jueves, 27 de enero de 2022

La muerte civil de José Luis Ábalos

Erigido como escudero de Pedro Sánchez acumuló enormes cuotas de poder, y hacía sentir que era intocable-infalible cuando se mostraba frente a las cámaras.

Erigido como escudero de Pedro Sánchez acumuló enormes cuotas de poder, y hacía sentir que era intocable-infalible cuando se mostraba frente a las cámaras.

José Luis Ábalos Meco era ministro de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana cuando recibió -cobijado por la nocturnidad como lo prefieren los socialcomunistas- a la vicepresidenta venezolana en el aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid. La lío parda, como dicen los españoles, porque la presencia de la doctora Rodríguez Gómez estaba vetada por el espacio Schengen. Ábalos estaba al tanto, pero lo convocaba una camarada latinoamericana a su avión privado, para discutir asuntos estratégicos y recibir algunas encomiendas de sus pares ideológicos venezolanos. No pudo resistirse, pero en ese momento se puso en el punto de mira de los medios de comunicación españoles, quienes le siguieron la pista hasta desnudarlo, casi totalmente, frente a la opinión pública nacional e internacional.

Ábalos Meco tiene sólidos nexos con capitostes, mandones y tiranos de Sudamérica, y por lo que he podido leer no pierde oportunidad de cruzar el charco para asesorar los regímenes amigos, por quienes es requerido con frecuencia, mucho antes de ser parte del poder en la madre patria. En estos parajes tercermundistas debe sentirse como un salvador de estos paisitos abandonados y preteridos.

Está diplomado en magisterio en la UVEG y ejerció durante dos años en su Valencia natal, pero está visto que estaba destinado a “brillar” en la política. Se afilió a Juventudes Comunistas en 1976, pero rápidamente dio el salto al Partido Socialista Obrero Español. Sin embargo, en nuestros patiaderos se siente como el docente citadino que ejerce su magisterio en zonas rurales. Un tipo dotado de variados talentos que lo convierten en un ser superior a los ojos del parvulario, deslumbrado por su fina estampa, su verbo, su capacidad pedagógica y, por supuesto, su alto vuelo político. Su notable presencia en las excolonias españolas y su envidiable nivel académico lo hicieron merecedor de un honoris causa por la universidad de San Pedro de Perú. Distinción que quedó en los anales de esa institución por su justicia y pertinencia, y le dio más realce a la meteórica carrera de este insigne valenciano.

El de Torrent (1959) ha acumulado experiencias vitales y laborales que no podemos ignorar. Fabricó muñecas artesanales en el negocio familiar durante 10 años, vendió souvenirs en la plaza de toros de Valencia y es hijo de un torero frustrado por la guerra civil. Está familiarizado con la fiesta brava, pero sus camaradas las prohibieron apenas llegaron al poder, porque son animalistas hasta la médula. Por eso el ayuntamiento, la diputación y la generalitat se pusieron de acuerdo para cortar de raíz tanto las corridas como cualquier otro espectáculo taurino.

Se afilió al PSOE en 1981 y desde las filas de ese partido supo dónde y cómo colocarse para ocupar muy buenas posiciones. Su magnífico olfato lo llevó a convertirse en secretario de organización del PSOE, aposentarse en las aterciopeladas curules de la cámara de diputados en varias legislaturas, ocupar la cartera de Fomento tras la moción de censura a Mariano Rajoy, y ser ministro de Transporte y Movilidad desde 2019, cuando Pedro Sánchez ganó las elecciones. Si alguien sabe de ascensos rápidos de alta rentabilidad es este ex minpopo, que se autotransporta de manera envidiable.

Erigido como escudero de Pedro Sánchez acumuló enormes cuotas de poder, y hacía sentir que era intocable-infalible cuando se mostraba frente a las cámaras. Muy repelente, acumuló rechazos en la audiencia y entre sus camaradas. Estos, como siempre, con la daga escondida, monitoreando heridas y debilidades, para caer sobre la víctima como hambrientos carroñeros. El 7 de julio Ábalos se reunió con Sánchez, después de varias semanas sin dirigirse la palabra. Ese día se produjo lo que algunos analistas denominaron muerte civil. Una ejecución en la madrugada de aquel séptimo día del séptimo mes.

Hoy en los medios de comunicación de España se divulga la vida oculta y turbia de Ábalos, quien se entregó en cuerpo y alma a los placeres de la noche. Mucha marcha y sobredosis de fiestas en puticlubes y apartamentos privados en plena pandemia. Este desparpajo licencioso lo relacionan con la prostitución, que el gobierno quiere prohibir mediante leyes que pueden aprobarse en cualquier momento.

Con esta hoja de vida, Ábalos será recibido como un prócer del socialcomunismo internacional. Bienvenido será por sus camaradas de este expaís tropical.

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