sábado, 18 de septiembre de 2021 | 12:21 AM

Ahorcada la cochina

La amnistía no puede ser para los que tiraron la piedra y escondieron la mano, para los arrepentidos convenientes, porque objetivamente el daño lo causaron de todas maneras al colaborar estrechamente con los ejecutores del estropicio.

El fanático no es gente. No importa si el fanatismo es religioso, deportivo, político o ideológico, ya que todos producen la misma reacción pasional y física: irracionalidad, rabia, odio y venganza; sentimientos y acciones manifestados irreprimible e indiscriminadamente contra aquello que lo adverse. Estas condiciones son forma probable de explicar la posición de los regímenes empeñados en imponerse sobre las libertades y el libre albedrío de sus semejantes, mediante el uso de métodos sucios y doctrinas altamente contaminadas con ideas tendentes a esclavizar la mente de los pueblos en provecho de los pocos integrantes de las élites del fracaso consuetudinario en sus malas intenciones.

Muy a pesar del pesimismo de algunos nuestra realidad está destinada a avanzar una vez que nos hayamos deslastrado del peso muerto que nos ha retrasado durante los últimos aciagos años la dictadura que nos tocó por nuestros propias equivocaciones y ambiciones que, desafortunadamente, parece que no han calado en profundidad en nuestros políticos, porque todavía se hacen planteamientos que van a contrapelo de la actualidad que requiere innovación y frescura con seriedad patriótica desprovista de pequeñeces, egoísmos y mezquindades que lejos de causar beneficio a nuestra nación nos retrotrae a los veinte años transcurridos en corrupción, abusos y desguace de la república en todos sus grados institucionales, sectores productivos y estratos sociales y políticos. Eso sin entrar en los detalles que todos conocemos en persona; y ya satura repetirlos.

Se vislumbra fuertemente que la lucecita al final del túnel se ha transformando en un potente reflector que nos alumbra el camino y enceguece a los desconcertados oficialistas que han perdido el rumbo más de lo acostumbrado. La suerte de la pandilla de comunistas y otros istas tiene una trocha bien accidentada que ellos deberán transitar aunque no quieran. Sus arrestos no dan para más, no siquiera al socaire de los cubanos, rusos, turcos y otros especímenes de este zoológico que es la casa común de todos los mortales.

Todo va viento en popa pero ahora se presenta un nuevo reto que consiste en recomponer el desastre que nos van a dejar. Punto y aparte del pescueceo que ya aflora entre los grupitos y partidos, y entre aquellos politiqueros avivados que pretenden arrogarse triunfos ajenos a costa de la alegría y la generosidad de los que en verdad han contribuido a sacarnos del atolladero, los menos conspicuos de la banda gobiernera en ejercicio y los allegados intelectuales que siempre dieron su apoyo a los despropósitos del sectarismo ideológico enfermizo aspiran a formar coro para la reconstrucción de lo que ellos destruyeron.

Desde luego que es necesaria la pluralidad conceptual, la divergencia, la contradicción, la multiopinión, la argumentación y todo aquello que aporte progreso y democracia, pero hay que tener cuidado con quienes tienen la tarea de ser quintacolumnistas que entorpezcan o saboteen los avances en la dirección correcta que queremos los venezolanos para nuestro país.

Nada de meter los zorros en el gallinero ni aceptar lágrimas de cocodrilo, animales que se tragan la presa y de seguidas lloran. La amnistía no puede ser para los que tiraron la piedra y escondieron la mano, para los arrepentidos convenientes, porque objetivamente el daño lo causaron de todas maneras al colaborar estrechamente con los ejecutores del estropicio.

Juntos y unidos nos debemos a Venezuela; pero revueltos: jamás. Cada quien en lo suyo y en el mismo sentido.

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