jueves, 23 de septiembre de 2021

50 sombras de Grey: el final feliz que nunca debió escribirse

La saga que estuvo en boca de todos por cuatro años quiso ser revolucionaria pero sus maniobras terminaron en otra ficción vacía.

@francescadiazm

El sadomasoquismo es un comportamiento socialmente rechazado; complejo, abyecto y difícil de tratar. Como toda opinión debe estar fundamentada, será la voz del sexólogo Hernando Restrepo quien me guiará en la interpretación de la trilogía que puso el tema del sexo y las parafilias como debate social.

Las parafilias y los trastornos parafílicos responden a conceptos similares, solo que el primero implica un gusto atípico pero inofensivo. El trastorno parafílico daña a alguno de los involucrados en la relación sexual. Es una diferencia simple pero esclarecedora. Si uno ha leído 50 sombras de Grey, puede reconocer que lo de Grey era un trastorno parafílico ocasionado por un trauma de su infancia. Mi primer cuestionamiento es saber si es posible que un paciente con una infancia como la expuesta por la británica Erika Mitchell, autora de la trilogía, pueda desarrollar una patología de este tipo. Hernando Restrepo afirma que es posible que alguien con un desarrollo poco saludable y desinformación pueda desarrollar una parafilia.

En su relato, la autora nos presenta una situación cliché: una protagonista que destila pureza desde sus cabellos castaños, impoluta, torpe y, aparentemente, poco exitosa con el sexo masculino, Anastasia. Como contraparte está Christian Grey, quien camina sobre el mármol de su corporación, cuenta con escoltas a su servicio y asistentes en su lujosa oficina donde, literalmente, Anastasia irrumpirá de golpe. Hasta ahora, la típica historia juvenil; sin embargo, este cóctel trae un elemento inesperado, el señor Grey es un sádico que se enamorará sin motivo aparente de la estupidez de Anastasia.

Desde el punto de vista clínico, los males de Grey son posibles. Aforismo que ha sido constantemente cuestionado por las feministas que protestan luego de la aparición cinematográfica de la historia. Desde esta visión, confirmo mi teoría de que la historia no está tan mal fundamentada como se piensa, es decir, tuvo elementos que podrían haber funcionado. El principal problema es su protagonista, Anastasia no es la única narradora, ya que conversa constantemente con su subconsciente, al que ella denomina “diosa interna”. Es un personaje bastante plano, falto de carácter y realismo, que va y viene a través de la historia con muy poca evolución. ¡No muestra emocionalidad aun cuando un hombre millonario le ofrece el mundo en una caja de regalo! Ella parece no sentir nada, o al menos muy poco, cuando se ve rodeada de faustas y látigos. Ni siquiera se le crispan los cabellos en el momento en que le ordenan ir al cuarto del sexo. Es increíble cómo con tantas situaciones límite, ella no parece mostrar un ápice de emoción. Es por lo mismo que el libro no logra transmitir mucho, porque ella no conmueve.

Aunque el arte no tiene moralismos, el perfil psicológico de la protagonista es muy débil y en ese argumento se sostiene la crítica. Grey está mejor narrado. Logras convencerte por momentos de su encanto natural y sus buenas intenciones con la protagonista. Es un personaje no con buenos matices, pero ciertamente con características llamativas e interesantes. Sin embargo, uno siempre puede predecir su reacción y cómo actuará ante el rechazo poco convincente de Anastasia, cuya autora insiste en que es un personaje complejo y una heroína, pero como lectora me llama la atención que, supuestamente, tiene una inteligencia desbordante que no usa para tomar ni una sola de sus decisiones.

Bien, pero son pocas las personas interesadas en la profundidad de los personajes (para mala suerte de la literatura), pues no es exagerado aseverar que todo el mundo abrió el libro con la intención de encontrar sexo. No es muy diferente a algo que ya se haya escrito o a la típica historia romántica con momentos calientes. Repetitivo sí. Páginas y páginas del libro se van en escenas sexuales. Concedo un logro a la autora: una descripción magistral. Cada escena de sexo abarca alrededor de cuatro páginas plagadas de detalles y sensualidad. Atrevido y poco común leer algo tan explícito, pero que luego del primer libro no basta para sostener la historia.

El libro no consigue hacernos comprender lo que realmente está pasando entre los protagonistas. ¿Lo volvería a leer? No. Pero como texto, significó cierta aceptación cultural para las parejas que gustan de estas prácticas sexuales y, desde el punto de vista de la conducta sexual, pueden llegar a funcionar. En cuanto al mensaje, el verdadero problema es la poca definición de la protagonista y la violencia de género tan marcada que se puede percibir en Christian Grey. Esto sí está mal normalizarlo. La imagen mostrada por el libro no es fiel al sadomasoquismo que puede contar con practicantes afines, que consienten la práctica y no induciría a nadie a abandonar toda su vida, principios y creencias para iniciar una relación romántica. Es inverosímil que una mujer que sin ningún tipo de experiencia acceda a estas prácticas y puedan efectuarse de manera saludable, menos de la manera en la que lo aborda el texto. Además, el doctor Restrepo, sexólogo colombiano, aduce que es difícil que una persona deje totalmente estas conductas, como se plantea en la historia que le sucedió a Grey.

Toda narrativa debería contar con una intención, un control y un manejo de los elementos que buscan emitir un mensaje que a veces puede o no ser comprendido. Lo que sucede con 50 sombras de Grey es que la inexperiencia de la autora y sus declaraciones la hacen ver como una historia poco pensada. En los últimos años se ha estudiado la violencia basada en género para erradicar estos abusos. Desde lo más simple, como las terminologías, hasta la interpretación de los hechos. Entonces, es fácil leer entrelíneas y darse cuenta de que esto busca plantear una historia de amor verdadero, que funciona. Cuando se toca el tema del estupro, el abuso y el maltrato hacia la mujer, va más allá del tema del sadomasoquismo. Se trata de una historia que busca hacerse ver como revolucionaria, pero termina siendo una apología a los clichés narrativos, a los personajes que tienen uno o tres rasgos de carácter y a convencer al lector de que una relación romántica es motivo para dejarse ir y abandonar cualquier convicción que se tenga porque finalmente el amor transformará la situación.

Los índices de violencia de género y feminicidios hasta relativamente poco han tomado importancia. Este tipo de historia que romantiza el abuso; erotiza la violencia y nos otorga un final de cenicienta y esa sensación de serenidad luego de estar plagada de inconsistencias es mi verdadero problema con el libro. El tema fue concebido con cierta inteligencia, y aunque muchos dicen que ya se había escrito, fue esta mujer la que lo ha adaptado a nuestro siglo y eso lo aplaudo, pero la distorsión y el contexto irrealista no permiten que la historia surja y tenga el efecto deseado. Tanto así que tiene un público adolescente que esperaba el DVD porque no tenían edad para verla en cines. Una temática fuerte para menores, pero una historia muy jocosa para adultos que sí podrían consumir el tema que se quiso tocar. Así que es difícil decir a quién está dirigido.

Tocar temas que pueden resultar tabú es plausible. Retratarlo de esta manera y llamarlo literatura es, por decir poco, vacío.

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