La obra de Todd Phillips, protagonizada magistralmente por Joaquín Phoenix, se autoproclama como la envoltura perfecta para mostrar los inicios del villano más interpretado en la cinematográfica hollywoodense.

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Joker se apropia de un universo de Batman muy similar al creado por Christopher Nolan para ahondar en la psique de uno de los villanos más incomprendidos de los comics

Las luces se apagan. Rueda el carrete: una nueva temporada de premios que acompaña el comienzo de un convulso 2020 con películas que profundizan en la guerra, en enfermedades psicológicas, en el feminismo, en crímenes y, no menos importante, en las relaciones interpersonales.

Podemos decir que en esta carrera hay de todo un poco, pero lo que no puede faltar cada año es la radiografía de Hollywood. ¿Qué piensa la meca del cine? ¿Qué quiere que pensemos los espectadores?

La tendencia reciente del cine de superhéroes lleva tatuada la palabra empatizar. Los storytellers han volcado gran parte de sus energías en humanizar a los superhéroes y acercarlos al público sin dejar a un lado la espectacularidad que el concepto heroico requiere. El arte de contar historias es la premisa del cine, claro. Y en las cátedras dedicadas al tema audiovisual se hace mucho énfasis en crear la atmósfera adecuada para que el espectador pueda sentir y apropiarse de lo que ve en la pantalla. Exactamente es lo que pasa en la once veces nominada al Oscar de este año: Joker, de Todd Phillips.

Oscuridad. Caos. Autodestrucción

Estamos frente a una de las películas más incómodas de los últimos tiempos. Pues a pesar de la imagen ya labrada del famoso Guasón de Batman, estratega criminal con traumas de la infancia, interpretado múltiples veces por actores como Jack Nicholson, Heath Ledger y Jared Leto; ahora nos encontramos con un Guasón menos estratega y más trastornado, a cargo de Joaquín Phoenix.

¿Qué pretende esta nueva entrega? Bueno, así como el auge de las películas de superhéroes apunta a humanizar a los salvadores del mundo, hemos llegado a la otra cara de la moneda: empatizar con el villano.

Joker se apropia de un universo de Batman muy similar al creado por Christopher Nolan para ahondar en la psique de uno de los villanos más incomprendidos de los comics. ¿Cómo lo hace? Viajando a los años 70, donde conocemos a un joven Arthur Fleck incapaz de amoldarse a la sociedad, con dificultades para establecer relaciones interpersonales.

Calcando a Scorsese

Intencionalmente o no, Phillips y compañía crean a un personaje con pedazos del Travis Bickle de Taxi Driver y el Rupert Pupkin de The King of Comedy, ambas películas de Martín Scorsese y ambos personajes interpretados por Robert De Niro.

De Bickle toma la fuerte convicción de que todo lo que hace está justificado, especialmente lo malo: el Guasón de Phoenix es capaz de matar y tener una razón lógica para hacerlo, asegurando que hizo lo correcto.

 
 


De Pupkin toma la percepción difuminada de sí mismo. El Arthur Fleck de Phoenix quiere ser comediante, en su cabeza es uno muy bueno, pero la verdad es que no es nada gracioso y causa más incomodidad que risa.

Phoenix está en su elemento, prácticamente tiene el Oscar en la mano.

El actor es capaz de transformarse en este inadaptado para explicarnos un poco más la psique del famoso villano, pero el personaje está muy lejos de ser esa mente criminal que hace frente a Batman, quizás se deba a que le falten años de experiencia, por decirlo de alguna manera, pero no ofrece ningún tipo de indicio de mejora: es simplemente una persona con trastornos mentales, incapaz de diferenciar lo bueno de lo malo.

Ciudad Gótica

Las comparaciones son odiosas, pero necesarias. Para Christopher Nolan y su trilogía del Dark Knight, Ciudad Gótica era un personaje más, es el fondo. La personificación de la desidia y la desesperanza son el escenario perfecto para moldear a un superhéroe como Batman.

   


Para Phillips y su Joker, Ciudad Gótica es un adorno, es la forma. El director y Lawrence Sher, su director de fotografía, cuidan tanto la estética que cada toma provoca enmarcarla. Las mejores fotografías de la New York mafiosa de los años 70. Allí es donde palpamos la atmósfera, allí podemos empatizar con el pobre muchacho trastornado, pero allí nunca podríamos imaginarnos que ese rarito se podría convertir en una mente maestra del mal. Solo vemos al humano que no encaja, que no sabe cómo obtener respuestas y que tiene en mente una venganza alimentada por el mismo entorno, no vemos al villano, ni mucho menos la estrategia para “hacer justicia”. Y allí es donde toca preguntarse: ¿Qué quiere Hollywood que piense el espectador?

Hace doce años, Harvey Dent aseguraba en Dark Knight (2008) que “mueres siendo un héroe o vives lo suficiente para volverte en un villano”, ahora el Guasón le da una vuelta de tuerca a la frase generando empatía y dando razones al espectador para justificar su conducta. Entonces, ¿un villano con motivos para serlo sigue siendo un villano?

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