lunes, 10 de mayo de 2021 | 9:37 PM

Club de Republiquetas Forajidas, A.I.

Las solicitudes de membresía han crecido como la verdolaga: Republiquetas de la innoble y extinta URSS (Rusia incluida, desmandada por un envenenador, que es la forma más cobarde de ser homicida).

@omarestacio

¿La Narcobolivariana? ¡Qué honor, conocerte! ¡Soy la Republiqueta de los Diamantes de Sangre Infantil ¿?

Con motivo de la “descertificación” de la OPEP de cierta afiliada, paria y desvergonzada, suma adeptas, la idea del “Club de Republiquetas Forajidas, A.I”., asociación incivil con fines de lucro ilícito ¡faltaría más! para el solaz de usuarias, urgidas de marcar distancia de los alertas rojos, azules o multicolores de Interpol; de los escuadrones de captura de la DEA; de las solicitudes de extradición y de las órdenes de deportación; de las enseñanzas contenidas, en la “Urbanidad y Buenos Modales” de M.A. Carreño y en los textos de moral y cívica para estudiantes del primer grado de educación elemental; de la diplomacia respondona y de malas pulgas, tipo, Luis Almagro, Diego Arria o el embajador Milos Alcalay.

Si a una determinada republiqueta la suspenden de Mercosur, con derecho a botada sin anestesia. Si la comienzan a mirar feo en la Organización de Países No Alineados, por asesinatos de estudiantes, para inmediatamente aparecer por la TV, el lisiado moral y mental que la desgobierna como bailarín de salsa; si diplomáticos “veteranos” como un tal Roy (por cierto, ahora que la nave se viene a pique ¿desde dónde se habrá tirado al mar?) ya no tienen dónde prodigar sus proverbiales “¡Hola, gordito!”; si a la menor de las Rodríguez-Gómez, la sacan en volandas de otro aeropuerto o tiene que meterse por la ventana de otra cancillería, ahí estará el mencionado club, para que sus afiliadas, se saquen el clavo.

Las solicitudes de membresía han crecido como la verdolaga: Republiquetas de la innoble y extinta URSS (Rusia incluida, desmandada por un envenenador, que es la forma más cobarde de ser homicida); republiquetas del llamado Continente Negro; republiquetas de atolones perdidos en la inmensidad del Océano Pacífico; republiquetas bananeras y por supuesto, cierta narcocleptorrepubliqueta, bolivariana y desvergonzada. “Las últimas serán las primeras”, de allí que la anterior enumeración la hayamos dejado para cerrar el desfile.

Las obras civiles, para la construcción de la ansiada sede, se iniciaron y reiniciaron, una y otra vez. Pero lo de siempre. Los consabidos trasiegos de fondos a los bancos off shore. Hasta que ¡por fin! todo concluyó iniciándose sus actividades “normales”. Comilonas, borracheras, bailes (rucaneaos o frota-hebillas), bacanales, pases de perico, fentanilo, metanfetaminas, proposol. Me parece verlo y oírlo todo. Pero de lejitos. Desde un satélite, por aquello que el COVID moral, “de que se pega, se pega”:

– Caramba ¡Pero, qué elegante y sabrosona luce usted!

– Muchas gracias por el cumplido, señor.

– No es ningún cumplido, me ha salido del alma ¿Eres nueva por aquí?

– Mire camarado ¡Más nuevón, será usted! Soy promotora, miembra fundadora, peso pesado de este exclusivo club y aquí, nadie tiene alma.

– ¡Caramba! ¡Qué imperdonable, descuido, el mío! ¡Ahora es que vengo a caer en cuenta! ¡Usted es la conocida y archirreconocida (porque aparece en varios “Se busca”) Narcorrepubliqueta Bolivariana!

– Así me bautizaron a poco de nacer -el señor Estacio cuando estaba escribiendo esta crónica, pretendía poner que “después que me excretaron, así me bautizaron” pero le advertí que más le valía no hacerlo.

– Pero ¡Qué honor, conocerte! ¡Soy la Republiqueta de los Diamantes de Sangre Infantil, del propio “Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad, humildemente ¿Aceptas mi invitación a tomarte un trago?

– Lo lamento, señor. No fumo ni bebo. Pero si me invita a inyectarme o a inhalarme algo, aceptaré, con mucho gusto.

– Sírvase entonces, apreciada dama …

Creced y multiplicaos, a la primera pedida. Los paritorios de las republiquetas, son por tripochos, por cuatripochos. Como una acure- mamá.

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