domingo, 13 de junio de 2021 | 4:13 AM

Como el búho

Como el búho, un analista debe tener un ángulo amplio para poder identificar los actores, las circunstancias e interpretar su alrededor. También hay quienes tienen el olfato del zamuro para reconocer el tufo de la carroña desde kilómetros de distancia.

Como el búho, un analista debe tener un ángulo amplio para poder identificar los actores, las circunstancias e interpretar su alrededor. También hay quienes tienen el olfato del zamuro para reconocer el tufo de la carroña desde kilómetros de distancia.

@RinconesRosix

Cuando Martín Lutero inició su crítica contra Roma, en su esfuerzo de reformar la Iglesia, su propósito era hacerla mejor y más fiel a sí misma, nunca lo contrario. Sin embargo, Lutero se encontró con que algunas tendencias protestantes le exigían una postura demasiado radical e imposible para él, pues esgrimían argumentos reñidos contra los propios fundamentos del cristianismo.

Esa es una de las inevitables consecuencias de la libertad de expresión. Una vez los textos abandonan los dedos del escritor, no se sabe qué contornos y rutas tomarán en la plaza pública. No obstante, la labor crítica debe continuar, muy a pesar de esos inevitables giros.

Aunque la intención de cualquier autor sea muy clara y noble, las interpretaciones oportunistas aparecerán. En esa aglomeración de intereses se encuentran los sectores con una agenda antidemocrática, a veces populista, quienes reescriben todo para adaptarlo a su guión extrañamente obsesivo. Entre otras cosas, son eficientes porque se ciñen a un mensaje emocional, pegajoso y vacío, es decir, a su propaganda.

Pero tampoco hay que hacérselos fácil y eso supone un reto para autores y periodistas, quienes no deben olvidar que la libertad de expresión es una virtud y al mismo tiempo una debilidad. Dada esa circunstancia, el juego para enfrentarla es la pluralidad y no aceptar explicaciones reduccionistas de los acontecimientos.

La pluralidad, la claridad en el lenguaje, la amplitud crítica, todas ellas son invalorables en una prensa sólida. Hay una definición de libertad de expresión, como la capacidad de escuchar una gran diversidad de pareceres, incluyendo las que no nos gustan. Aunque hay temores sobre dejar puertas abiertas a ataques de algunos grupos contra otros, el hecho mismo de darle cauce a las distintas perspectivas abre una conversación. Lo positivo de esa tolerancia es que permite conocer las opiniones hasta impensables y absurdas de algunos sectores.

En este difícil trabajo de interpretar lo visible y lo oculto, hay que tener la visión y la audición del búho para vivir la realidad y escribir sobre ella. Como el búho, un analista debe tener un ángulo amplio para poder identificar los actores, las circunstancias e interpretar su alrededor. También hay quienes tienen el olfato del zamuro para reconocer el tufo de la carroña desde kilómetros de distancia. Como ocurre en el mundo animal, la equivocación es un lujo. Por eso el mundo de la escritura y el pensamiento vive mejor en comunidad, alrededor de mesas en donde debatir sobre las respectivas dudas y aseveraciones. Si unos se equivocan, otros no.

Es obvio que he descrito una situación de libertad de prensa muy ajena a la que sufrimos en este país en el presente. Informaciones esenciales permanecen escondidas por ser de acceso limitado, no al alcance del interés público. Desde hace muchos años no es posible conseguir datos fiables de los organismos del Estado. Esta tiranía no permite tampoco hacer las necesarias entrevistas para indagar en los diversos actores del acontecer nacional, y la muestra de ello es que han cerrado emisoras de radio por esa razón. La “información” del régimen está muy politizada. Desde sus plataformas, estos gobernantes de facto lanzan acusaciones, sean de chismes o montajes de ellos mismos, y por eso es imposible un debate genuino. Demasiado enrarecido el ambiente.

En un futuro cercano, cuando vuelva la democracia, tampoco podríamos bajar la guardia. No está mal seguirse inspirando en el tesón de las aves.

Nota: Nuestro compañero de labores de la UNEG y secretario de la Apuneg, profesor Jesús Bastardo, falleció a inicios de semana, víctima como muchos del descalabro de la atención de salud en este país. Él era sencillo, compañero solidario, amable, sincero, confiable. Será difícil olvidarte, Jesús.

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