jueves, 21 de octubre de 2021

Agrovenezolano: de la ciencia ficción al planeta de los simios

Pronto Maduro y Castro Soteldo, de permitirles continuar con su plan de tierra arrasada, ordenará dentro de la “Misión planeta de los simios” la fabricación de arcos y flechas para que las familias venezolanas vayan a nuestros campos y costas a colectar, cazar y pescar sus alimentos.

@WernerGutierrez

La desconexión de la realidad de quienes mal dirigen las políticas agrícolas de Venezuela es evidente durante el “socialismo del siglo XXI”. Particularmente en estos últimos años, sobrepasa el límite de lo absurdo, introduciéndonos en historietas propias de una película de ciencia ficción.

Lastimosamente, esta situación ha sido acompañada en diversas oportunidades del silencio ensordecedor, o de tibias declaraciones, de algunos sectores de la sociedad venezolana tales como universidades, colegios profesionales, algunos gremios, y muy especialmente, de grupos económicos que “detrás de cámara” reciben las migajas otorgadas a un “selecto elenco”, dándoles la espalda al sufrimiento de todo un pueblo.

En días recientes Nicolás Maduro en una muestra más de sus engaños y cinismo anunciaba la aprobación de “1.037 millones de euros para garantizar la siembra de 3.235.000 ha en el 2019”. Desde su nacimiento se decreta el fracaso estrepitoso de tan irrealizables planes. Para desarrollar la superficie de cultivos planificada, el monto anunciado es insuficiente. De ser reales las intenciones de cumplir esta nueva promesa, se necesitaría invertir sobre los 2.32 millardos de euros.

El logro de semejante “leyenda heroica”, basándonos en análisis de Pedro Raúl Solórzano requeriría disponer de “cerca de 1.000.000 de toneladas de fertilizantes, más de 60.000 toneladas de semillas y más de 15.000.000 de unidades de plaguicidas”. Considerando la escasez notoria de agroinsumos por la quiebra de la empresa estatal Agropatria, nadie en su sano juicio puede atreverse a pensar que este nuevo “cuento fabulesco” pueda ser medianamente realizable.

En una de sus caricaturescas alocuciones Maduro, pese al escenario desolador que soportan nuestros agricultores y ganaderos afirma “tenemos una capacidad productiva aproximada de 25.400 tractores por año” en claro menosprecio a la inteligencia y discernimiento de las familias que han visto llegar a su mínima expresión sus siembras y rebaños debido precisamente, entre tantas otras limitaciones, al déficit de 50.000 tractores.

Sin desparpajo alguno, frente a un pueblo hambriento y desnutrido, asegura que gracias a la revolución hemos cambiado “del cielo a la tierra”, garantizando que con el Plan de la Patria 2019-2025 “llegaremos en el campo alimentario a 3.060 kilocalorías” en desconocimiento a las declaraciones de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos que afirma “en Venezuela la disponibilidad de alimentos ha caído a niveles críticos”.

El ministro del Poder Popular para la Agricultura Productiva y Tierras, Wilmar Castro Soteldo, superando el resentimiento y saña de sus predecesores, ha destruido sin clemencia nuestra agricultura, retrotrayendo los niveles de producción de alimentos a los registrados en los años 80 y originando “la pérdida del ciclo de invierno del año 2019”, ya anunciada por Fedeagro, alertando que se registrará “una mayor caída de la producción este año” a la del 2018.

Afortunadamente voces calificadas y responsables se mantienen de pie. Se equivocan Maduro y Castro Soteldo al considerarnos eunucos mentales. Tenemos presentes todas las jactanciosas ofertas hechas durante veinte años. Hoy ante su perorata sobre la reactivación de la producción de tractores, es propicio recordar las alianzas firmadas por Hugo Chávez Frías con Irán para la fabricación de tractores a través de Veniran, y con Veneminsk, como parte de los convenios entre Bielorrusia y Venezuela.

No debemos caer en el error del silencio frente a sus trillados discursos, al reciclaje de viejos anuncios, al inagotable imaginario de guerras ficticias. Venezuela espera más, de quienes hemos planteado la posibilidad de un país distinto. En su ocaso el chavismo-madurismo pretende dar por olvidado los millardos de dólares dedicados al Ministerio de Agricultura Urbana, a la Misión Agro Venezuela, a los huertos organopónicos, gallineros verticales y, Plan conejo, entre tantos otros disparates, cuyo dinero pasó a formar parte de las arcas de los jerarcas del partido de gobierno y su círculo de empresarios enchufados.

Ante la imposibilidad de seguir ocultando la caída en la oferta interna de alimentos, Castro Soteldo ha afirmado que “debido a los tiempos de conflicto” se ha visto “obligado a direccionar políticas”, decretando; “la agricultura casera, más que la agricultura urbana” deberá convertirse en el fundamento de una “nueva cultura del consumo”, exigiendo dejar esa “equivocada cultura del consumo fresco”, para lo cual debemos “ir pensando en las conservas… en los alimentos deshidratados, producidos sin electricidad, en hornos artesanales”.

Mientras, Diosdado Cabello nos da ejemplo de la retrograda siembra manual de arroz, en un país cuyo sector fue ejemplo de modernidad para el mundo por sus alcances en siembra mecanizada de este cereal en décadas pasadas, e Yvan Gil, exministro de agricultura, con el descomedimiento y desfachatez que caracteriza a los responsables directos de la quiebra de Agropatria y de la destrucción de nuestra agricultura afirma: “La revolución al mando del comandante Chávez realizó la más maravillosa transformación en el agro venezolano”.

Pronto Maduro y Castro Soteldo, de permitirles continuar con su plan de tierra arrasada, ordenará dentro de la “Misión planeta de los simios” la fabricación de arcos y flechas para que las familias venezolanas vayan a nuestros campos y costas a colectar, cazar y pescar sus alimentos.

Ingeniero agrónomo M. Sc.

Exdecano de la Facultad de Agronomía de LUZ

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