domingo, 13 de junio de 2021 | 10:20 PM

De la ambigüedad

Magritte, contrario a los surrealistas con los que compartió, convoca imágenes ingeniosas que jugaban a lo sorpresivo para cuestionar la realidad. Lo que le infiere la denominación crítica de surrealista conceptual, por su destacado interés por la ambigüedad que exponen, y en consecuencia por la inaudita relación que se establece entre “lo pintado y lo real”.

@ngalvis1610

La apariencia y su sinnúmero de interpretaciones han sido motivo de igual cantidad de charlas, con aciertos y desaciertos por esa cualidad de ambigüedad a la que nos enfrentamos. Ya que esa posibilidad de ser ambigua se debe a su condición de ser susceptible a variadas interpretaciones.

Hemos recorrido igual cantidad de espacios y escenarios para lograr coincidir en algún acuerdo al respecto. Felizmente, en la mayoría de los casos sin éxito. Y lo expongo así para hacer esta consideración. La dinámica que esta situación me plantea entretiene el intelecto y hace mi búsqueda personal por las razones para existir mucho más dinámica y entretenida, al punto de creer que es mejor empezar a entendernos por las diferencias que podemos tener, a sucumbir en el cierre de la conclusión por el pretendido acuerdo.

No hemos aprendido a valorar nuestra capacidad de ser diferentes, y con ello entendernos mejor. No conocemos y tampoco hemos aprendido a disfrutarnos como incomparables. Si una de nuestras máximas virtudes es la de poder interpretar, la más enriquecedora manera de creatividad ¿Por qué la necesidad de coartarla?

Debe ser que a pesar de lo coherente que podrían resultar, dichas interpretaciones dan lugar a la imprecisión, suscitan la duda y generan confusión, un terreno muy inestable para fijar nuestros anclajes de confort. Es difícil decidir  por alguna cuando todas las interpretaciones tienen sentido. Ese es el terreno idóneo de la ambigüedad como lo es el comportamiento que me supone desconfianza.

Podría enunciar muchos ejemplos en el caso de lo literal, pero no pierdo la ocasión para buscar esa interpretación en el arte. Para mí, una de las mejores citas que puedo hacer es la del pintor surrealista de origen belga René Magritte, sin duda el más influyente en la pintura de su país del siglo XX.

Los surrealistas solían invocar el producto de los sueños Magritte por el contrario convoca imágenes ingeniosas y que jugaban a lo sorpresivo para cuestionar la realidad. Lo que le infiere la denominación crítica de surrealista conceptual, según algunos autores, quienes hacen hincapié en su destacado interés por la ambigüedad que exponen sus imágenes, y en consecuencia por la inaudita relación que se establece entre “lo pintado y lo real”, Magritte redescubre tras una pictórica investigación “lo mágico en lo cotidiano”.

La realidad para él deviene ilusión. Es una trampa para que el espectador pretenda conjugar lo real con la ilusión, esa fórmula imprecisa que es la pintura.

Por varios motivos recurrentes en sus pinturas, como manzanas verdes, rostros velados, sombreros y la imagen misma del artista, las obras de Magritte llegan a nosotros con una gran capacidad de ser reconocidas al instante.

También cuenta en la actualidad con el recurso de la reproducción y ha sido su célebre Hijo del hombre la que ha motivado un gusto especial, convirtiéndola en una de las imágenes del arte contemporáneo más reproducida en las diferentes superficies de lo visual en nuestros días. Es un enfrentamiento que radica en la simplicidad de la figura y la complejidad que pretende el concepto. La ambigüedad de la apariencia y la convocatoria a la multiplicidad de la interpretación. El enmarañado juego de los significados, enfrentados por la presencia de elementos que pretenden representarlos.

La obra que muestra una pareja de hombre y mujer que se besan, sin tocarse porque un velo que los cubre por separado no se los permite, enigmáticamente nos habla de la comunicación. Otro cuadro que ya es patrimonio del acervo visual de la contemporaneidad es Gotas de lluvia con la forma del propio artista, que está por todas partes, evidente o amigablemente interpretable como su lúdica intención en la representación de la realidad.

Y por último, y no puedo dejar de mencionar la obra en la que aparece una pipa que abarca casi por completo la superficie del cuadro y donde se lee  Ceci n’est pas une pipe, que traduce “esto no es una pipa”. La apariencia no es lo que es y muchas veces, tampoco lo que debería.

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