domingo, 9 de mayo de 2021 | 12:37 AM

A esa maestra, al valor de la vida misma

“Un educador que no tiene zapatos porque su sueldo no se lo permite o hace acrobacias para mantener a su familia ha de encontrarse diariamente con su espacio laboral derruido y con la responsabilidad de un número de alumnos en condiciones de emergencia humanitaria”, sostiene Otto Jansen en su última entrega.

Llueve en estos primeros días de enero; se prolongan luego de las precipitaciones decembrinas que también describimos por aquí. Es una llovizna menuda y fría que se “antoja” de caer en horas de inicio de faenas cuando hay que acudir al trabajo (en lo que se entiende hoy en Guayana y en el resto del territorio nacional), hacer las filas que impone el caos económico o a la escuela. Cuando termina el horario escolar y ya los niños van de regreso a sus casas.

El sonido que propicia el agua en la vialidad resalta a los padres agarrando a los pequeños e intentando guarecerse. Les acompañan las incontables dificultades para trasladarse en el escaso transporte público, paralizado en las enormes colas que surcan la ciudad, debido a la crisis de combustible. Las imágenes nos ubican en los alumnos y en el esfuerzo docente que subyace a propósito de la celebración el 15 de enero, día del Educador, que por supuesto no ha tenido nada de alegrías y que solo por los gritos de algunas voces gremiales que piden atención a las precarias condiciones del ejercicio y a los dramas compartidos con alumnos y comunidad educativa en general; nada que no se parezca a la situación de ruina y calamidad en donde se encuentran todos los sectores laborales venezolanos, les distingue o les hace diferente.

Días oscuros para el país, que observa morir a la infancia y los sueños, mientras las batallas por la recuperación del orden constitucional se centran -en ciega percepción- en la responsabilidad exclusiva de los políticos.

Pero las maestras (en un área monopolizada por la presencia de la mujer), y docentes de todos los niveles del sistema público y privado, que tienen décadas sufriendo por el apego a la vocación, y que con las improvisaciones y marcada ideologización del proceso revolucionario, contemplan la pulverización de un salario por sí marginal; miran la reducción a escombros de la infraestructura escolar, las complacencias familiares y grupales en asignación de cargos de dirección y atención de las aulas. La aniquilación lenta, siempre bajo el protectorado de la revolución bolivariana que ha desaparecido los valores primordiales de una sociedad aspirante al progreso y la libertad. La ESCUELA agoniza.

Pénsum de la democracia

Un educador que no tiene zapatos porque su sueldo no se lo permite o hace acrobacias para mantener a su familia, ha de encontrarse diariamente con su espacio laboral derruido y con la responsabilidad de un número de alumnos en condiciones de emergencia humanitaria.

La periodista Jhoalys Siverio en reportaje del 23 de diciembre, con representantes del gremio: “Para Yaritza Viña, secretaria general nacional de la Federación de Profesionales de la Docencia-Colegio de Profesores (Fenaprodo – CPV), la caída de la matrícula en escuelas por la deserción escolar liquida la posibilidad de ascenso y desarrollo social del venezolano. Esto en parte por la crisis económica, que incide en el abandono de aulas, tanto de los alumnos como docentes que buscan mejores salarios y calidad de vida (…) Significa que también en el estado Bolívar se ha dado el abandono de la educación por parte del sector oficial, lo que ha traído como consecuencia la migración docente y la deserción escolar en cifras que ya superan 40%, a consecuencia de la baja que ha tenido la oferta gubernamental respecto de garantizar, tanto docentes bien remunerados, como espacios escolares adecuados, alimentación, transporte y seguridad, así como la posibilidad de adquisición de uniformes y útiles escolares por parte de padres y representantes, explicó”.

Los entre 1.300 y 1.500 planteles públicos en Guayana son una pequeña muestra del universo regional plagado de carencias y atrofias. ¿Puede, desde la palanca educativa, proyectarse la recuperación de la formación, capacitación moral y ética para los venezolanos y concretamente para el desbordado estado Bolívar? Siendo un desafío de grandes proporciones, tomando en cuenta episodios recurrentes de la historia del proceso educativo, la repuesta es que es absolutamente posible.

En la construcción de un nuevo paradigma para el venezolano, el DIÁLOGO SOCIAL entendido como la convivencia civil, profundización de la modernidad en el desarrollo económico, social, político e institucional, encarna la proclama y la meta hacia el país ciudadano, trabajador y responsable. Un diálogo centrado en la cultura crítica, libertaria e igualitaria: rasgos enraizados en el alma nacional. De hondas convicciones en el pensamiento y práctica de la democracia, con rasgos prioritarios en el humanismo y la justicia social; conceptos que deben provenir del pénsum en el aula de la educación nacional, superando el shock de 20 años de dislates rojos.

“La educación posible”

“Me atrevo a decir que el legado de Habermas no será tanto su inmensa obra escrita como ese aprecio hacia lo público y lo común, que es más una virtud cívica, una actitud intelectual, que una teoría. Habermas es, antes que nada, un entusiasta de la conversación, alguien convencido de que cuánto vale la pena ha sido el resultado de una empresa común, de lo que hemos dicho y hecho entre todos. Su preocupación fundamental ha sido siempre cómo proteger y mejorar ese espacio de la intersubjetividad porque es ahí donde realizamos los verdaderos descubrimientos y, sobre todo, el lugar en el que se edifica la convivencia democrática”. Párrafo de entrevista del diario El País al filósofo alemán, Jurgen Habermas, 10-05-2018. Recuadro titulado El guardián de la conversación”, por Daniel Innerarity.

Apreciamos la importante reflexión como exhortación a la realidad venezolana actual en la tarea de cultivar la intersubjetividad que claman los venezolanos. La necesidad de desarrollar la cotidiana conversación nacional decentemente; aquella que proporcione utilidad, riqueza cívica y moral.

“La recuperación del país requiere de la implementación de una nueva generación de políticas educativas, donde las escuelas están llamadas a cumplir funciones que trascienden lo estrictamente curricular, también deben ser instancias promotoras, implementadoras y contraloras de la ejecución de acciones/programas relacionados en alguna medida con un desempeño escolar más elevado y con el bienestar de su comunidad. En ese proceso serán muy importantes los niveles de liderazgo que puedan manejar tanto el personal docente como el directivo. También será necesario que con el rescate del proceso de descentralización no solamente se fortalezca la transferencia de competencias a los gobiernos regionales y locales sino que también se confiera a los directores de las escuelas cierto grado de autonomía y de estímulo para mejorar la calidad de la educación que ofrecen y movilizar recursos humanos y materiales”, de La Educación posible, una agenda más allá de 2030, de Anitza Freitez, en el texto El reto con dignidad. Esperanza, rebeldía y movilización, de ediciones especiales UCAB-Konrad Adenauer.

Un apunte directo para el objetivo de recrear a Venezuela y a Guayana. Con la palabra y desde el valor de maestras y maestros.

Trocitos…

– “@luisbeltranf. Bolívar es un estado que merece mayor atención por parte de la oposición democrática. Somos un estado clave para recuperar la economía y rescatar la democracia. Nuestro destino no puede dejarse al azar, a los espontáneos y menos a los voluntaristas. Es tiempo de entenderlo”.

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