lunes, 18 de octubre de 2021

Bolívar, manifiesto por igualdad, dignidad y democracia

Es menester convocar la ciudadanía guayanesa a construir propuestas por el rescate de la institucionalidad secuestrada y concretar medidas que alivien los estragos en la salud, así como la ausencia de salarios, trabajos y el hambre extendida.

@ottojansen

La medida de la cuarentena no es una opción por sí sola para salvarse del COVID-19. Esto lo han entendido con penurias, hambre, sufrimiento e indefensión del Estado venezolano la totalidad de los habitantes del país. En el estado Bolívar, la población más vulnerable, comunidades y municipios sometidos a la ley de bandas criminales, mafias de grupos de poder y la anarquía social, retan la pandemia hasta que esta los aniquila, simplemente porque el grito de auxilio no termina de ser escuchado en los malabares de la política que tiene a un proyecto descalificado y sin escrúpulos gobernando de facto.

No encuentra eco en la falta de madurez de la nueva generación que con sus aliados les toca la conducción futura. Y la presencia de los viejos vicios politiqueros, cinismo y falta de ética, asoman desde factores partidistas y de otros sectores de la sociedad guayanesa (con conservadurismo y comodidad) que los incapacitan para oír a quienes padecen. La verdad es que a estos actores los mantiene vivos un requisito de trámite, necesario para cumplir los imprescindibles primeros pasos de la anhelada transición; a partir de esa etapa quedarán sujetos al revolcón que los guayaneses, con toda seguridad, les tienen reservado.

La madeja política que retrasa soluciones de rescate al orden constitucional contempla también el accionar diplomático de la comunidad Internacional que valora el sufrimiento desde las cifras y no desde el dolor y las muertes de los venezolanos. Aun con sus aciertos y énfasis en la obligada presión al régimen, como el último comunicado de fecha 11 de agosto de 2020 del señor Josef Borrell, ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Europea sobre la farsa parlamentaria que convoca la usurpación (y en la que señala: “Tras todos estos contactos con representantes y líderes políticos venezolanos debo concluir que, en estos momentos, no se reúnen las condiciones para un proceso electoral transparente, inclusivo, libre y equitativo”) se encuentra, además, el accionar de los EE UU, que transita el caso Venezuela desde una política persistente de sanciones y seguimiento al enfrentar la condición totalitaria y narcotraficante de altos líderes del gobierno -como lo dicen en su lenguaje- pero que tiene en sectores del estamento nacional la desconfianza al estilo político del señor Trump, probablemente con razón, pero que igualmente luego podrá ser cualquier gesto del señor Biden, si este llega a la Casa Blanca. Y así continuarán para nunca sincerar su no tan espontaneo cuestionamiento al Estado norteamericano. De esta manera, el grito de impotencia de los ciudadanos se pierde en la tragedia diaria y en los dardos mortales del coronavirus en el tiempo de hoy.

Fuerza civil como ríos guayaneses

 En el agosto de lluvias, de vacaciones escolares y encuentros familiares ausentes, es menester convocar la ciudadanía guayanesa a construir propuestas por el rescate de la institucionalidad secuestrada y por la concreción de medidas que alivien los estragos en: salud, ausencia de salarios, trabajos y el hambre extendida. Convocatoria sostenida a escuchar ideas con propuestas de ejecución y a asumir del mismo modo que se toma conciencia ante el acecho de la COVID-19, la conducta disciplinada que, en primer lugar, deseche la “Torre de Babel” donde la algarabía impide entender líneas prácticas de luchas. Planteamientos hacia la restitución de la soberanía popular sobre el espacio público en esta Guayana donde las autoridades son invisibles. ¿Cómo hacerlo?: Conformando en los municipios equipos de todos los sectores de la sociedad civil que enfrenten la burla de esas elecciones parlamentarias que no resolverán nada: ni derechos ni medicinas ni agua ni gasolina ni comida; reafirmando, desde esos núcleos de resistencia en los que los partidos democráticos que prioricen el futuro (no las maromas) tienen que estar presentes, la obligación de conquistar la realización de elecciones presidenciales y legislativas con garantías y condiciones justas (por cierto, hacia allí entendemos la mirada del reciente comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana). Entendemos que se instrumenten iniciativas con acciones visibles, ya que aquí nadie se ha declarado abstencionista pero es evidente el convencimiento mayoritario acerca de qué sentido tiene acompañar una pantomima de elecciones de la que saldrán 300 y tantos burócratas para perpetuar la pesadilla de la revolución y para complacer los bolsillos de unos personajes comprados, por la paz de los sepulcros que aúpa el socialismo del siglo XXI.

 Observando los cadáveres de los seres queridos, que no pueden ni despedirse ni han tenido trato humano porque los médicos que pueden atenderles también están convalecientes o contagiados, el aguante de una región destruida, potenciada por el horror del virus, ya llega a niveles límites. Se requieran voces firmes de los que aspiran dirigir a Guayana. En el acompañamiento al presidente (i) Juan Guaidó, reconocido por la comunidad internacional, tiene que haber claridad y coherencia, igual que la presencia permanente de una dirección opositora con determinación y talento ante la fiereza arbitraria de la dictadura y ante el acecho mortal de la pandemia. No pueden ponerse fechas, pero la colectividad pide término al drama social, económico, y político insostenible. Ya basta: es hora de libertad, igualdad y dignidad.

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