domingo, 28 de noviembre de 2021

Aplastados

Desde hace muchos años se sabe que habitamos un país de pinga, laxo hasta lo increíble, donde la coima y todo su protocolo acuoso levantó de la modestia a mucho inescrupuloso y malviviente.

Por estos días están de moda espacios para lo verificable, para la certeza, para la verdad cruda y simple. Ahora resulta que el vasallo estaba desnudo y nosotros estábamos empeñados en verlo vestido.

A ese hijo de la dulcera del Barrio Tricolor, que llegó sin muchas luces a ser letrado, integrante estratega de la banda de los enanos: malandros tribunalicios, ¡bingo!, lo han descubierto, lo sapearon en el imperio, le dejaron el fundillo al aire y lo están juzgando por lavado de trapos grasientos en la misma cueva del capitalismo.

Desde hace muchos años se sabe que habitamos un país de pinga, laxo hasta lo increíble, donde la coima y todo su protocolo acuoso levantó de la modestia a mucho inescrupuloso y malviviente. Ellos, una minoría, hicieron de esa manera de vivir su éxito cacareado, pagando costosos lobbies y blindándose con la otra parte de la política venezolana (la oposición). Véase a los chicos Derwik: se orinaron en todo el mundo y lo siguen haciendo. Sin ninguna experticia, más que las relaciones de sus padres y allegados, lograron robarnos más de 5 millardos en aquella famosa crisis eléctrica. Allí están, no los tocan, son hombres de suerte echada.

Por estos días han descubierto que este ladrón llano y simplón es nada más y nada menos que un financista duro y curvero de una banda de malandros que se hacen llamar luchadores sociales al servicio del país que busca afanosamente su extraviada, hurtada, violada o qué sé yo, democracia o algo parecido a relajo de pocos en descargo de muchos.

Definitivamente, la democracia da para mucho en este país aplastado por la falta de todo pero sobre todo por la carencia de escrúpulos.

Ahora resulta que el tuerto sortario es más millonario que lo que la gente presupuestaba y tenía tantos dólares que lo que da es cochina envidia en la sociedad de bagres boñigosos que merodean el tesoro nacional.

Definitivamente este país se lo robaron con furia y nosotros estábamos en un juego perverso detrás de los perniles voladores y las cajitas de carbohidratos con ruedas compradas en la tierra de los charros.

Hasta la carroza vieja y tintosa de Osmel estaba metida en la mansión recién expropiada del tuerto. Enseñaba a comportarse en sociedad a esa familia encumbrada con nuestros reales: de tierrúos a multimillonarios. Anoten: viene una película en camino.

Osmel y su máquina de belleza que desdeña de nuestras bellezas de ébano, el preparador de niditos de amores y amoríos, el competidor de lo más fashion que ha parido esta tierra de gracia: Carolina Herrera, al parecer ya no es el empleado del sortario vendedor de trapos, bisuterías y constructor de imposibles que es una caja automática bien aceitada que cambia cuando ve en el panorama otro huésped mirafloriano o un hombre de uniforme de rango alto. Llegó el vendedor de cortes baratos, baisano, el que se quedó viendo los abiertos campos de Ciudad Lebrún.

Somos una sociedad de cómplices, le prestamos poca atención a cómo ciertos vivos promedios se han convertido en potentados y compradores de voluntades, el tuerto, el enano ahora en desgracia, como el amante de mises, con pedigree revolucionario, que tiene meses y que en manos del gobierno y según le han quitado hasta la inclinación de la cabeza, el de los cien apartamentos en Dubái, el primito de rojo rojito, el que se fumó a Pdvsa con furia y anda por tierras italianas emprendiendo la gran cruzada por el rescate de la patria… ahhh pero antes se le ha visto tratando de liberar a su primito el Chacal… qué vientre, Dios mío, qué vientre, como para clonarlos y soltarlos en el imperio para implosionar a los Yankees.

Somos un país tan trágico pero también tan, pero tan de pinga, que lo que dan es ganas de llorar.

Más del autor

Respirar en $

Nuestra moneda y sus cíclicas reconversiones han sido aparte de un estrepitoso fracaso, una burla de dimensiones cínicas.

Mujer

Cuando un país tiene los campos de las artes saludables, tiene su memoria resguardada. Nuestro país posee una lectura creativa femenina vigorosa. Eso no lo van a destruir los bárbaros: eso está allí, en espera.

El dinero del poder

En cuestiones de Estado y de administración del poder es difícil hablar de moralidad y ética. Hay que tener en cuenta que para que los trámites de la vida pública funcionen no hay que hablar de honestidad de la boca para afuera.

Literatura y espiritualidad

Allí sigue vigente el pensamiento y la obra del gran Juan Liscano, quien me decía que a pesar de que los políticos nos subestimaban, por encima de todo la literatura es una relación tormentosa con la vida pero tiene que ser parte de la conciencia crítica.

¡Síguenos!

Notas relacionadas

La libertad en la era digital

El acceso ilimitado a datos instantáneos (5G) por las gentes, significan lo que otras generaciones recibían como información durante centurias. Todo comienza a estar conectado con todo.

Ilusos, fracasados o zánganos

Quienes hoy aún creen que el socialismo es la solución, o son unos ilusos que esperan por lo que no va a suceder, o son unos fracasados que quieren que los demás fracasen, o son unos zánganos que se aprovechan del sistema... en ningún caso, algo bueno o deseable.

Venezuela en la etapa final

Por una temporada debemos poner de lado todo lo electoral. Eso será de primera importancia cuando existan condiciones mínimas para que el pueblo pueda pronunciarse en libertad. No sucederá en dictadura como la actual.

Qué sigue en los juicios contra Carvajal y Saab

Malos augurios, para la cúpula de los desgobernantes de Venezuela por los comprometedores secretos guardados, hasta ahora, por Carvajal y de Saab.

Roja casta filotiránica

Quién podría imaginar que los más crueles dictadores contarían con la complicidad e incondicionalidad de pensadores, escritores, creadores, académicos, políticos, artistas y demás fauna socialcomunista.

El 22: necesidad de encontrarnos

Necesitamos lugares de encuentro, extender las manos, escucharnos, cooperar unos con otros, unirnos para resolver y para exigir a quienes tengamos que exigir.