sábado, 27 de noviembre de 2021

Economía informal en pandemia: “saliendo se vende algo, si no salimos ¿qué comemos?”

Los vendedores informales del centro de San Félix desde hace un año luchan y hacen malabares para sobrevivir a la pandemia que agudizó la crisis económica que padece Venezuela. | Foto José Rivas

Los vendedores informales del centro de San Félix desde hace un año luchan y hacen malabares para sobrevivir a la pandemia que agudizó la crisis económica que padece Venezuela. | Foto José Rivas

@g8che | @joelnixb

Con el decreto de confinamiento instaurado en Venezuela desde marzo de 2020 a raíz de la pandemia por la COVID-19, la golpeada economía del país entró en un periodo de mayor incertidumbre, siendo los más afectados quienes se mantienen del día a día como los vendedores informales.

La caída generalizada del empleo y la salida de la fuerza de trabajo ha afectado
con mayor intensidad a mujeres, trabajadoras y trabajadores informales,
jóvenes y migrantes”
Cepal

En el centro de San Félix, populoso sector comercial del municipio Caroní, en el estado Bolívar, los vendedores no pudieron acatar el tan requerido “quédate en casa”, porque en casa la poca comida se acababa y había que reponerla trabajando en las calles.

“Si uno no sale no vende nada, no lleva nada a la casa (…) saliendo se vende algo, si no salimos ¿qué comemos?”, preguntó Ruperto Barrón, un vendedor de ropa en un pequeño puesto del transitado centro. En la misma situación que Ruperto están cientos de vendedores informales quienes a diario salen a trabajar, pese a no tener garantías de bioseguridad.

Caída de las ventas 

Según el informe de ONU Mujeres sobre la pandemia de la COVID-19 y sus efectos económicos, la economía informal concentra un número más alto de mujeres, pues en el mundo 58% de ellas trabaja en este sector y durante el primer mes de la pandemia, las trabajadoras informales perdieron, en promedio, el 60% de sus ingresos.

Claribel Palomo, quien comenzó a vender empanadas antes de la llegada de la pandemia en el centro de San Félix, explicó que fue en marzo de 2021 cuando su situación se complicó aún más. “El Día del Niño fue que las ventas estuvieron fluidas, pero los demás días se ha visto duro, fuerte”, relató.

Aparte de la pandemia, Venezuela sufre graves problemas estructurales desde hace varios años. Desde el 2013 hasta la fecha, ha tenido una contracción económica de más de 80 puntos. Según la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela, el gremio empresarial más importante del país, desde 1998 hasta 2019, el número de empresas productivas cayó de 620 mil a apenas 250 mil.

Esto en la ciudad industrial más importante de Venezuela, Ciudad Guayana, ha causado grandes daños a nivel social. Años atrás voceros del gobierno se referían a esta urbe como “emporio industrial” y fue promocionada por el gobierno de Hugo Chávez como la alternativa económica no petrolera del país.

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, apenas 5 de cada 10 bolivarenses están activos económicamente, lo que aumenta la vulnerabilidad de las familias. “Ahorita las empresas no están trabajando como antes, a juro hay que trabajar en la calle porque si uno no trabaja ¿cómo uno hace?”, preguntó Palomo.

Otra vendedora de alimentos, que prefirió mantener su nombre bajo reserva, manifestó que la pandemia agravó duramente las ventas. Pasó de comercializar pacas de alimentos a vender los rubros por unidad. “Ya no se vende ni una paca”, lamentó.

Además de lo limitado de las ventas, cualquier ganancia se ve mermada cuando reduce los precios de sus productos para darles mayor salida. “A veces digo: ay Dios mío no aguanto más, pero tengo dos niños, tengo que seguir”.

Empujados a la informalidad 

De acuerdo con el antiguo presidente del Consejo Nacional del Comercio y los Servicios, Felipe Capozzolo, en 2020 más de 75 mil comercios cambiaron de ramo o pasaron a la informalidad. Cambio consecuencia de las restricciones impuestas a la actividad comercial por la pandemia, que permite trabajar a la mayoría de los sectores solo durante dos semanas al mes.

Las ventas diarias que hacen es el único ingreso que pueden tener, por lo que es indispensable salir todos los días para sobrevivir | Fotos José Rivas

Ángel Barrientos tenía desde hace 16 años un local de venta de ropa, los precios del alquiler y la caída de las ventas lo llevaron a migrar sus ventas a la informalidad con productos más básicos, ahora tiene menos restricciones de apertura, pero está más expuesto a la COVID-19.

Hoy tiene un pequeño puesto de embutidos en una de las esquinas más transitadas del centro, pero también con menos medidas preventivas contra el virus. “Cuando comenzó a incrementar el contagio muchos no venían, pero otros salían por la misma necesidad de buscar la comida”, dijo. “Muchos decían que me mate el COVID, antes que me mate el hambre”.

Con el inicio de la vacunación espera puedan revertirse las restricciones y tener un respiro, luego de más de un año de un esquema que limita el trabajo. “Esperemos que con esta vacuna se abra la economía para trabajar mejor”

Una realidad latinoamericana

La pandemia no solo arrasó con muchas vidas, sino con muchos bolsillos. A raíz de la emergencia sanitaria que atraviesa el planeta la economía se paralizó, los números se fueron abajo, la aparente estabilidad que tenían algunos países se tambalea y los problemas se agudizaron en naciones que ya tenían acentuadas crisis económicas, como Venezuela.

En Latinoamérica el impacto es notorio, al menos 26 millones de empleos se perdieron como consecuencia de la COVID-19, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el año pasado la región tuvo una caída del producto interno bruto de 8,1%, según cálculos del Fondo Monetario Internacional.

Como piezas de dominó unas tras otras, las acciones que tomaron los gobiernos latinoamericanos para poner freno a los contagios desataron un escenario complejo: se cerraron o redujeron actividades económicas, se elevaron las tasas de desempleo, se pararon las inversiones y el envío de remesas disminuyó. Todo este compendio de acciones solo llevó a un aumento de la desigualdad y la pobreza.

Aunque alimentos sigue siendo lo más demandado por los ciudadanos, las ventas de los rubros igual han caído 

De acuerdo con el informe anual de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en 2020 las cifras de pobreza en la región alcanzaron estándares que no se habían apreciado en los últimos 20 años:

El total de personas pobres ascendió a 209 millones, 22 millones de personas más que en 2019. Alcanzando una tasa de pobreza extrema de 12,5% y una tasa de pobreza de 33,7% en los países latinoamericanos.

El documento explica que la pandemia develó las desigualdades estructurales que tienen las sociedades latinoamericanas, donde los altos niveles de desigualdad y la desprotección social están en la cima de la lista.

“La caída generalizada del empleo y la salida de la fuerza de trabajo ha afectado con mayor intensidad a mujeres, trabajadoras y trabajadores informales, jóvenes y migrantes”, detalla el informe.

Por su parte, la OIT señala que con la crisis generada por la pandemia se produjeron en la región contracciones muy pronunciadas en los trabajos formales e informales, siendo los más afectados los informales. “Por ese motivo la tasa de informalidad se redujo (temporalmente), en el marco del colapso generalizado en la demanda de empleo, especialmente en los primeros meses de la pandemia”, expresa el estudio.

Tal es el caso del movimiento de banderas blancas que se gestó en El Salvador, donde más de 93 familias del municipio de Tonacatepeque -en su mayoría integradas por vendedores informales- caminaron a mediados de 2020 por las calles de esa localidad o colgaron en sus viviendas telas blancas para pedir ayuda debido a que no podían trabajar por las restricciones de la cuarentena y sus alimentos escaseaban.

Manuel de Jesús Pérez, miembro de la junta directiva del lugar, declaró a la agencia EFE que “las banderitas blancas se ubicaron porque hay bastante necesidad, hay personas que no tienen víveres (…) se están agotando los alimentos básicos”.

El comercio informal es el único salvavidas de quienes quedaron desempleados o vieron su negocio caer por las restricciones de la cuarentena

Algo similar ocurrió en Colombia, en Altos de Cazucá, comuna de Soacha, un municipio de 1.200.000 habitantes en Bogotá. En esa localidad las personas, colgaron paños rojos en las ventanas de sus hogares como símbolo de protesta contra la desigualdad, la pobreza y las neveras vacías por falta de trabajo.

En otras partes de la región, así como en el centro de San Félix, pese a que los vendedores informales sí pudieron trabajar durante la pandemia se enfrentaron a las bajas ventas y a estar altamente expuestos a los contagios por COVID-19, en un sistema donde no cuentan con protección social y donde, si se enferman, no tienen para costear medicamentos. Todo por poder llevar comida a sus hogares.

Ahora bien, es importante pensar ¿Hacia dónde va Latinoamérica?, ¿Cómo saldrá de la crisis post COVID?, ¿Qué vislumbran los expertos?

Ante esta interrogante, la especialista regional en economía laboral de la OIT, Roxana Maurizio, autora del informe Transitando la crisis laboral por la pandemia: hacia una recuperación del empleo centrada en las personas, la falta de empleo formal será más evidente en los jóvenes, las mujeres y los adultos menos calificados.

Por ello la OIT plantea desarrollar estrategias de recuperación enmarcadas en aumentar la inversión en el trabajo decente y sostenible; aumentar la inversión en las capacidades de las personas y aumentar la inversión en las instituciones del trabajo.

“La búsqueda de una mejor normalidad va a requerir de acciones ambiciosas para recuperarnos de los retrocesos en el mundo del trabajo. Además, enfrentamos el desafío de potenciar oportunidades relacionadas con la transición digital, con el aumento de la formalización y productividad”, indica el informe.

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