martes, 30 de noviembre de 2021

Y después, el extenso Bolívar de pasaporte al futuro

No podemos pretender que con los espejismos de la centralización política o de intentos de líderes con pie de barro podamos lograr la construcción del programa del futuro del estado Bolívar.

No podemos pretender que con los espejismos de la centralización política o de intentos de líderes con pie de barro podamos lograr la construcción del programa del futuro del estado Bolívar.

@OttoJansen

Atisbar hoy lo que se señala como los terrenos de Franklin Brito en el municipio Sucre de nuestro estado Bolívar, pasados los años, es perder la mirada entre tupidas malezas y enormes matorrales, que silenciosos de oscuro verdor nada dicen de la batalla por sus tierras que dio el agricultor y por las que perdió la vida producto de los atropellos y la falta de escrúpulos tanto locales como nacionales de jerarcas de la revolución.

Pero el abandono, la tristeza y el paulatino socavamiento de los derechos democráticos (Brito, el hombre que peleó su propiedad, murió un 30 de agosto de 2010 como consecuencias de una huelga de hambre a la que el Estado socialista le fue indiferente) no se quedaron tan solo en esa parte de Guayana. Con el transcurrir del tiempo hasta estos días de melcochas políticas y orfandad institucional, todos los municipios de la extensa región nuestra pelean con el hambre, las calamidades y la muerte al acecho, mientras la revolución se entroniza en sus desafueros, crueldad y corruptelas. Así fue en el oeste de Guayana, pero la Gran Sabana, al sur, tiene una llaga abierta con las muertes y persecución de etnias indígenas, ocasionadas por el afán aún vivo de la revolución de controlar aquellos linderos y reforzar su dominio en la actividad extractivista del proyecto gubernamental del Arco Minero, mil veces denunciado como depredador por trabajos periodísticos especializados.

Los episodios continuos y la cotidianidad agreste de una economía que no produce, que crea ruinas, que va aniquilando a la gente y a los pueblos o sencillamente compra sus protestas y convicciones, obliga a pensar y actuar con determinación en la propuesta de un modelo regional con las comunidades y los municipios, que tenga la virtud de empinarse por sobre los diagnósticos repetidos, el palabrerío inútil, la nostalgia, el conservadurismo y los juegos de palabras de la hasta ahora conocida dinámica política regional, por cierto casi inexistente.

Pensamos con la seguridad que nos muestra el entorno de nuestras poblaciones y el recorrido de los últimos años, que la chapuza electoral del domingo 21N nada significativo propiciará para el estado Bolívar en sus ejes políticos, derechos y desarrollo económico (ese tobogán de destrucción y de desalientos con sus responsables y protagonistas). De allí que el momento se aclara para la sociedad de hurgar en la constitución de una dirección y un propósito para la región que se plantee grandes retos en conformar el territorio de lo cívico, enrolado en la modernidad con grandes letras: es decir, el camino de las leyes e institucionalidad nacional y regional. No pueden pretender los guayaneses anhelar transformaciones sino inventariamos los hechos -numerosos y lacerantes- que nos han marcado a lo largo de los últimos 22 años. No podemos pretender que con los espejismos de la centralización política o de intentos de líderes con pie de barro y sin visión crítica podamos construir el programa del futuro del estado Bolívar. La cruzada ha de tener objetivos precisos, nuevos intérpretes sociales y políticos que asuman la regeneración democrática, lejos de la colcha de buenas intenciones, moldeados por el modelo caduco de los partidos tradicionales o aquellos nacidos con vicios y aberraciones. No es posible reeditar el modelo Sucre Figarella, que por razones del tiempo nunca más volverá a ser aquel de tantas satisfacciones económicas para la extensa Guayana.

Por sobre los escombros 

El filósofo y comunicólogo venezolano Antonio Pascualli tituló su último texto La devastación chavista. Transporte y comunicaciones. En el prólogo, Pascualli manifiesta: Al proyecto político hegemónico-militarista en acto de destruir lo existente para mejor manipular un país y someter a extemporáneos y delirantes designios… la inteligencia nacional debe oponer hoy implacables revelaciones y denuncias y mañana el profesionalismo y la honesta voluntad de construir un mundo de libertades consensuadas en una Venezuela mejor”. Estas líneas expresan perfectamente el espíritu con el cual visualizar esta Guayana nuestra. Tenemos la tarea de repasar lo ampliamente conocido del desmantelamiento de los servicios públicos, así como definir el lugar que ocuparán las empresas básicas, del mismo modo que valorar el turismo indígena destrozado por la minería. Tenemos que apreciar cómo darle funcionabilidad directa a la ciudadanía en la gobernanza de las poblaciones con extendidos sectores residenciales y cómo otorgar elementos modernizadores a ciudades estacionadas en la pobreza o hacer de las fronteras, asentamientos recuperados para la civilidad y las leyes.

Cada desafío de estos es convocado, exclusivamente por el ejercicio pleno de la democracia y el funcionamiento del Estado de derecho. Pero además acometido con la convocatoria de organizaciones vecinales -existente o por crear- de la sociedad civil emergente que proporcionen el barniz de amalgamar el conocimiento (la inteligencia dijera, el fallecido filosofo citado), que haga posible la creación del entusiasmo democrático por los días venideros.

Luego de la obra teatral que son por definición estas elecciones regionales 2021, continuará el objetivo rojo de ahondar el cerco totalitario, ahora con la variopinta expresión colaboracionista. Toca a los demócratas guayaneses profundizar, con el más convencido ímpetu, en el esfuerzo por revindicar acciones y obtener logros de luchas, como la hizo el agricultor del municipio Sucre de este estado Bolívar símbolo de esa barbarie que sigue enarbolando, con cinismo potenciado, las consignas de participación y paz.

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