jueves, 27 de enero de 2022

21N: el ruidoso silencio de las mayorías

En cada municipio y comunidad del estado Bolívar, la intervención del Estado-partido-gobierno tiene actuación por acción u omisión y es a ese clima tramposo al que la población en grados distintos manifiesta su rechazo.

En cada municipio y comunidad del estado Bolívar, la intervención del Estado-partido-gobierno tiene actuación por acción u omisión y es a ese clima tramposo al que la población en grados distintos manifiesta su rechazo.

@OttoJansen

Hablamos del estado Bolívar. De nuestras apreciaciones sobre lo que ese episodio (en rigor, sin sorpresas) de los cuestionados comicios regionales del 21 de noviembre, hace una semana.

Encuentro el concepto de “estática social”, aquel que “trata de la anatomía y orden de las sociedades humanas y la interrelación de sus partes”, y tal enfoque sociológico en complemento con la “dinámica social, que describe los procesos del cambio social y descubre las leyes de la evolución social…”. Me parecen de utilidad, en este momento, para entender la ortodoxia de los análisis y hasta en algunos la casi cursilería de las disertaciones sobre los escenarios políticos en la atropellada y destruida sociedad venezolana, que tiene gráficos más explícitos cuando vamos a las realidades de regiones y comunidades.

El domingo 21 de noviembre, a media mañana, cuando ya estaba en curso el proceso electoral de elección de alcaldes y gobernador, la preocupación que me hacía llegar un habitante del municipio Sifontes es que en el pueblo había temor porque al candidato que tenía mayor aceptación popular el alto gobierno le impediría ganar, y en ese sentido, en la jurisdicción era también conocido el refuerzo de las Fuerzas Armadas y de los cuerpos de seguridad para evitar algún tipo de reacción violenta. Ese domingo, en apariencia, terminó sin mayores novedades, con similares cifras de participación que las de todo el estado Bolívar, aun cuando apareció una escueta información de supuesta incautación de armas (aparentemente ese día) sin otras explicaciones, reseñadas por uno de los portales de noticias nacionales.

El dato puede desprenderse de los rumores típicos del ambiente electoral. Sin embargo, hay que acotar que en esta ocasión no hubo este tipo de señuelos por el ambiente desolado de las ciudades y de los centros electorales. Pero resalta un elemento que no es extraño a la región y a los municipios del sur, específicamente, la amenaza a la vida que significan las bandas antisociales. Ese espeso ambiente donde no existen normas ni autoridades, ya que incluso estas tienen vínculos y acuerdos con esos grupos.

Esto no aparece en las estadísticas de los escritorios de las estrategias electorales capitalinas (y de escritorios locales tampoco), cuando hablan con las sesudas categorías sociológicas para explicar indicadores en los que el efecto dictadura y el proceso del totalitarismo que viene enfrentando la sociedad venezolana, desaparece. En cada municipio y comunidad del estado Bolívar, la intervención del Estado-partido-gobierno, tiene actuación por acción u omisión y es a ese clima tramposo y manipulador al que la población en grados distintos manifiesta su rechazo. Porque como me decía el habitante de Tumeremo: “hacen con los votos lo que les da la gana”. Si no tenemos la honradez intelectual y política para reconocer lo que nos roba los derechos y la libertad, si sigue el enfoque de agachar la cabeza ante la tiranía y sus tramoyas, si los dirigentes son esos seres de plastilina pendientes de la supervivencia de sus negocios, la seguridad absoluta es que seguiremos festejando esos esfuerzos limitados: “la fiesta electoral” dicen que es loable, probablemente, pero nunca nos sacarán del régimen que se reinventa en los espejismos democráticos permanentemente.

El perro guardián 

La teoría de la prensa como perro guardián de las instituciones en una sociedad democrática es la conducta que se me antoja la apropiada, en el plano político, para los guayaneses al iniciar otro ciclo de embate dictatorial. Ya no se trata del fracaso (anunciado) de los partidos tradicionales y de las envejecidas nuevas organizaciones opositoras que han seguido el plan del régimen, en aras de una convivencia que según sostienen es requerido por “el sufrimiento de los pobres”.

El asunto es que en Guayana la gangrena de esos aparatos partidistas es de vieja data y se demuestra, una vez más, que con esa dirigencia corrompida, burocratizada, sin creatividad y preocupada de sus egos no puede haber conexión con la gente que espera novedades en ideas y logros de luchas. Así, son inexistentes las posibilidades de enfrentar al régimen y producir transformaciones. La acción política se reduce tan solo a la presencia testimonial de un cargo sin potestad alguna. Ya se observan los análisis ritualistas, el juego de galimatías del esclerosado lenguaje político que desestima o minimiza el silencio de los guayaneses.

Ciudadanos, sociedad civil, luchadores sociales y las comunidades no soltarán fácilmente (como el can), la atmósfera de indiferencia (de hartazgo, como calificó certeramente la comunicadora caraqueña Carolina Gómez-Ávila) con factores farsantes que han quedado en los cargos por el ventajismo y diseño del sistema electoral. Reconocidos en Bolívar por su ineptitud y su incondicionalidad a los jerarcas revolucionarios a los que nunca interceden por la región o el municipio. Al igual que ya detectan a estos opositores gastados y sin ética quienes integran los carteles de negociados y acuerdos subalternos, siendo por lo demás un trillado secreto a voces en Guayana. Son imperativos los deslindes con esos personajes y grupos. Hay que propiciar el encuentro de la confianza ciudadana que es real y concreta en la protesta, que por ahora es solo la no participación. Es decir, hay que asumir con total plenitud la tesis del guardián que no suelta su presa hasta ver los logros de sus propósitos.

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