viernes, 17 de septiembre de 2021 | 5:33 AM

Corredor humanitario transcontinental: un derecho fundamental de la diáspora (II)

Hoy son las circunstancias venezolanas, pero mañana no sabemos qué pueda pasar y si habrá que producir un tránsito de la misma magnitud que requiera usar el mismo criterio para resguardar y proteger los derechos humanos.

@abgoscarsalama1

Tal y como lo sugerimos en la entrega pasada, el ejercicio de imaginación que hicimos nos deja un panorama complejo: en el caso de que una masa humana de migrantes venezolanos decida retornar a su país, estaríamos hablando de hasta 1 millón 800 mil personas, a razón de casi 5 mil diarias cruzando legal e ilegalmente fronteras, con todo los riesgos que implica semejante movimiento.

Sin lugar a dudas, un gran problema que tendríamos con el levantamiento de las medidas de emergencia y la consecuencial apertura de las fronteras y con el inminente quiebre del régimen de Maduro. Cuántas cosas pudieran suceder: colapso del tránsito automotor, lentitud en el envío de mercancías, colapso del control migratorio internacional, colapso de sistemas de salud, violaciones de derechos humanos, narcotráfico, trata de personas, legitimación de activos, etcétera, etcétera, etcétera. Todo un panorama que requiere la atención de los gobiernos latinoamericanos, sobremanera de la Asamblea Nacional electa en el 2015.

La necesidad de crear una comisión internacional dedicada a tiempo completo a revisar los aspectos básicos que conlleven a la creación de una institución coordinadora que vele y responda por minimizar el impacto que dicho flujo generaría es de perentorio e impostergable implementación, pues son insuficientes las actuales estructuras fronterizas de control migratorio y de otras índoles, como para soportar de inicio el tránsito de esa gran masa humana en condición de retorno.

No hay dudas de que es una gran oportunidad de integración que tenemos los latinoamericanos de ampliar nuestra hermandad y de estrechar los lazos por convenios de políticas públicas que hagan efectivo, seguro y saludable el regreso a casa de millones de venezolanos. Hoy son las circunstancias venezolanas, pero mañana no sabemos qué pueda pasar y si habrá que producir un tránsito de la misma magnitud que requiera usar el mismo criterio, a los efectos de resguardar y proteger los derechos humanos.

¿Ideas? Hay muchas de cómo debemos comenzar a implementar o institucionalizar esta iniciativa. Pero el ingrediente más importante, sin dudas, lo representa la voluntad política de los gobiernos latinoamericanos; sin ella estamos condenados a morir en las calles de todo el continente tratando de llegar sanos y salvos a nuestro país.

Estamos completamente seguros de que aquella reunión con los diputados venezolanos en el año 2020 es una semilla que comenzará a germinar para promover y motivar a los gobiernos del mundo para que nos ayuden a regresar tranquilos a casa. Estamos seguros de que al instituirse esta iniciativa, América Latina tendrá la seguridad de que ante la ocurrencia de cualquier situación de guerra, política o natural, podrá contar con un desplazamiento garantizado en el convencimiento de que los derechos humanos de los latinoamericanos serán respetados íntegramente.

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