domingo, 13 de junio de 2021 | 5:24 AM

Corrupción: metástasis política

Ante la corrupción no puede haber contemplaciones. La corrupción no se disculpa, no se perdona. La corrupción se castiga, de lo contrario, se convierte en impunidad.

dmarquezcastro@yahoo.com

El concepto de metástasis se define originalmente desde el contexto de la medicina, en tal sentido se caracteriza como la diseminación del cáncer de una parte del cuerpo en donde se formó originalmente a otra parte del cuerpo. Si se traspone el concepto a otro objeto que es la sociedad como cuerpo, encontraremos que en el mismo igualmente se generan procesos de tipo canceroso cuando se violentan las leyes morales, jurídicas, sociales, económicas, que regulan su funcionamiento. En ese particular, es indudable que el cáncer que destruye una sociedad, sus estructuras políticas y su propia vida, se llama corrupción.

Muchas veces se piensa que el flagelo de la corrupción es contemporáneo, sin embargo la historia de la filosofía ofrece ejemplos en cuanto a que el mismo existe desde hace mucho tiempo. En el diálogo “Critón”, del filósofo Platón, el personaje central, Sócrates, condenado a morir, recibe la visita de su amigo Critón, quien le propone escapar de la prisión sobornando a los guardias para ser trasladado a otra polis donde podría continuar viviendo y haciendo filosofía. Para sorpresa de sus amigos, Sócrates se negó, argumentando no poder desobedecer el mandato de las leyes atenienses.

La corrupción ligada a la política se ha convertido en el mal del siglo actual. En auténtico cáncer que ha hecho metástasis en distintas latitudes del planeta. Los medios de comunicación y las redes sociales dan cuenta a diario de cuadros y situaciones de corrupción que involucran a gobiernos, opositores, empresarios, medios, instituciones, empresas y tantas instancias de la sociedad que la lista se hace interminable. En un sitio web se analiza este mal con las siguientes reflexiones: “La corrupción es un cáncer que devora las instituciones y es la amenaza más grave para la gobernabilidad. Engendra violencia porque atenta contra los bienes públicos y contra los bienes particulares, arrebatados en forma injusta y fraudulenta. Viola los derechos humanos fundamentales porque afecta el ingreso de las familias, les arrebata el sustento, al incurrir sus integrantes en delitos, o aumenta el índice de pobreza y miseria de la sociedad”.

Hay quienes afirman que la corrupción es una patología inevitable, sin embargo tal fenómeno va más allá, se trata de que “se debe al desmoronamiento interior de los individuos, a la debilidad de las instituciones públicas y privadas en sus mecanismos de gestión, y a la marcada ausencia de una cultura ética que sirva como dique moral para contener y contrapesar sus efectos”. A la corrupción se la ha visto como un mal con el que se puede convivir en una sociedad y ese es un terrible error. El relativismo ético y moral que se ha extendido como una mancha negra en las sociedades contemporáneas ha permitido que la corrupción sea vista superficialmente porque las necesidades de los ciudadanos plantean otro marco de prioridades: comida, servicios, sueldos, seguridad, etc.

El autor Eduardo Escárate Ferrada, en la revistadigital.net, dedica un interesante artículo al tema de la ética y corrupción en la política, en el cual parte de una premisa en la que plantea que la gran hipocresía consiste en juzgar las acciones de los políticos solo por las leyes, porque esas leyes al fin de cuentas las crean ellos mismos. De esta forma, señala que hay muchas formas de corrupción dentro del ámbito político: en forma directa, siendo autores de actos corruptos; con la complicidad con esos autores. También, con el encubrimiento de estos actos e igualmente con la indiferencia, con el silencio, mirando hacia otro lado.

Expresa sobre el tema lo siguiente: “Nuestras sociedades del siglo XXI están cayendo en pozo de corrupción. En general, por esa indiferencia los ejemplos en el mundo son trágicos. En Estados Unidos tienen un presidente que según parece miente tanto que ni un 20% de lo que dice es verdad. Pero no pasa nada. Las encuestas y estudios sobre el tema dicen que eso parece que no importa. Y en España pasa lo mismo. Está en el gobierno un partido que miente, que promete lo que nunca ha pensado cumplir. Y las encuestas dicen que su intención de voto va mejor. ¿Cómo se explica esto? Se puede pensar que a mucha gente no le importa. También que es culpa de los otros partidos que a los ojos de la gente son peores”.

Sin embargo, el problema no solo radica en Europa y Estados Unidos, es que la metástasis del cáncer de la corrupción se ha extendido en el cien por ciento de los países de la América hispana. Los escándalos revientan, son explotados mediáticamente, pero con celeridad son superados por otros escándalos. Por desgracia, la política latinoamericana se ha banalizado espantosamente hasta el punto de llegar al nivel de la farándula y la telenovela. Los partidos políticos han devenido en franquicias electorales cuyo fin es copar espacios dentro de los poderes públicos para generar el enriquecimiento desmedido de una clase política que no vive “para” la política sino vive “de” la política, como dijera Max Weber. En suma, la política ha dejado de ser el arte de administrar el Estado, para transformarse en un inmenso y jugoso negocio.

Vale, pues, la denuncia del autor citado, cuando sostiene: “Estamos en un mundo en el que la corrupción echa raíces en una clase política corrupta e incapaz. Y en los delincuentes económicos. En este terreno sin valores morales ni éticos esos políticos sin ética desarrollan y aprueban leyes que favorecen la impunidad ante la corrupción. Y por todo el planeta se va extendiendo una capa de cinismo en que los políticos, diputados, alcaldes, etc., cuando son imputados o investigados, son apoyados por sus propios partidos para que no dimitan…” Es la complicidad vergonzosa, la solidaridad para salvaguardar los bienes mal adquiridos.

La sociedad contemporánea ve con estupor cómo la corrupción política y sus escandalosos episodios están erosionando las bases de las democracias existentes y en las tiranías con careta democrática, no solamente se han montado en el carro la corrupción los gobernantes sino que han construido una oposición colaboracionista y cómplice comprada mediante manejos turbios, oscuros. Ante la corrupción no puede haber contemplaciones. La corrupción no se disculpa, no se perdona. La corrupción se castiga, de lo contrario, se convierte en impunidad.

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