sábado, 25 de septiembre de 2021

¿Cómo mueren las democracias?

Los autores, de How Democracies Die, luego de analizar los episodios que llevaron a Mussolini a asumir el Gobierno en Italia y a la consiguiente imposición del fascismo, comparan dicho momento histórico con otros sucesos que igualmente marcaron el fin de la democracia.

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omamos el título de este artículo del libro de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, quienes intitulan de manera similar su obra How Democracies Die, publicado en inglés y español en el 2018, bajo el sello editorial Ariel, perteneciente a Planeta, S.A. Los escritores abren su libro haciendo énfasis en una antigua fábula de Esopo cuyo texto es el siguiente:

“Un caballo decidió vengarse de cierto venado que lo había ofendido y emprendió la persecución de su enemigo. Pronto se dio cuenta de que solo no podía alcanzarlo y, entonces, pidió ayuda a un cazador. El cazador accedió, pero le dijo: ‘Si deseas dar caza al ciervo debes permitirme colocarte este hierro entre las mandíbulas, para poderte guiar con estas riendas, y dejar que te coloque esta silla sobre el lomo para poderte cabalgar estable mientras perseguimos al enemigo”. El caballo accedió a las condiciones y el cazador se apresuró a ensillarlo y embridarlo. Luego, con la ayuda del cazador, el caballo no tardó en vencer al ciervo. Entonces le dijo al cazador: “Ahora apéate de mí y quítame estos arreos del hocico y el lomo. ‘No tan rápido, amigo -respondió el cazador-, ahora te tengo tomado por la brida y las espuelas y prefiero quedarme contigo como regalo”.

Los autores, luego de analizar los episodios que llevaron a Mussolini a asumir el Gobierno en Italia y a la consiguiente imposición del fascismo, comparan dicho momento histórico con otros sucesos que igualmente marcaron el fin de la democracia y la consiguiente dominación de líderes carismáticos y movimientos autocráticos y totalitarios: “Versiones distintas de esta misma historia se han repetido en el transcurso del último siglo (XX y lo que va del XXI). Todo un elenco de recién llegados a la política, incluidos Adolf Hitler, Getulio Vargas en Brasil, Alberto Fujimori en Perú y Hugo Chávez en Venezuela, ascendieron al poder por la misma vía: desde dentro, a través de comicios o alianzas con figuras políticas poderosas. En todos los casos, las élites consideraron que la invitación a tomar el poder “contendría” al recién llegado, lo cual permitiría a los políticos convencionales volver a tomar el control. Pero sus planes fracasaron. Una ambición letal de ambición, temor y errores de cálculo conspiró para conducirlos a cometer el mismo error fatídico: entregar voluntariamente las llaves del poder a un autócrata en ciernes”.

El párrafo es demoledor: tal como el caballo de la fábula de Esopo, Italia, Alemania, Brasil, Perú, Venezuela fueron tomados en su momento “por la brida y las espuelas” y en los tiempos actuales otros tantos países pueden correr con la misma fatídica suerte. En el caso de Venezuela, basta activar la memoria y echar la película para atrás, hace dos décadas y un poco más. Es asombroso leer los discursos de políticos que exaltaron las intentonas golpistas de 1992, con todo y su objetivo de destruir por medio de la violencia la democracia y sus instituciones. Igual recordar a quienes desde el mundo de la economía y la cultura apoyaron con entusiasmo el proyecto de la Quinta República y le permitieron a Chávez y su entorno irrumpir con fuerza en los escenarios mediáticos. Era el divo, el mesías, la esperanza… O al menos, hábiles publicistas le construyeron esa imagen y la vendieron con mucho éxito para ser consumida por millones de venezolanos que lo ungieron presidente con el voto.

En el libro objeto de nuestro enfoque, se hace referencia a las alianzas políticas que en la Alemania de los años 30 le abrieron el camino electoral y parlamentario a Hitler y al partido Nacionalsocialista, sin embargo, los investigadores citados señalan: “Tales alianzas fatídicas no se circunscriben en absoluto a la Europa de las entreguerras. También ayudan a explicar el ascenso de Hugo Chávez. Venezuela se vanagloriaba de ser la democracia más vetusta de Sudamérica, vigente desde 1958. Chávez, un suboficial militar que había liderado un golpe de Estado fallido y carecía de experiencia en la función pública, era un recién llegado a la política. Sin embargo, su ascenso al poder contó con el impulso definitivo de un infiltrado consumado: el expresidente Rafal Caldera, uno de los fundadores de la democracia venezolana”.

La observación en torno a Caldera y su responsabilidad moral e histórica en todo lo que devino la realidad venezolana a partir de 1999 en adelante, hasta nuestros días, se traduce en el siguiente análisis de Levistky y Ziblatt: “Aunque el expresidente Caldera era un estadista avezado y bien considerado, en 1992 su carrera política se hallaba en plena decadencia. Cuatro años antes no había conseguido garantizar la candidatura a la presidencia de su partido y se lo consideraba una suerte de reliquia política. Con todo, a sus setenta y seis años de edad, el senador seguía soñando con regresar a la presidencia y detectó en el ascenso de Chávez una cuerda de salvamento. La noche del primer golpe de Estado de Chávez (4 de febrero de 1992), el presidente se puso en pie durante una sesión conjunta extraordinaria del Congreso y abrazó la causa de los rebeldes señalando: “Es difícil pedirle al pueblo que se sacrifique por la libertad y la democracia cuando cree que tales libertades y democracia son incapaces de darle alimentos que comer, evitar la subida astronómica del coste de vida o de poner fin al terrible flagelo de la corrupción que, a ojos de todo el mundo, devora las instituciones venezolanas a cada día que pasa”. Sin palabras.

A partir de allí la alianza se hizo pública, descarada y notoria, el cazador le había colocado al caballo llamado Venezuela la brida y la silla… A los efectos, comentan los autores: “Aquel fascinante discurso conllevó la resurrección política de Caldera. Al conectar con el electorado antisistema de Chávez, el apoyo político al expresidente se multiplicó, cosa que le permitió llevar a cabo una exitosa campaña electoral en 1993”. Seguidamente, añaden: “El flirteo político de Caldera con Chávez no solo ayudó a impulsar su resultado en las urnas, sino que, además, otorgó a Chávez una credibilidad renovada. Chávez y sus camaradas había intentado acabar con los treinta y cuatro años de democracia de su país y, sin embargo, en lugar de denunciar a los líderes golpistas por constituir una amenaza extremista, el expresidente les manifestó su simpatía en público y, con ello, les permitió acceder a la política general. Caldera ayudó asimismo a abrir las puertas del palacio presidencial a Chávez al asestar un golpe mortal a los partidos políticos”.

Qué bueno sería que los políticos del momento que juegan a un largo y enredado ajedrez se tomaran un tiempo para leer este aleccionador libro que pueden encontrarlo en pdf. Ojalá lo hicieran, si es que se lo permite el ajetreo por los diálogos, acercamientos, exploraciones y otras figuras de negociación politiquera para mantener sujeto por la brida y con la silla bien sujeta al lomo del caballo llamado Venezuela al cual podrían también colocarle anteojeras.

 

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