lunes, 18 de octubre de 2021

Cuando despiertas

La situación de la república es deplorable sin atenuantes. El virus de los chinos solo ha venido a reflejar con mayor intensidad la ruina moral y económica de este suelo.

No hay duda que la pandemia china le ha servido de respiro a estos facinerosos que nos tratan de esclavizar más que cualquier intento político anterior. La salida del mismo se ha retrasado con la ayuda inesperada de una enfermedad cuyo origen se atribuye a diversas causas y orígenes. Sin hacernos eco de distintos enfoques científicos, a veces confusos por ser muchos los opinadores, observamos que la clase dirigente interna y externa no hace otra cosa que hablar sobre la desastrosa situación del país, la cual no necesita publicidad por ser obvia, sin que ese bla blá recurrente incida en soluciones de orden práctico que realmente conduzcan a algún resultado concreto; sea este económico, social o político.

Lo cierto es el riesgo y la posibilidad de contraer un virus mortal que no ha podido ser controlado de forma eficiente, por lo cual el mundo se encuentra mayoritariamente paralizado y encerrado en sus casas, sin poder trabajar y producir para beneficio propio y de las naciones. Se entiende que muchas cosas pasan inadvertidamente para la mayoría y otras que se cocinan en instancias inalcanzables para los distanciados de los centros de poder y eventual toma de decisiones; por tanto uno de nuestros párrafos en este escrito no significa una crítica sino más bien un ruego mal planteado.

La situación de la república es deplorable sin atenuantes. El virus de los chinos solo ha venido a reflejar con mayor intensidad la ruina moral y económica de este suelo.

Aparte de atornillar el régimen, como ayudante de excepción; ha venido a desenmascarar la verdadera realidad que nos acosa desde hace veinte años: la ideología maldita con la cual se ha destruido este territorio, ya que la denominación de país puede sentirse como un sarcasmo. Cuando la gente no comprende las actuaciones de los gerifaltes que creen conducirnos, es porque no se han paseado por el pensamiento que los impulsa al saqueo, al abuso, al odio, tal como han sostenido algunas féminas guapas y apoyadas en la temporalidad del poder. La gente no asimila que las torpezas, despropósitos y arbitrariedades no son resultado solo de la escasez de sinapsis neuronal, sino tienen su base en el fanatismo ciego de la aplicación de ideas, teorías y sistemas que no aguantan un análisis profundo y serio, ni siquiera entre párvulos inconscientes.

Todos nuestros males han sido orquestados pacientemente durante cuatro lustros por gente débil mentalmente, que en la antigüedad hubiera sido lanzada desde el monte Taigeto al nacer.

Nadie con dos dedos de frente y que sea capaz de discernir se le ocurre que en la época regida por esta plebe Venezuela está en el horror por casualidad o inadvertencia, o equivocación bien intencionada.

No; imposible que la faltas de gasolina y de salud, el desabastecimiento de alimentos, la ruina del bolívar, la inseguridad, la delincuencia sin control, el cierre de empresas productivas, los robos bautizados como expropiaciones, el narcotráfico y la narcoguerrilla, la inseguridad jurídica, la profusión de leyes inútiles, el irrespeto por organismos e instituciones, los delincuentes en funciones de los poderes del Estado y la degradación de seres que se dicen humanos no sea una labor continua y sostenida durante años. Años de chavismo, socialismo, comunismo, totalitarismo, autocraticismo, personalismo; o la suma de todos los ismos y similares. Pura basura degenerada excretada por muchos idealizados históricamente. Y no le preguntemos a la Providencia por qué nos ha tocado tanta miseria; la respuesta la tenemos en que la mayoría no siempre tiene la razón. Vox Dei, Vox populi, no es verdad indiscutible. Aunque haya sido la voluntad del pueblo, no es la voluntad de Dios.

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