jueves, 27 de enero de 2022

El soldado Raúl Baduel

El viacrucis de Baduel me plantea si en algún momento surge algún dilema en la psiquis de estos “soldados”: entre salvar a un poderoso, pero condenar a 30 millones de seres humanos.

El viacrucis de Baduel me plantea si en algún momento surge algún dilema en la psiquis de estos “soldados”: entre salvar a un poderoso, pero condenar a 30 millones de seres humanos.

Raúl Baduel Cafarelli -encarcelado, muerto y sepultado por el socialismo que defendió- deja certezas sobre los peligrosos riesgos que enfrentan dirigentes y militantes del espectro ideológico de las izquierdas. Variadas y muchas. Pero que tienen una sola respuesta para aquellos que representen alguna amenaza para el gran timonel de la revolución: inmarcesible y perpetuo, a quien nadie osará marchitar, enfrentar y mucho menos intentar sustituir. Su sitial es el olimpo, y como Zeus allí estará por siempre.

Aquellos tienen rituales que se cumplen unas veces como delirios sobre el Chimborazo, y otras como juramento bajo la sombra de un venerable samán en un lugar conocido como Güere. Y allí estuvo Baduel, como parte de ese grupo que salvaría a la patria, liderado por un teniente coronel raspado en el curso de estado mayor, pero que lo reclutó para su gesta heroica. Después se produjo el adoctrinamiento y su incorporación a las filas de los conjurados. Uno de los ángeles en rebelión, de acuerdo con la lectura que hizo Ángela Zago de las acciones insurreccionales de estos militares en 1992. Por allí circula el libro de esta periodista: La rebelión de los ángeles, la misma que cuenta con una larga historia en y con la guerrilla, y que antes escribió: Aquí no ha pasado nada.

Raúl Baduel siempre me pareció un hombre serio, quizás demasiado. De esos que desde que empiezan en el jardín de infancia son disciplinados y aplicados. Pasan eximidos porque no pierden su tiempo en fiestas ni jolgorios. Como cadete seguro se distinguió por su porte, estatura y su innegable galanura. Pero se dejó tentar por otro paracaidista adoctrinado por su hermano mayor, militante del comunismo y ferviente admirador y seguidor de Fidel Castro.

Baduel fumó habanos enviados por el tirano de Cuba, pero juró no compartir su ideología, como se lo dijo a Milagros Socorro, en aquella memorable entrevista publicada en El Nacional después de los sucesos del 11 de abril de 2002. Cuando la escritora le preguntó si estaba arrepentido por “haber sido el factor definitivo en la restitución del presidente” respondió: “Claro que no. No me arrepiento en lo absoluto. Yo cumplí con mi deber de soldado y ciudadano”.

En aquella oportunidad, el intenso olor a incienso en el despacho del general de brigada del Ejército impactó el agudo olfato periodístico de Socorro. Su dicaz mirada -cuando hizo un paneo del lugar- observó que Baduel conjuntaba un arraigado orientalismo con una acendrada religiosidad católica. Que acumulaba libros de Platón y Aristóteles, pero también de Sun Tzu y el Tao, “en cómoda convivencia con el Príncipe de Maquiavelo”. Tuvo vidas anteriores durante el siglo XV en Alemania “y en siglos posteriores tuve otras vidas en otras partes de Europa y también en el oriente”.

Paracaidista con innumerables aterrizajes forzosos, le dejaron 17 fracturas en todo el cuerpo. Con esos desgarros asumió una manera de vivir, imagino que con mucho dolor. Por cierto, nació el 6 de julio de 1955 en un pueblo guariqueño llamado Las Mercedes del llano. Su madre fue maestra de primaria y su padre trabajador petrolero.

Ingresó a la Academia Militar, cursó estudios en esta especialidad en Estados Unidos en la década de los años 90, y admitió que conspiró desde que era teniente en las logias militares subterráneas, hasta la toma del poder en 1998. Ejerció como secretario de su amigo-presidente por un breve período, fue comandante general del Ejército y ministro de la Defensa entre 2006 y 2008. En 2009 es arrestado e inhabilitado. Muere su verdugo en 2013 y él sigue tras las rejas hasta 2015, cuando recibe libertad condicional. Pero dos años después es encarcelado nuevamente. Su trágico calvario se prolongó por 12 años, hasta que su cuerpo no resistió más. Sometido a agresiones, torturas, vejámenes, humillaciones y todo tipo de privaciones, su estoica humanidad colapsó el 12 de octubre de este año.

El viacrucis de Baduel me plantea si en algún momento surge algún dilema en la psiquis de estos “soldados”: entre salvar a un poderoso, pero condenar a 30 millones de seres humanos. Por lo que le dijo a Milagros Socorro, infiero que nunca pensó en el pueblo venezolano, cuando dirigió la operación “rescate de la dignidad”, que restituyó en el poder a quien más adelante sería su más encarnizado y mortal enemigo.

Agridulces

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