martes, 30 de noviembre de 2021

Lavando capital con elecciones locales

Esos personajes (con calificados operadores) cambiaron de caballos y varios se hicieron revolucionarios haciéndose parte de la rebatiña que ha hundido a Guayana. | Foto William Urdaneta

Esos personajes (con calificados operadores) cambiaron de caballos y varios se hicieron revolucionarios haciéndose parte de la rebatiña que ha hundido a Guayana. | Foto William Urdaneta

@OttoJansen

En las próximas horas nos confrontaremos con los detalles de la nueva reconversión monetaria en el país; el mejor reflejo de la aniquilación económica de Venezuela y sus regiones. El segundo acontecimiento de los próximos días son las elecciones regionales: campañas y candidatos instalados exclusivamente en chats de WhatsApp o de las otras redes sociales, “sacándose las tripas”, pero sin mensajes sociales, políticos o discursos que conciten emoción, según se palpa en la ajetreada cotidianidad regional. El tercer aspecto, que sí se siente son los operativos de vacunas contra la pandemia de la COVID-19, que parecen haber incrementado la asistencia de los guayaneses. En los operativos la gente habla de desorganización, aun cuando reconocen ajustes diarios y es unánime el respaldo al personal sanitario. Se habla de los vaivenes con la comida, de los precios de los artículos, pero ni de la inminente reconversión monetaria ni de candidatos de ningún color, los vecinos mencionan.

Sin embargo, nadie debe llamarse a engaños ni tampoco es que el ciudadano común lo esté haciendo. En una región que se da el “tupé” de reunir (como ocurrió la semana pasada) todas las deformaciones de la crisis nacional: ausencia del servicio de agua, apagones por varias horas, caída de internet casi un día completo y ausencia del servicio de gasolina; todos intuimos cómo, pese a ello, los factores del poder y sus aliados operan con tranquilidad pasmosa en la que nada de las penurias de la mayoría les impide ocuparse de sus beneficios particulares.

Esto pasa en la extensa Guayana, donde el plan de la casa, por los indicios que se observan, es privilegiar el sostén de algún capital económico resguardado o puesto en peligro por las propias restricciones de la revolución, usando como fachada “legítima” a voluntariosos y combativos aspirantes en el manipulado teatro electoral. Arruinado en su dimensión productiva, esclavizado por la extracción minera y despojada de los logros de la modernidad obtenidos, este estado Bolívar siempre contó con la presencia de corsarios que en la vieja república se distribuían en el bipartidismo el enriquecimiento que tenía de alforjas al erario público. Esto es historia. Esos personajes (con calificados operadores) cambiaron de caballos y varios se hicieron revolucionarios haciéndose parte de la rebatiña que ha hundido a Guayana. El asunto hoy es que ante las dificultades de un proceso sinuoso para la recuperación de la institucionalidad, en Caracas, algunos que enfrentaron las pretensiones totalitarias “inventaron” la conspiración contra la lucha democrática, contra la Asamblea Nacional y Juan Guaidó. El objetivo es hacerse de los favores del régimen, y allí grupos de esta Guayana nuestra dieron los pasos a sumar sus “arquitectos” (gran parte en Ciudad Guayana), conocidos que no aparecen públicamente, pero que son los instrumentos de “emergentes” intereses económicos a los que protegen, aupando candidaturas para el estatus del colaboracionismo, o igual acompañan a los gastados candidatos, burócratas del electoralismo, en una campaña estéril, distante de las mayorías y desvinculadas de los sectores decentes como por ejemplo los que se encuentran en el estrangulado mundo empresarial del patio.

Democracia o tiranía 

La agreste dinámica diaria en el estado Bolívar impide llegar a creer que intereses económicos retorcidos puedan andar en cálculos políticos que desde el sentido común normal indican que no pueden tener ganancias aisladas si no se lucha en la dirección de lo colectivo que permita ensanchar los derechos y las condiciones del desarrollo material. Cuesta comprenderlo si a su vez no viéramos el nivel de indiferencia y escepticismo popular tan palpable por las penurias y obstáculos que alertan de los circos que organiza la clase política dominante. Pero los movimientos nacionales, añadidos a los que exhiben los grupos políticos regionales con gurúes, encuestadores, opinadores, candidatos e influencers que acompañan la estrategia de pactar la paz con el régimen bolivariano, tiene la explicación en el tiempo que vivimos, intervenido por la gangrena generalizada en la moral y ética que arrastra a casi todo el espectro dirigente y de elites venezolanas. En este momento la “transición” del nuevo modo de socialismo está en los vasos comunicantes de la visión del poder. Parece imposible, según esta postura en el matiz del “alacranismo” guayanés, retar al aparato gubernamental que pisotea la democracia, los derechos y la modernidad, por lo que en consecuencia es menester repartirse espacios (¿es posible tal propósito?) que además permiten lavar la cara de algún capital económico que esconde su ansia de hacerse caudillo -en sociedad con el régimen- del estado Bolívar.

Existe ciertamente un desafío importante para la verdad, edulcorada en los tejemanejes de la política con el propósito de esconderla y de negarla. Pero sobre todo el requerimiento superior está centrado en las tareas de la sociedad que emerge en iniciativas múltiples, represadas en indecisión de proponerse ser los protagonistas del grito de libertad y de democracia. Todo indica que no habrá en conversaciones de México avances en la instauración democrática que, como dijo Gerardo Blyde, es lo imperativo para salir de la crisis de Venezuela. ¿El país seguirá esperando? Quizás solo espere definiciones de actores políticos que han mantenido la coherencia sin rendirse. Por lo pronto, en Guayana tenemos el compromiso de ahondar en la convicción ciudadana que ratifique que no podemos seguir con secuelas de corsarios o sicarios que se reinventan para preservar sus riquezas.

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