domingo, 13 de junio de 2021 | 9:47 PM

¿Cómo se le llama?

Todo muy difícil de atar. El problema en Perú, uno de los países con mejor performance económica en los últimos quince años, es de falta de legitimidad del poder político.

¿Qué fue lo que pasó en Perú? ¿Cómo se le llama?

Cada cual le pone nombre a su gusto. Es lo que ocurre en una región -y un mundo- donde cada vez se respetan menos la esencia y los fundamentos del sistema democrático y donde desarrollar la actividad política en casos constituye una de las aventuras más peligrosas y en otros es una forma de conseguir patente de corso y garantías de impunidad total.

Para el presidente Martín Alberto Vizcarra Cornejo, de 56 años, que en marzo del año pasado sustituyó en el cargo al renunciante presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK), 80 años, y que acaba de disolver el Parlamento con llamado a elecciones legislativas el 26 de enero próximo para conformar un nuevo congreso, se trata de la aplicación de una norma constitucional prevista para situaciones extremas.

Para los congresistas disueltos es un golpe de Estado. Se les ha prohibido el ingreso a la sede legislativa donde soldados operan como porteros y hay entrada libre para turistas y visitantes pero no para quienes fueron elegidos por los ciudadanos.

La izquierda con poco protagonismo pero que crece, no dice nada: le conviene el llamado a elecciones.

La OEA que no quiere apurarse ni meterse, dice que es un problema interno y que debe resolverlo el Supremo Tribunal Constitucional y que está bien que se llame a elecciones.

La renunciante vicepresidenta Mercedes Aráoz, por unas horas designada presidenta por el disuelto Parlamento, dice que “ha sido roto el orden institucional” y que hay que llamar a elecciones generales (de legisladores y de presidente).

Las encuestas dicen que el 70% de la población está de acuerdo con Vizcarra. ¿Y? .El deterioro democrático, precisamente, se debe a que hay quienes gobiernan en función de lo que dicen las encuestas, las que solo se limitan a reflejar la opinión pública en un momento determinado y que además erran mucho. Y cada vez fallan más.

El hecho es que Vizcarra tomó el control total del poder con el apoyo de las FF AA y la Policía que es, efectivamente, el respaldo que sirve más. Respetó, por ahora, la vigencia de una comisión permanente legislativa de 27 miembros con mayoría opositora (18).

Hay uno hecho a resaltar, sí, que es decisivo y que marca y define: todas las libertades siguen vigentes, en especial las de expresión, de prensa y de reunión. Sin duda esto hace una diferencia.

El Parlamento es cierto que estaba muy desprestigiado, pero sus miembros fueron democrática y libremente electos. También es un hecho.

En cuanto al Tribunal Constitucional, mentado por la OEA, no es muy confiable: se iban a nombrar algunos nuevos miembros por parte del Parlamento, de acuerdo con las normas legales y eso fue lo que no gustó y decidió a Vizcarra. Tomó la vía de la disolución de un Parlamento opositor, que legalmente iba a conformar un tribunal opositor.

Todo muy difícil de atar. El problema en Perú, uno de los países con mejor performance económica en los últimos quince años, es de falta de legitimidad del poder político.

Legitimidad, esa cosa que -parafraseando a Saint Exupéry- es “invisible para los ojos” pero es esencial.

Todos los expresidentes post Fujimori están presos o enjuiciados, -uno se suicidó-, más la líder de la oposición, Keiko Fujimori, de 43 años, hija mayor del exdictador Alberto Fujimori, 80 años, entre otros varios jerarcas públicos más.

Vizcarra que era embajador en Canadá -figuraba como vicepresidente cargo que en Perú no tiene función ni sueldo- sustituyó a PPK con el visto bueno de Keiko.

La mitad de los peruanos son fujimoristas. Eso es lo que surge de las últimas elecciones del 2016. En la otra mitad hay antifujimorista y un buen porcentaje que simplemente se inclinan por otras corrientes. Keiko logró 72 diputados para un congreso de 130, y la apoyó el 40% del electorado. Casi duplicó a Kuczynski: 39,89% contra 21,5%. Pero hubo segunda vuelta y PPK -quien ganó por muy poco al izquierdista Frente Amplio (18,74%) su derecho al “ballotage”- le ganó a Keiko con un 0,23 de ventaja: (50,11% contra 49,89%).

Fue el fujimorismo contra todos. O ganaba Keiko o ganaba cualquiera. Ganó cualquiera, y he ahí el dilema.

Hoy el escenario no es el mismo que el de hace tres años. Sin duda. Pero ¿quién lo define? ¿Vizcarra? ¿Las FF AA y la Policía? ¿Las encuestas?

Quizás tenga razón la exvicepresidenta Aráoz y la salida pase por un llamado urgente a elecciones generales. Parece un buen camino para la búsqueda de la legitimidad perdida.

¡Mantente informado uniéndote al canal de WhatsApp o Telegram del Correo del Caroní!

Hazlo a través de los siguientes links https://chat.whatsapp.com/IlKCo7gVPIx2RQo4UGj1js
| https://t.me/NoticiasCorreldelCaroni

Más del autor

Todo empezó con…

El gol que hizo “con la mano” a Inglaterra en el Mundial de México de 1986. Para los argentinos fue la “revancha” por la derrota en la guerra de Las Malvinas. Un triste consuelo. Fue el gol más recordado del astro argentino.

¿Se volvió la tortilla?

Biden, en tanto, bastante tendrá con sus propios problemas internos, con los estadounidenses partidos en dos y con un Trump que, si se muda de la Casa Blanca, va a fastidiar mucho desde el llano.  

Masticar piedras

Bolivianos radicados en Argentina votaron por Luis Arce, el triunfante candidato de Evo. Pero si alguien piensa que tras ello se inició el éxodo desde Buenos Aires hacia el altiplano, se equivoca. Una cosa es votar alegremente -e irresponsablemente- y otra cosa masticar piedras.

La señora Jeanine Áñez

Nada fácil su gestión y hoy también es blanco de las críticas izquierdistas. Sin embargo la señora Áñez se comprometió a llamar a elecciones libres y antes de un año cumplió. Hubo elecciones y ganó el candidato de Evo, Luis Arce.

¡Síguenos!

Notas relacionadas

Mis días en una cola por la gasolina

A muchos venezolanos nos ha tocado pasar tiempo en una cola para poder echar gasolina. Yo estuve 5 días en una en Barquisimeto. Tomé nota del drama y también de lo rescatable como actitudes positivas de los vecinos de la cola. | Foto William Urdaneta

Dos mujeres: palabras que pesan onzas de libertad

El juramento de Guayana está en no dejar en el olvido esas voces silenciadas por la violencia. Hay que fomentar la cruzada por la vida, la felicidad y los derechos. | Foto cortesía

Hay que parar a Herodes

En los últimos días han aparecido noticias sobre asesinatos de niños. Hay informes del 2020 y de lo que va del año que hablan de maltratos, abusos sexuales, violencia doméstica contra niños y adolescentes.

¿Para qué Bond, si tenemos al Generalísimo?

No nos imaginaríamos esas peripecias amatorias de solo mirar su imagen en el óleo de la barraca, en la que Arturo Michelena retrata a un Miranda sexagenario, traicionado y derrotado.

Un remedio eficaz contra el desamor

Una novela alemana publicada hace casi 250 años podría ser la clave para aliviar los nefastos y molestos padecimientos del guayabo...

Hacia el control judicial de la democracia

Con avieso cinismo, Hugo Chávez Frías, pionero del Leviatán o monstruo marino del tiempo que corre y que recién reivindica como “derecho social al Estado” el Grupo de Puebla, afirme que todo vale “dentro de la Constitución, nada fuera de ella”.