domingo, 20 de junio de 2021 | 12:02 PM

Cuando las sirenas se encuentran en tierra firme

Es el llamado a los diversos sectores comprometidos con la decencia y la ética, a conformar un movimiento por una Guayana que fije posición ratificando convicción por el futuro. La declaración de apego a la cordura, al sentido de justicia, y libertad.

@ottojansen

 La locación política dejó los escenarios de la añoranza industrial de Guayana, para focalizarse en las costas marinas del centro geográfico venezolano. En realidad, dramas y conmociones tienen en otras direcciones el epicentro de ebullición de la vida del país. No son incomprensibles maniobras militares, tan pintorescas como los ejercicios de milicias y de equipos que hemos visto en videos, cuya intención en el apresto y en lo estético, se desconoce, lo que es sufrimiento de las mayorías hoy. Son estos, además, largos días de parálisis por la cuarentana impuesta por un enemigo mortal que no ha tenido, como en otras latitudes, el desbordamiento sanitario y ojala se mantenga así. Pero el acontecer y en algún caso la historieta política sigue siendo la preferencia de la población, ávida de encontrar los causes del piso constitucional, del rescate de la participación ciudadana sobre su destino, con la acción esforzada en el planteamiento sustentado: la urgencia de la voz diestra y orientadora. Por lo pronto puede calificarse de soledad la condición del presidente (E), Juan Guaidó, que soporta el chaparrón del escepticismo y los cálculos de grupos de intereses, mientras arma, con una Asamblea Nacional acosada, los desarrollos en una difícil filigrana. Estamos en el hoyo de una sociedad carcomida por la miseria, enfermedades e ineptitud; regida por la ostentación de los anti valores de un Estado Fallido: no hay resignación, la propuesta de un gobierno de emergencia tiene asidero popular.

Hemos sostenido que las maniobras mediáticas tienen de preferencia al estado Bolívar, pero esa tendencia queda rota en estos primeros días de mayo. Quizás el asunto de una amenaza real del COVID-19, con el número de venezolanos que ahora reingresan por la frontera brasileña, al sur de esta Guayana, según repetidos rumores -observados por monseñor Ulises Gutiérrez, Obispo de Ciudad Bolívar- le quitó disposición oficial a los preparativos ante una “invasión” por esos linderos. Tal vez sea que el bajón de la presencia guayanesa tras la extracción del oro, sumado a las otras epidemias conocidas, pero no menos riesgosas y a las condiciones del trabajo minero cada vez más precario, demostrado con el derrumbe de Nacupay en El Callao. No se sabe, si esa “bomba” que es Ciudad Guayana, con contingentes de pobladores “parados”; o Ciudad Bolívar, asfixiada por la pobreza y la sed, hayan sido determinante para que la épica de la gastada revolución haya echado mano a los “peñeros”; a esa maravillosa escenografía natural del litoral, para que cual película sean vistos los nuevos “mercenarios”, apresados por los pescadores lugareños que tienen años reclamando facilidades para sus fuera de borda y para su labor sin la agresión de los piratas del mar. Lo cierto es que se cuentan ahora episodios confusos porque existen víctimas; relatos que intentan quitarle atención a la crudeza, a la pesadilla social, económica y política que transitamos en Venezuela.

Manifiesto frente a la vocinglería

La doctora Roció San Miguel, presidenta de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, manifestó en un tweet: “Venezuela está expuesta a niveles alarmantes de guerra psicológica y terrorismo de Estado. Ya no es posible discriminar que es verdadero y falso. Esto solo sucede en los Estados totalitarios o autoritarismos hegemónicos”. Hechos que se muestran y que no parecen ser lo que son y hechos verdaderos que se esconden dentro de otros como por magia. El trance no deja de poner en evidencia la necesidad del mayor esfuerzo ciudadano por orientar los pasos de la existencia, amenazada como está por una pandemia, múltiples penurias y la vigilancia política.

Tenemos que ser partícipes, por lo tanto, de convocar a las ideas y con ellas a las tareas por la región, usada como comodín del espectáculo por el proyecto revolucionario. Más que en ningún otro instante -palabrita repetida, pero que este mayo 2020 es invocado con particular dramatismo- al llamado directo para que desde los diversos sectores comprometidos con la decencia y la ética, se conforme un movimiento por una Guayana que, en aras de su significado para la democracia y el porvenir venezolano, fije posición ratificando convicción por el futuro y exponiendo su compromiso con la capacidad propia; con sus propias manos, rehacer al estado Bolívar. En la firmeza -no es obvio decirlo- partidaria del pensamiento plural, desde la declaración de apego a la cordura, sentido de justicia, y libertad.

Los empresarios regionales dieron un paso importante en esa dirección ante las medidas económicas de la usurpación; que esperamos se sostenga en el tiempo como yunta con el pueblo trabajador. Se trata del anhelo colectivo de vencer el fracaso y la corrupción enquistada en el estado Bolívar. Todos los actores locales tienen la palabra, particularmente los que encaminan iniciativas sociales y ciudadanas, obligados a ser la nueva dirigencia política de Guayana. Ya basta de lances grotescos y demenciales, traídos por los pelos con el discurso efectista y vacío que la población no quiere seguir escuchando en inverosímiles cantos de sirenas, que han existido siempre, pero que con la revolución aparecen tanto en las aguas marinas, como navegando en plena tierra firme.

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