lunes, 20 de septiembre de 2021 | 9:33 AM

Avergonzarse de la vergüenza

¿Qué dirán los camarudos, Segundo de a Bordo de la RoboLución, los generalotes, Madrino, Drogorol, el torturador, López González, el camarado, Bragueta de Oro, el camarudo, la “Chica del Tiempo de la RoboLución” -mientras más vieja, más mentirosa y más partida? Mis hijos, mi propia esposa, nietos, bisnietos, tataranietos me recriminarán, por mal pater familiae roboLucionario.

Crónicas de RoboLución  | @omarestacio

Existen el sinvergüenza y el que se avergüenza por sentir vergüenza. No es lo mismo. El primero, nato, primitivo, feliz, paz y amor. Va por la vida. Se detiene. Levanta con desenfado su pata trasera izquierda (son de zurda conducta, casi siempre) y ¡zas! cuadrúpedo al fin, les hacen lo menor y hasta lo mayor, en sus propias narices, a cualquier virtud, cualidad, precepto legal, moral, reglamentario. A un párrafo o al “Manual” completo, de la Urbanidad de M. A. Carreño. A la Ley de Dios, Séptimo Mandamiento, antes que todo, porque lo primero, es lo primero. Cumplida la proeza, vuelven la espalda, el rabo y con sus dos patas traseras cepillan el piso -cual toro miura antes de embestir. Y siguen por el Mundo, como si nada, hasta tropezar con el siguiente poste de decencia y repetir la operación.

El caso de quienes se avergüenzan por tener vergüenza tiene otros matices.

“¿Qué van a pensar de mí, el camarado Bigote Pintao, su legal, su reglamentaria, las dos, “ambamente” pegadas a la ubre presupuestaria? ¿Qué dirán los camarudos, Segundo de a Bordo de la RoboLución, los generalotes, Madrino, Drogorol, el torturador, López González, el camarado, Bragueta de Oro, el camarudo, la “Chica del Tiempo de la RoboLución” -mientras más vieja, más mentirosa y más partida? Mis hijos, mi propia esposa, nietos, bisnietos, tataranietos me recriminarán, por mal pater familiae roboLucionario. Que no me preocupo de sus futuros. En definitiva ¿Qué voy a pensar de mí, mismo, cuando recuerde que dudé a la hora de comprar para los, CLAP comida no apta para humanos, que después de comprarla y meterme un billetón, sufrí de arrepentimientos espasmódicos hasta que pronuncié el salvador ¡al carajo los enfermos! viejos, grandes y niñitos, intoxicados o muertos por comer semejante basura!”.

El que se avergüenza de la vergüenza, es proactivo, emprendedor, metódico, a diferencia del desvergonzado genético del cual hablábamos al comienzo. Éste, guisa por su programación cromosómica. Aquél, porque se autoconvence que mientras más robe, mayor será su ascenso en la nomenklatura roboLucionaria. Si, además, tiene espacio de TV, radio, tribuna en algún medio electrónico o impreso gobiernero –para éstos sí hay papel, tinta, insumos– mientras más insulte, difame, desinforme, asesine el castellano. Mientras más se envalentone con el desprotegido y se le arrastre zalamero al poderoso (los cobardes, son así). Mientras más desprecie, los conocimientos científicos, la cultura universal, las bellas artes, los buenos sentimientos, seguro que cuando tiemple el cacho roboLucionario, le ponen su nombre a una escuela o bautizan una plaza con su apellido.

William B. Yeats, escribía que los hombres mejoran con los años. Pero con los años, los roboLucionarios se cansan de ser hombres. Degradan en algo peor a la ya degradada, especie humana.

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