jueves, 21 de octubre de 2021

La irrepetible Angela Merkel

Angela Merkel, una irrepetible política, no apostó por experimentos, fue draconiana cuando la situación lo exigió y tomó duras decisiones que le granjearon el rechazo de millones.

Angela Merkel, una irrepetible política, no apostó por experimentos, fue draconiana cuando la situación lo exigió y tomó duras decisiones que le granjearon el rechazo de millones.

“La Merkel” es como muchos denominan a la todavía canciller de Alemania. Ese artículo determinado al lado del apellido de esta gran mujer me suena despectivo, y más propio del mundo del espectáculo, del jolgorio, de la fiesta, del vodevil, del circo, del cabaret, de las divas, vedettes y bailarinas del can can o el tango. Este tratamiento, por cierto, no se le da a ningún poderoso del sexo masculino, ni siquiera cuando se lo merecen. No he leído ni he escuchado referirse a el Biden, el Trump, el Macron, ni siquiera a el Putin, el Xijinpin o el Kim Jon-un.

Cuando leo o escucho lo de “la Merkel” escrito o dicho por figuras nacionales e internacionales, no puedo dejar de preguntarme por qué lo hacen, pero tampoco puedo evitar que se activen mis recuerdos y evocar a la Minelli, jugando con aquel bombín mientras cantaba en la inolvidable película Cabaret, dirigida por Bob Fose y ambientada en el Berlín de los años 30.

Tiene sentido aquel juego de mi memoria, porque Angela Merkel y la película Cabaret tienen la misma locación en dos momentos históricos distintos. Se trata de Berlín, adonde la joven egresada universitaria no quiso ir en un primer momento, por lo que ella y su esposo se trasladaron a un pueblo llamado Ilmenau en el estado de Turingia. Concursó en la universidad local y cuando salió de una entrevista fue acosada por dos agentes de la Stasi. Quienes la conminaron para que se convirtiese en colaboradora “no oficial” de este órgano de espionaje de la comunista República Democrática Alemana. No es ocioso recordar que la Stasi contaba con 97 mil miembros, esto es un policía por cada 63 mil habitantes: todos con su respectivo expediente en aquella temible policía política.

Visto lo visto no le quedó otra salida que irse a Berlín y decantarse por la política. Primero participó en el grupo Despertar Democrático y luego ingresó al CDU. Más adelante llegó a la Cancillería donde se mantuvo durante 16 años. Dicen que moldeó no sólo a Alemania sino también a Europa. Su mandato será recordado por las crisis que debió enfrentar y de las que salió airosa, entre otras: el revés económico 2008-2009, la gran cantidad de refugiados del medio oriente en 2015, los ataques terroristas del ISIS y la pandemia del Covid.

Angela Merkel, una irrepetible política, no apostó por experimentos, fue draconiana cuando la situación lo exigió y tomó duras decisiones que le granjearon el rechazo de millones. Cuando algunos quieren romper con la Unión Europea, Merkel sigue creyendo en una Europa unida y abierta. Ella que vivió el drama de un país escindido, no quiere repetir la experiencia, por lo que siempre recuerda: “viví mucho tiempo detrás de un muro como para desearlo de vuelta”.

Merkel junto a Konrad Adenauer y Helmut Kohl son los líderes más relevantes de la Alemania contemporánea. Al primero le correspondió la enorme tarea de reconstruir a ese país teutón, después que pasara ese tsunami de maldad llamado Adolfo Hitler, que estuvo a punto de acabar con la humanidad. Kohl fue el arquitecto y constructor de la reunificación, apuntalada por el milagro alemán dirigido por Ludwig Erhard su ministro de economía. Fue este quien acuñó la denominación Economía social de mercado, para referirse al modelo que implantaría en aquella situación de extrema complejidad.

Gracias a la convergencia de estos tres liderazgos, Alemania marca el camino de los 27 países que conforman la Unión Europea, y a Angela Merkel pocos le discuten su peso específico en ese grupo de naciones. Su palabra va a misa. Hasta el momento de escribir esta columna no está claro quién la sustituirá, pero si se sabe cómo será la formación del Bundestag y cómo se han repartido los votos por las comunidades. Pero lo único cierto es que Merkel empieza a despedirse cuando la humanidad está tan necesitada de políticos como ella. Su ausencia deja un inmenso hueco que no podrá ser llenado fácilmente, y hasta yo que estoy en las antípodas lo siento en el alma. Angela Merkel, sin duda, marca un momento axial en este planeta -“enredado” en tantas redes- pues pocas veces el mundo había extrañado, genuinamente, a una figura política que culmina su mandato.

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