domingo, 19 de septiembre de 2021 | 12:14 AM

Reprimieron a jubilados y pensionados que ejercieron protesta nacional por una pensión digna

Pese a la pandemia jubilados y pensionados siguen saliendo a las calles, al menos en Caracas. Los pocos ingresos económicos los obliga a romper la cuarentena para percibir dinero ya sea en la venta de mercados informales o buscando efectivo en entidades bancarias.

Los jubilados y pensionados protestaron este jueves en distintas regiones del país exigiendo pensiones y pago de jubilaciones justos. En Bolívar, aunque no hubo reclamos, los pensionados declararon y se manifestaron en redes sociales en contra del deterioro del parque industrial y, con ello, en contra de la liquidación del patrimonio al que le dedicaron años de trabajo.

La protesta fue convocada con la etiqueta #PensionesDignasYa, y obtuvo respaldo nacional e internacional, así como la participación de líderes políticos que se sumaron a la consigna por unas pensiones dignas. En Caracas los extrabajadores del metro fueron reprimidos por la Policía Nacional. Según el reporte del medio Efecto Cocuyo, los cuerpos de seguridad detuvieron al periodista Carlos Julio Rojas, coordinador del Frente en Defensa del Norte de Caracas y apresaron a Juan Ovalles, presidente la Asociación de Jubilados y Pensionados del Metro de Caracas (Ajupemeca).

“Es un desastre lo que está pasando aquí”, manifestó Noel Grillet, presidente de la Asociación de Jubilados de CVG Ferrominera Orinoco, al tiempo que condenó la represión. El salario que recibe un jubilado de la estatal en el mejor de los casos no sobrepasa el millón 200 mil bolívares, los cuales representan menos de cinco dólares.

Aparte de ello, la caja de alimentos que surgió como una compensación adicional al bono de alimentación que mensualmente pagan por ley tanto a trabajadores activos como pasivos, durante la presidencia de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro ha ido limitándose. Ahora se ha reducido a una asistencia social similar al de los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP), la cual es casi inexistente.

Grillet señaló que aparte de los bajos salarios, las ayudas alimenticias son casi nulas. En los últimos 20 meses las cajas de alimentos apenas han llegado unas dos veces, cuando les prometieron que llegaría cada 15 días.

Indicó que el tema de salud también es delicado. Calcula que al menos el 60% de los jubilados de Ferrominera tiene problemas en los riñones, diabetes o hipertensión. “Necesitan tratamiento permanente”, dijo, por lo que exige que se les garantice la salud por la que trabajaron años en las empresas.

Resaltó que muchos jubilados y pensionados ahora van al centro de San Félix o al mercado de Chirica para generar un ingreso aparte, dado lo insuficiente que es el pago por parte del Estado.

“¿Cómo podemos quedarnos en casa si no tenemos que comer?”, preguntó Grillet. Exigió que se garanticen políticas para tener una vida digna, sobre todo en estos momentos donde los casos de COVID-19 van en aumento. “Nosotros somos más vulnerables (…) estamos más expuestos a la pandemia”, denunció.

Sin acceso a alimentos

  
Los bonos entregados por el Gobierno nacional no superan los 5 dólares por lo que no mejoran las graves carencias alimenticias de jubilados y pensionados | Foto William Urdaneta | Archivo

En Bolívar la carne de res vale 780 mil bolívares, un cartón de huevos puede costar hasta 650 mil bolívares, mientras una harina de maíz precocida se encuentra en 240 mil bolívares. En total, estos tres productos representan casi el ingreso total de un jubilado de alguna empresa básica y un rubro por si solo duplica el pago de un pensionado del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) que es de 400 mil bolívares mensuales: 1,6 dólares.

“Estamos desvalidos”, indicó Eleazar Rojas, jubilado de Bauxilum. El millón de bolívares que les depositan, más los 400 mil bolívares, no garantizan dignidad ni para los jubilados ni para su familia. “Cuando un trabajador está maltratado, mal pagado, la familia también es maltratada”, dijo.

En ocasiones le ha tocado depender de conocidos para alimentarse. Hace 30 años, recuerda, los ingresos de un jubilado y pensionado permitían mantener a una familia, pero actualmente estos ingresos no son suficientes para productos básicos. Rojas comentó que gastó 280 mil bolívares de la pensión para comprar medio kilo de queso pero que el resto será insuficiente para otro producto.

A los jubilados les ha tocado pasar a la informalidad laboral, vendiendo “teticas” de azúcar, café o leche o migrando a zonas rurales para trabajar en el campo. “La gente tiene que salir a ver cómo vive”, expresó.

Señaló que, aunque el gobierno se propagandeé como obrerista, la realidad es otra ya que las medidas que se toman no benefician en nada a los trabajadores. “Aquí no hay políticas públicas, hay políticas de sometimiento”, indicó.

Jubilados de educación

Judith Poleo, maestra jubilada, lamentó las condiciones en las que se mantienen los jubilados y pensionados de todo el país. Señaló que están lejos de acceder a un sistema de salud de calidad o alimentarse de forma correcta pese a sus avanzadas edades.

Un maestro jubilado tipo 4, por ejemplo, cobra quincenal no más de 1 millón doscientos lo que no alcanza para vivir dignamente.

Indicó que es preocupante cómo los ancianos tienen que romper la cuarentena para vender en mercados informales o irse a entidades bancarias a retirar efectivo, sobre todo cuando no hay garantías de salud por organismos del Estado. “¿El que se enferma como va enfrentar el virus?”, preguntó.

En vez de otorgar bonos el gobierno debe generar mejoras en los salarios y beneficios para que las personas puedan quedarse en casa, defendió. Hay grandes carencias alimenticias que están generando desnutrición en los jubilados y pensionados: “Parecemos unos esqueletos ambulantes”, sentenció.

En el país hay más de cuatro millones de pensionados, algunos viven solos dada la migración de familiares por la emergencia humanitaria compleja. Han bajado de peso y se ven obligados a pasar más de cinco horas en un banco para acceder a efectivo que les permita comprar los mínimos alimentos para sobrevivir.

Luego de trabajar por más de 30 años en instituciones del Estado las políticas del gobierno los han dejado vulnerables en medio de una crisis sanitaria que cada vez se sale más de control.

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