jueves, 27 de enero de 2022

Mancillar la UCV es destruir la educación

La educación pública -en sus diferentes niveles- es una ruina total. Por la preescolar, especial, primaria, secundaria, técnica y universitaria pasó el barbarazo socialista.

La educación pública -en sus diferentes niveles- es una ruina total. Por la preescolar, especial, primaria, secundaria, técnica y universitaria pasó el barbarazo socialista.

El último astazo a la educación fue el asestado a la sede de la Universidad Central de Venezuela. Amparados en la nocturnidad el Estado policial la allanó, y le nombró una “Fredy Bernal” llamada Jacqueline Faría. Esa que se ha paseado por la burocracia socialista cada vez que ha sido requerida por los dedos del poderoso, que le señalan donde debe aposentarse para concluir alguna faena, dirigida aniquilar lo poco que queda de lo que ya ha sido destruido por sus predecesores. Con no hacer nada cumplirá la misión revolucionaria encomendada, y a otra cosa mariposa. Ella forma parte, como lo hemos visto en estos 22 años, de la brigada femenina del socialismo del siglo XXI, siempre dispuesta a dar la cara y a obedecer. En el capitalismo Marx lo denominó ejército industrial de reserva, pero en este régimen lo llamaremos “ejército destructor socialcomunista”.

Desde que se instauró esta tiranía han tenido entre ceja y ceja y en el punto de mira a la educación. De suyo, el primer conflicto con el zar barinés -recién instalado en Miraflores y con la popularidad a tope- fue aquella que tuvo como lema “con mis hijos no te metas”. Pero claro que se metió. No sólo con los hijos, sino con todos los venezolanos, al armar un sistema educativo paralelo mediante las misiones. La Robinson, Ribas, Sucre fueron las primeras, después le dio por tener sus propias universidades para titular en diversas ¿especialidades? a quien le diera su realísima gana. Se convirtió en ministro, planificador y rector de sus engendros, donde se cumplían, además de sus caprichos, la máxima althuseriana según la cual “la educación es el aparato ideológico del Estado”.

¿Acaso puede alguien dudar que aquel entramado socialcomunista tenía como objetivo sustituir al sistema educativo venezolano, consolidado durante los 40 años de la democracia civil? No es necesario ser muy avispado para intuir que los tiros venían por esos lados. En 22 largos y tortuosos años se han dedicado a socavar las bases de la estructura educativa. De abajo hacia arriba. Desde las orientaciones pedagógicas que la guían hasta desmantelar las edificaciones, con el apoyo incondicional de colectivos y de la delincuencia (des)organizada. Disculpen la tautología.

La educación pública -en sus diferentes niveles- es una ruina total. Por la preescolar, especial, primaria, secundaria, técnica y universitaria pasó el barbarazo socialista y acabó con todo. La población, en extremo empobrecida que la necesita, sabe que no puede contar con una adecuada formación en las aulas. El hambre y los sueldos miserables espantaron a los docentes, que no se pueden alimentar, comprar zapatos o ropa para ir a dar clases. En tanto, los estudiantes sufren una tragedia peor a la de los docentes, lo que convierte los centros de enseñanza en parajes lúgubres y abandonados. Son basureros y/o refugio de malvivientes, drogadictos y delincuentes.

Se trata de un delito atroz que afecta a los niños y jóvenes de Venezuela, pues el Estado ha perpetrado un crimen de lesa humanidad al cercenar su derecho a la educación. A la que le dedicaron tanta tinta en el librito azul. Ese al que fueron a parar las promesas incumplidas, y que es tumba profanada de los derechos que fueron arrancados de cuajo a los venezolanos. Sus 350 artículos contenidos en 349 paginitas amarillentas son letra muerta y enterrada.

Todos esos niños y jóvenes a quienes les truncaron su vida, ilusiones y sueños cerrándoles el camino de la educación, jamás llegarán a pisar una universidad. Tampoco se interesarán por instituciones que acumulan tanta solera como la Universidad Central de Venezuela, a punto de cumplir 300 años, pues fue fundada el 22 de diciembre de 1721. Es la más antigua y la que por bastante tiempo fue la única universidad de Venezuela. Nació Real y Pontificia, pero Bolívar, junto al médico José María Vargas y el letrado José Rafael Revenga, la reorganizaron sobre las bases del sistema republicano en 1827.

Pues bien, esa gran institución fue mancillada por sus enemigos más encarnizados, dispuestos a convertirla en chatarra. Tal como han hecho con todo lo que han tenido a su alcance en este territorio, al que le robaron hasta su condición de país, para convertirlo en una miserable y destartalada colonia cubana.

No chatarrearán a la UCV, pues esa casa del saber siempre ha vencido a las sombras, y también a la maldad agazapada en la más negra oscuridad.

Agridulces

El fiscal recurrió al arte para hacer el montaje de un sainete, que busca deslumbrar a su colega Karim Khan de la Corte Penal Internacional. Quiere escenificarle cómo el socialismo del siglo XXI se dedica -con ahínco- a respetar los derechos humanos de los venezolanos. Si Saab convence a Khan merece un Oscar.

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