lunes, 17 de enero de 2022

Dudas en la élite socialcomunista

Su socialcomunismo es más profundo en la medida en que se adueñan de todas las riquezas de este país, del erario público, canonjías, privilegios, prebendas y prerrogativas de toda índole.

Su socialcomunismo es más profundo en la medida en que se adueñan de todas las riquezas de este país, del erario público, canonjías, privilegios, prebendas y prerrogativas de toda índole.

La casta enquistada y enmacollada sólo duda para beneficiarse. Pase lo que pase, siempre tratan de apropiarse de la razón y patrimonializan su verdad que imponen a sangre y fuego. Su narrativa es hegemónica y sus candidatos están condenados a ganar, aunque sean los peores. Pues la institucionalidad es una aceitada maquinaria para perpetrar todos los desmanes que les sean favorables. Sus engranajes se activan para complacer los caprichos de la élite dominante, que es más abusiva y arbitraria en la medida que pierde popularidad entre aquellos que dice defender y en cuyo nombre gobierna. El ejemplo más reciente se produjo el 21 de noviembre, en los dominios de un linajudo patriciado llanero de ideología socialcomunista.

Su socialcomunismo es más profundo en la medida en que se adueñan de todas las riquezas de este país, del erario público, canonjías, privilegios, prebendas y prerrogativas de toda índole. Su opulencia contrasta con la miseria extrema en la que sobrevive la totalidad del pueblo venezolano. Situación que les resulta de lo más normal y que no les altera su regalada existencia. Centrada en los placeres de la carne, en poseer y acumular, en gozar sin límite, disfrutar como voluptuosos sibaritas, mientras son arrullados por juglares que les cantan las mañanitas con mariachis.

La cúpula -podrida hasta la médula con los dineros que les sustraen a los venezolanos- tiene breves espacios para un dubio circunstancial. Me explico. Al momento de elegir entre un vino francés o un escocés de 24 años que reposa en sus bodegas. También pueden vacilar entre salmón, mero, bacalao o lomito con alguna salsa exquisita, preparada por un chef de renombre, que se ocupa de los fogones de palacio. Digo fogones miraflorinamente. Porque los verdaderos -esos que se han masificado para acompañar nuestra haitiana pobreza- se levantan sobre tres topias y se usa leña, tomada de algún árbol muerto en cualquier lugar del campo o la ciudad. Porque el gas es un lujo y las cocinas eléctricas funcionan precariamente.

Otra razón que los pone dubitativos -como el pensador de Rodin con la mano en la barbilla- es cuando deben decidir en torno al destino para deleitarse con unas merecidísimas vacaciones. Quizás en estos días tengan menos abierto su abanico de posibilidades, porque algunas de las cabezas de la élite dominante tienen precio en el mercado de los “wanted”. Pero el camarada AMLO le tiene abiertas las puertas de par en par, como pitcher del grupo de Puebla. En ese país tienen lo más exclusivo en Cancún, Acapulco, Puerto Vallarta, et al, con los mariachis y cantantes que les provoquen, incluido Pablo Montero. En Varadero los atenderán a cuerpo de rey, así que para el disfrute y deleite de la cúpula hedonista siempre habrá paraísos tropicales.

Como ontológico puede calificarse cuando dilucidan en torno a la adquisición de otro auto, que revalorice su colección. Su sesera no descansa mientras deciden si lo más conveniente es un Audi, una Hummer, un BMW, un Mercedes Benz o un Bentley o comprarlos todos. Es más o menos lo que les ocurre con los perfumes, los relojes, los jets, los yates, la ropa o los zapatos. Un verdadero dolor de cabeza es vestir sus cuerpos exquisitos, pues el dilema es hacerlo con trajes hechos a la medida en Francia, Italia, España e incluso en el imperio a pesar de las sanciones. Sus delicados pies merecen trato preferencial porque sostienen sobrepesos y obesidades. Por eso Gucci, Ferragamo, Jesús Cánovas, Manolo Blahnik, Cristian Louboutin o Brian Atwood son algunos de los artistas del calzado, a quienes estos potentados les contratan sus zapatos.

Alguna hesitación altera su paz espiritual cuando eligen otra comuna para vivir. Compartir con camaradas y/o compatriotas es dilemático por sus sensibilidades. Por eso barruntan mucho con relación a si les conviene El Hatillo, Terrazas del Ávila, La Lagunita, o si se hacen propietarios de una calle completa para estar con la familia extendida, en plan tribu socialcomunista.

Cuando se trata de belleza y de los imperativos de la eterna juventud los reparos son de mayor calado. Con la latonería y pintura de la cúpula no se improvisa. Por eso sólo los mejores escalpelos de los más afamados cirujanos estéticos podarán la imprudente piel sobrante de una vejez indeseada. Estirados siempre, y eso no tiene precio.

Agridulces

Otra maldición gitana será que el anodino Jorge Arreaza o el falsario Claudio Fermín gobiernen Barinas. Este sufrido pueblo llanero puede evitarlo si vota, masivamente, por Sergio Garrido.

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