domingo, 17 de octubre de 2021

Comunidades en sus derechos

Guayana cambió y sus principales actores sociales son las comunidades en primer lugar, la juventud universitaria y profesional que intenta vencer la tentación de irse a tierras lejanas.

¿Quién dijo miedo en las comunidades de la extensa Guayana? Las amas de casas; jóvenes y de mayor edad, cargando hasta con sus proles encabezan un sinnúmero de manifestaciones en las ciudades y pueblos, por el agua, la luz, el gas y el transporte. Retan la represión y los abusos de ley que el gobierno pretende imponer con la fuerza de sus armas y la falta de escrúpulos. Se plantan ante el silencio y la indiferencia de organismos con vocación autoritaria. Es un cuento rutinario, que tiene matices diferentes en cada región, pero que en el estado Bolívar vale destacar debido al vacío de autoridad y frente a la ausencia de la palabra orientadora donde exceptúan las iglesias (la católica especialmente) y alguna que otra voz en el desierto de cálculos y erráticas visiones de este tiempo dictatorial.

Guayana cambió y sus principales actores sociales son las comunidades en primer lugar, la juventud universitaria y profesional que intenta vencer la tentación de irse a tierras lejanas. El empeño académico que representa la UCAB Guayana, al igual que de alguna forma pequeños y espontáneos emprendedores que por sobre las aberraciones económicas, trazan sus inversiones a cuenta y riesgo. La cotidianidad en este estado muestra grupos de ciudadanos con enfoques diversos que impulsan espacios de defensa en muchos frentes de los derechos humanos. Es acción que centra sus tareas más organizadas en Ciudad Guayana, en Ciudad Bolívar y Upata y manifiesta inquietudes activas en el resto de los municipios (lo vemos en Caicara del Orinoco con “ollas solidarias”, en Maripa reclamando abusos militares, y en Gran Sabana con etnias y criollos, defendiendo posibilidad de entrada de ayuda humanitaria con resultados y víctimas que conocemos).

Son expresiones, algunas con visos de frivolidad, otras que parecen amparar intereses de mimetizar personeros relacionados con el fracasado proyecto revolucionario, existen la que son fachadas partidistas, pero la gran mayoría de estas asociaciones civiles que empiezan a enraizarse en comunidades y sectores populares dirigen su mirada a las luchas sostenidas ante la crisis y la debacle de Guayana y el país.

Cuando el estado de derecho deja de ser solo una palabra

“La Organización de Naciones Unidas (ONU), a través de la Oficina del Alto Comisionado (Oacnudh), expuso ante el mundo, en su más reciente informe difundido el 4-07-19, la existencia de graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos en Venezuela, tanto en materia de derechos económicos y sociales como civiles y políticos, a consecuencia de la reducción del espacio democrático por la implementación de leyes, políticas y prácticas que buscan neutralizar, reprimir, criminalizar y atemorizar a la población”. Relata en uno de sus párrafos el Informe del Observatorio de Conflictividad Social (OVCS), correspondiente al primer semestre del 2019, donde documentó a nivel nacional la cifra de 10.477 protestas. Esta caracterización es un retrato de lo que cotidianamente pasa en el estado Bolívar, aunque precisamente su nombre no aparece entre los estados con mayor número de protestas, excepto por la reciente crisis de gasolina. Es la “normalidad” en las barriadas y urbanizaciones que tienen también de compañía el signo del anonimato producido por la ausencia de medios de comunicación (con notorias excepciones) que difundan el reclamo.

Se entiende entonces que ante el papel inerte de organizaciones políticas en Guayana, en la obligación de acompañar la protesta social vinculada a los derechos de la democracia, que la ciudadanía se organice en procura de instrumentos que le permitan la defensa de la vida. ¿A qué compete la materia de derechos humanos? y ¿cómo es posible obtener logros positivos para la gente? Estas preguntas quedaron respondidas para los grupos voluntarios y la población en general, con los resultados del Informe de la Alta Comisionada de la ONU. Con este se probó, como tanto se ha recalcado, la importancia de los registros de la denuncia (“… está integrada por un conjunto de mecanismos a través de los cuales ejercemos el legítimo derecho a la defensa frente a violaciones de nuestros derechos y que el Estado está en la responsabilidad de proteger y garantizar…” La denuncia, folleto 4. Provea), multiplicada por miles de organizaciones que retaron penurias y pesadillas amparadas por el Estado venezolano que fueron consignadas en la reunión con la señora Bachelet.

Con ese informe de la Organización de Naciones Unidas se dio, por igual, un fuerte aliento a la labor de estas jóvenes asociaciones de la región que en el cada vez más fuerte accionar de amedrentamiento y persecución del partido- Estado-gobierno que conforma el modelo revolucionario, se encuentran a distancia de refuerzos de la capital de la república y a merced de sus propias fuerzas y convicciones. Es además una útil y provechosa lección que proporciona experiencia y dominio en cómo a de ser el desempeño en la lucha contra un Estado dictatorial en defensa de la libertad y la democracia.

Empeño por la transformación

Ciudad Guayana es hoy una cantera de movimientos civiles y asociaciones de todo orden: artísticos, de solidaridad infantil en los hospitales, culturales, de apoyo a sectores sociales deprimidos con operativos médicos y comida. Movimientos de atención a la agresión femenina, grupos ecológicos y de aprovechamiento de residuos, organizaciones ornamentales, controlaría pública y de recolección de medicinas. Son fuentes de contrapeso a la visión totalitaria y en consecuencia bases auténticas del ejercicio democrático con miras al porvenir inmediato. De estas noveles manifestaciones brotarán, todo lo indica así, los liderazgos sociales y políticos que el ventarrón de la revolución borró o contaminó, dejando sin espacios naturales, legítimos o constitucionales a la participación popular. Por supuesto habrá que afinar propósitos y visión del empeño por los derechos políticos, económicos, ambientales y sociales de la gente, urgidos en una sociedad destruida y de los que en muchas ocasiones no se tiene claridad de lo que implica para hacer valer el estado de derecho; ello requiere de capacitación, entrenamiento y direccionalidad. Son herramientas que en muchos casos pueden llegar a vincularse con la política hecha con mayúscula siendo de este modo saludable para la transformación real y para superar el abismo de tropelías y vicios que deja el socialismo del siglo XXI. La condición de los grupos existentes en Caroní y Heres -hasta donde conocemos- están todavía en proceso de formación: en ocasiones parece confundirse la acción de la beneficencia con el esfuerzo de luchas complejas. No en pocos momentos hay ingredientes de la anti política y el anti partidismo como reacción a la caricatura que son estas organizaciones localmente. Ahora es innegable el aporte de estas manifestaciones civilistas que se expanden desde los urbanismos consolidados a suburbios, al resto de las ciudades y a caseríos de Guayana. Ya contamos con el germen de la cultura ciudadana y esta, vencido el régimen político actual, será el gran protagonista por muchos años en el futuro de Venezuela, pero de manera especial de nuestro estado Bolívar.

Trocitos…

En el rito anual de las lluvias en Guayana el río Orinoco “mete agua” otra vez. La crecida del 2018 llenó de pánico cuando sobrepasó ampliamente niveles históricos. Este año ¿Vendrán las improvisaciones revolucionarias ante los posibles desbordamientos? Nada sorpresivo cuando muchos damnificados, igual que todos los años, pasaron las de Caín, abandonados al salir de sus casas por las inundaciones.

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