por las formas orgánicas conservadas puras, piezas en bronce fundido de superficie lustrada y tallas en madera. Eso lo llevó irremediablemente a un interés por la textura y el aspecto de las superficies de los materiales. Desertó de la superficie pulida y trabajó en relieves en bronce de rugosos volúmenes geométricos. Se dejó influir por el informalismo concibiendo obras en las que el beneficio de la materia instaura su esencia y justificación.

Abend consolidó un lenguaje que le proveyó de potestades para su crecimiento y perfeccionamiento. Así comulgó con el constructivismo geométrico y confeccionó relieves propuestos para la integración arquitectónica. La irremediable conclusión para la que estaba destinado. Fue en ese período cuando la madera devino como su ingrediente más consumido. Se sirvió de esta para la cimentación de variados ensamblajes constructivo-geométricos, elaborados mediante gruesos listones de tal rigidez estructural que contrastaban con su particular relieve. Otros se fundaron a partir de combinaciones de piezas de pequeño formato orientadas en un orden riguroso y urbano.

En la década de los ochenta su obra se revistió de un carácter orgánico. Sugeridos por cualidades de la madera, encontramos lo antropomorfo y lo zoomorfo. Más adelante armonizó la gran dupla entre la madera y su intervención a través de la talla, lo que convirtió en el ideario de su trabajo creativo, logrando así un engrandecimiento en las dimensiones, las que alcanzan escalas totémicas con volúmenes ovoides y de proferida textura ubicados sobre columnas o vigas que deslumbran por la apariencia megalítica.

Introdujo conjuntos escultóricos realizados a partir de troncos de árboles talados y desechados por el desarrollo urbano, los cercenó cilíndricamente, intervino la corteza profunda o superficialmente. Las llamadas “esculturas en negativo” son una suerte de cajas las virutas que contienen los sobrantes de sus tallas, destacando en su obra un acento de carácter conceptual.

La dureza de los materiales que utilizó le permitió labrar un legado, una visión del espacio que intervino por presencia y por el vacío en sus composiciones. Las dimensiones de sus piezas enarbolaron su propia grandeza. El arte es universal, pero la pasión impresa en cada obra tiene un color local. En la producción de Harry Abend hondea un tricolor que le dio la bienvenida y que hoy lo celebra. Muchos reconocimientos, galardones y premios de los que fue merecedor. Hoy le dedicamos el orgullo de compartir el gentilicio que también tuvo a bien ganar y universalizar a través de su gran legado plástico.

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