viernes, 15 de octubre de 2021

Los presos políticos y su cadena infinita

En sus cárceles con presos esposados, los verdugos despliegan toda su creatividad para prodigarles el mayor sufrimiento a estas víctimas que reciben la carga pesada del monopolio de la violencia.

En sus cárceles con presos esposados, los verdugos despliegan toda su creatividad para prodigarles el mayor sufrimiento a estas víctimas que reciben la carga pesada del monopolio de la violencia.

Como si no fuera suficiente castigo perder la libertad por ejercer derechos fundamentales, el verdugo se aplica a fondo en lo que puede llamarse una tortura integral, que va de lo físico, pasando por lo psicológico hasta afectar lo familiar y lo laboral. Lo cierto es que estar tras las rejas impacta lo más recóndito de la vida del preso. Esa víctima con quien el Estado juega a capricho, en la práctica se convierte en propiedad de alguno de los encumbrados-enchufados que están en el centro de la macolla dominante. Que en las tiranías socialcomunistas suelen tener una piel extremadamente delicada, pero hacen gala de una crueldad infinita, para causar dolor y martirizar sin piedad a aquellos que sean clasificados y calificados como enemigos.

Podemos diferenciar una democracia de una tiranía en función de si hay o no presos políticos. Los gobiernos genuinamente democráticos no pueden castigar al opositor, al disidente que crítique, cuestione, censure o repruebe la gestión de quien detenta el poder. No pueden coartar la libertad de conciencia y de expresión, como tampoco pueden convertir en delito el rol que la oposición debe cumplir como contralora y fiscalizadora de la gestión gubernamental. Su obligación es respetarla, porque la alternancia hará que el gobierno de hoy sea la oposición de mañana.

Los desponepotismos socialcomunistas no contemplan aquello en su hoja de ruta, pues su itinerario concluye con la toma del poder por cualquier vía. No tienen en su ADN eso que conocemos como alternabilidad democrática. Se aferran con uñas y dientes a los privilegios, ventajas, concesiones, fueros e impunidades que cobijan a los poderosos. Cualquiera que tenga el atrevimiento de enfrentarlos se transforma en adversario al que es menester perseguir, silenciar y encarcelar.

El manejo del poder en estas dictaduras es arbitrario, discrecional, abusivo y profundamente injusto. Sólo hay que ver la información que proviene de China, Rusia, Corea del Norte, Bielorrusia, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Venezuela. Un buen número de noticias tiene que ver con el tema de los perseguidos y presos políticos: esos que son confinados en sus mazmorras con gran facilidad, pero cuya salida se torna improbable y muy difícil.

La disidencia democrática sólo tiene la palabra como instrumento de lucha, por eso estas tiranías no dudan en encarcelar a todo aquel que cuente con alguna tribuna para hacer oír su voz. Esas tribunas también han sido destruidas mediante el fuego permanente de los misiles aire-tierra de la hegemonía comunicacional. Acabar con los medios democráticos y encarcelar opositores ha sido una práctica inveterada de las zurdas tiranías, que han calcado crueldades, horror y saña -unas de otras- con relación al suplicio de las torturas.

En sus cárceles con presos esposados, los verdugos despliegan toda su creatividad para prodigarles el mayor sufrimiento a estas víctimas que reciben la carga pesada del monopolio de la violencia institucional. La tortura centrada en el cuerpo es la que más conocemos: golpes, patadas, peinillazos, extracción de uñas, el fuego de un cigarrillo apagado en la piel del preso, la bolsa en la cabeza para jugar a la asfixia, entierro, simulaciones de ejecución. Estar de pie durante días, impedir el sueño, bombillos encendidos, permanentemente, en las celdas, de donde no puedes salir ni para ver la luz del sol, excrecencias rociadas en las paredes del tigrito, que mide 3×3, entre otras aberraciones.

El propósito de los calaboceros es humillar al preso y degradar su condición humana hasta convertirlo en un ser sin voluntad. El suplicio corporal impacta al preso en todos los sentidos, algo que no impide que el verdugo recurra a la tortura psicológica para ablandar al prisionero. Le pegan donde más le duele: sus hijos, sus padres, su familia. Hemos visto como hostigan y hasta los aprehenden para forzar confesiones y autoinculpaciones.

La salud es también un filón para torturar al recluso. No le dan asistencia médica, le niegan las medicinas para controlar sus patologías, no los trasladan a los centros de salud, las condiciones de las celdas son focos de enfermedades y la comida es de pésima calidad. Otro tormento con el martirizan a la familia y al preso es “desaparecerlo” cada vez que les provoca a sus victimarios. Quienes son felices provocando cadenas infinitas de sufrimiento entre familiares y amigos de los presos políticos venezolanos.

Agridulces

“En Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua existen presos políticos certificados por organizaciones de DD HH y por la prensa. Son mujeres y hombres, líderes políticos, cívicos y sindicales, son militares y policías, son seres humanos que sufren torturas, sometidos por la violencia de las dictaduras”. Carlos Sánchez Berzaín. El Nacional. 3-09-2021

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