miércoles, 1 de diciembre de 2021

Chile y el arte de la protesta

El gobierno del presidente Sebastián Piñera sabe que, independientemente de los infiltrados, hay un descontento importante. Van a tener que presionar y ponerle orden a los eternos privilegiados de la sociedad chilena.

“Todos tus caminos conducen a Putin”.
Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de los EE UU,
dirigiéndose al presidente Donald Trump.

No debería ser mayor cosa ir a la calle a gritar y protestar cuando se anda rabioso y molesto por las carencias y decisiones injustas de un gobierno. Eso es parte de ese juego de vida que es defenderse del poder. Pero otra cosa muy distinta es salir a la calle y también encontrarse con que hay un grupo violento que persigue secuestrar la protesta y subirle el tono. En el caso de los disturbios de Santiago de Chile, la OEA ha denunciado que estas acciones de desestabilización siguen la “vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas” financiadas y organizadas por “la dictadura cubana y venezolana” (16-10-2019).

Los sucesos de Chile han abarrotado la prensa y las redes sociales. Las declaraciones del señor Arturo Guerrero, vocero del más importante mercado de Santiago, a mi modo de ver resumen lo que se necesita saber sobre los acontecimientos de estos últimos días. El señor Guerrero, también llamado Padrino de la Vega, es un trabajador respetado y conocedor de los días aciagos de la dictadura de Pinochet. En su video, él se lamenta sobre algunas normas absurdas y acciones desmedidas del gobierno, pero bajo ningún concepto justifica el vandalismo en el metro. Asimismo, no duda en advertir sobre el peligro: “no podemos regresar a una dictadura, por eso es que tenemos que defender esta democracia que tenemos”.

Aun cuando en estos momentos Chile es considerado como el país de mayores ingresos y calidad de vida de la región, está sufriendo los coletazos económicos, mayormente causados por oligarquías de aquí y de allá. El gobierno del presidente Sebastián Piñera sabe que, independientemente de los infiltrados, hay un descontento importante. Van a tener que presionar y ponerle orden a los eternos privilegiados de la sociedad chilena. Y no tienen opción, porque semejante distribución desigual de la torta es insostenible y económicamente insustentable.

El presidente Piñera ha expresado su intención de rectificar. Decisiones de gobierno han sido corregidas en el pasado y no deberían verse como debilidad. Por ejemplo, uno escucha hoy en día al economista Miguel Rodríguez, ministro de Cordiplan del segundo mandato de Carlos Andrés Pérez, y él expone cómo su gestión adecuó el paquete económico a las demandas de la gente. Pero hay un detalle, hay grupos políticos que nunca reconocerán ninguna rectificación.

No lo reconocerán porque su agenda no es buscar el bienestar de la gente, sino derribar el sistema de libertades. Debe prepararse la ciudadanía chilena, incluido el resto de los latinoamericanos, para no dejarse embaucar. La agenda de muchos de estos grupos está ligada ideológicamente a esta transnacional parásita llamada La Habana y asociados. Su mensaje tendrá siempre el componente de la violencia, sea por sus amenazas, como por su victimismo al mejor estilo de las Venas Abiertas. Van a dar la pelea y los chilenos tendrán que usar su experiencia con los mensajes políticos para contrarrestarlos. Ya tienen su savoir faire: el triunfo de la oposición en el plebiscito del NO, fue de dimensiones épicas.

Sin embargo, hacer cualquier reclamo en ese contexto se va a convertir en un arte. Es un reto salir a la calle y no permitir que grupos inescrupulosos roben ni el mensaje ni la mediación de la protesta.

Hay matices. A veces la opinión pública puede interpretar un exceso como parte de la “naturaleza humana”. A alguien que está visiblemente afectado por una mala racha, se le puede ir la mano y tirar piedras. No obstante, se puede saber cuándo un evento es sospechoso. En tiempos cuando los disturbios en la Plaza de las Tres Gracias, frente a la UCV, eran rutina, las agresiones innombrables y fatalidades se habían normalizado. Por ejemplo, una vez le pregunté a alguien qué sentido tenía la quema de autobuses y, con el mayor desparpajo, me respondió que los dueños de los transportes eran unos c**s de m#*# con dinero. Resentimiento puro y simple. Sin embargo, ahora cuando esos mismos sujetos detentan el poder, están desmanteladas las unidades de transporte de las universidades. Esa es la obra de gobierno cuando estos “justicieros” administran el erario público: cementerios de autobuses estudiantiles y no estudiantiles, y la asistencia a clases muriéndose de merma. Presos políticos, perseguidos, hambre, ruina, esa es su experticia.

Se ha advertido sobre las estrategias para acabar con las democracias. Hay naciones que han tomado la ofensiva desde sus laboratorios informáticos dedicados a propiciar intrigas, polarización y desespero desde las redes sociales. Es más fácil ahora provocar una emboscada, aunque por lo mismo, es más posible atajarla. Por eso mismo el ciudadano es cada día el protagonista y mejor defensor del sistema de libertades. Un ciudadano consciente de su papel, una prensa correspondiente, un líder con los pies puestos sobre la tierra.

Protestar ayuda a rectificar los caminos, pero mientras tanto, cuenta mucho la actitud del ciudadano. Ver y reconocer al otro es quizás el mejor antídoto contra la polarización.

Aires latinoamericanos: Mis agradecimientos a Doris López y a mis amistades de varias nacionalidades sudamericanas, por hacerme llegar informaciones y sus comentarios valiosos sobre los últimos sucesos en Santiago de Chile.

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