viernes, 18 de junio de 2021 | 7:22 PM

Fallas de conectividad: Barrera tecnológica que empeora la calidad de vida en Venezuela

Venezuela concentra uno de los panoramas más críticos en conectividad. Toda la población sufre la intermitencia y baja velocidad del servicio. Quienes residen en sectores rurales tienen menos conexión, lo cual aleja las posibilidades de estudiar y trabajar en pandemia. | Fotos William Urdaneta

Por José Rivas & 15 Minutos | 6 de Junio de 2021

Si algo quedó demostrado durante la pandemia de COVID-19 es que contar con un buen servicio de internet significa conservar un empleo, tener acceso a servicios de salud, seguir estudiando y mantener contacto con el resto del mundo sin salir de casa. Para que esto ocurra, sin embargo, la cobertura y calidad del servicio no solo debe ser amplia, sino también óptima.

A Mariana Cedeño, una joven publicista en el municipio Caroní de Bolívar en el sur de Venezuela, se le hacen más largas las jornadas de trabajo por la precaria conexión a internet. Rubselis Fuentes, residenciada en San Félix en esta misma entidad, debe desvelarse hasta la madrugada -cuando el servicio mejora- para terminar las tareas escolares de su hija, mientras que al oeste del estado una trabajadora de una industria estatal pasa hasta tres días sin conexión aislada del mundo.

Estar sin internet es una barrera tecnológica cuyos efectos se extienden a numerosos ámbitos de la vida. Para Marcelo Cabrol, gerente del Área Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), constituye una barrera en el acceso a la salud, a la educación, a servicios sociales, al trabajo y a la economía en general. Si no la cerramos, esa barrera cada vez será más alta y tornará aún más desigual a la región que ya es la más desigual del mundo”.

En 2020, 60 % de la población de América Latina y el Caribe se conectó a internet, principalmente a través del teléfono móvil, mientras que 40 millones de hogares estuvieron completamente desconectados, de acuerdo con el Informe Universalizar el acceso a las tecnologías digitales para enfrentar los impactos de la COVID-19, del Observatorio COVID-19 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En el caso de Venezuela, el país tenía una penetración de internet de 62,51 % en el cuarto trimestre de 2015, según cifras de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), pero en ese mismo periodo de 2019 esa cifra cayó a 60,89 %. 

En las regiones más distantes del centro del país, el panorama empeora. Solo 22 % de los hogares tenían acceso a internet en Bolívar, al sur del país, indican los datos recabados entre 2019 y 2020 por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Inso-Encovi), realizada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

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LENTO Y ESCASO

Pero los problemas de internet no son solo de acceso, sino también de velocidad, afectando incluso a municipios más urbanizados como Caroní, el más poblado de la entidad sureña. Mariana Cedeño hace teletrabajo en la rama de publicidad en Ciudad Guayana. Su internet en las mejores condiciones alcanza 2,4 megabit por segundo (Mbps).

El país tiene una velocidad promedio de navegación de 1,5 mbps, según datos de diciembre de 2020 a enero de 2021 de la prueba de velocidad de navegación de Measurement Lab, por el Instituto Prensa y Sociedad Venezuela (IPYS), un retraso notable, sobre todo cuando la velocidad promedio de internet en América Latina se ubica en 5 mbps y la media mundial es superior a 15 mbps.

Las limitantes de internet, la carencia de equipos tecnológicos y la merma de los medios de comunicación mantienen desconectado a gran parte del país. En Bolívar, las zonas rurales son las más afectadas por la falta de conectividad y la falta de inversión de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (Cantv). 

Al ser propiedad del Estado, Cantv tiene las tarifas más económicas y cubre 66,42 % del mercado nacional, según el informe de Conatel de 2019. Sin embargo, su servicio es deficiente y no llega a los sectores rurales donde los ciudadanos quedan prácticamente incomunicados.

Ante las deficiencias de la estatal Cantv, Mariana debe apoyarse en la empresa privada Movistar para cumplir con su trabajo. Por esto, gasta entre 20 y 30 dólares mensuales en recargas telefónicas.

Hay veces que a las 4:00 pm debería tener mi trabajo listo y se me hacen las 6:00 o 7:00 de la noche todavía trabajando, porque el internet está lento, las páginas no me abren, se me borran cosas si estoy trabajando con documentos en línea y no se guardan las actualizaciones”, relató.

La deficiente calidad de su internet de Cantv le ha impedido, incluso, mantener trabajos u optar por nuevas ofertas laborales, pues al ser a distancia miden la velocidad del internet para decidir si califica o no para el puesto. 

Aunque algunas empresas privadas podrían ser alternativas de conectividad, estas cobran instalaciones del servicio por encima de los 200 dólares y mensualidades -dependiendo de los megabits-, desde 30 hasta más de 100 dólares, un costo prohibitivo para la mayoría.

“No es solamente cumplir con el trabajo, es pelear con el internet, es estar cambiándome de red y eso de verdad, afecta mentalmente”, sostuvo.

En Los Pijiguaos, municipio Cedeño de Bolívar, pueden pasar dos y hasta tres días sin conexión de la estatal Movilnet, la única operadora que funciona en la zona. “Aquí la conexión es súper lenta y el internet es de los más arcaicos que hay en Venezuela”, afirmó una residente de la comunidad y trabajadora de la estatal CVG Bauxilum, extractora y procesadora de bauxita.

“Pasamos hasta tres días sin conexión, últimamente es muy seguido”, lamentó. En la comunidad tienen internet público, pero es lento y -pese a ser una medida ilógica- funciona bajo el horario de cuarentena establecido por el gobierno de Nicolás Maduro. “Tú vas a cargar un video y es imposible”, comentó.

Cuando se quedan sin el servicio de internet público y el de la empresa Movilnet falla, deben pagar un internet privado a un pequeño local que alquila computadoras y cobra el servicio en Bs. 1.800.000 ($ 0,60) la hora. “Uno paga dos horas y trata de alargar el servicio, pero es difícil y la comunicación es pésima aquí”, relató la trabajadora.

En este municipio, al oeste de Bolívar, los servicios de internet y conexión telefónica son deficientes siempre y es por este motivo que IPYS lo califica como uno de los dos municipios de la entidad (junto a Angostura), como desiertos informativos, pues además solo cuenta con un medio de comunicación informativo y tres emisoras de radio.

Para sus residentes, informarse implica un esfuerzo desgastante, además del costo económico. “Es incómodo, frustrante y preocupante, uno tiene muchos familiares afuera y tiene que estar comunicado con ellos y no se puede (…) quedas aislado completamente”, sostuvo indignada.

APRENDIENDO SIN INTERNET

Tener acceso a internet tampoco es garantía de estar realmente conectados. “No todas las modalidades ofrecen las mismas oportunidades de uso y aprovechamiento, ya que estas también dependen en gran medida de la calidad de la conexión y el tipo de dispositivo”, según el Informe de la Cepal-Unesco La educación en tiempos de la pandemia de COVID-19.

De acuerdo con la Cepal, hasta 80 % de los estudiantes de los niveles socioeconómicos más altos tienen ordenadores portátiles en sus hogares, pero apenas entre 10 % y 20% de los estudiantes de los niveles socioeconómicos más bajos cuentan con estos dispositivos.

A este panorama de limitaciones se suma el hecho de que, para mayo de 2020, más de 1.200 millones de estudiantes de todos los niveles de enseñanza ya no recibían clases presenciales, de los cuales más de 160 millones eran de América Latina y el Caribe. 

Un testimonio de esta situación en el interior de Venezuela es Rubselis Fuentes, residente de Buen Retiro, una comunidad populosa de San Félix en el sur del país. Sufre las carencias de internet a diario. “Acá en el sector no contamos con línea Cantv y la señal es mala”, sostiene. Para completar las asignaciones del colegio de su hija, debe esperar las horas de la noche o de la madrugada, cuando la señal de la empresa privada Movistar es menos deficiente. 

Fuentes, sin embargo, es una de las pocas en la comunidad que tiene facilidades para enviar las tareas de su hija por internet. En ocasiones, su familia ha tenido que descargar material escolar a otros jóvenes para que puedan entregar sus tareas. “Por acá hay muchas personas que ni teléfono tienen y de verdad no sé cómo hacen, porque ahorita todo es redes sociales”, dijo.

Para ella, las políticas de gobierno en lugar de generar mejoras y avances en el acceso a internet de las personas, han causado mayor retraso y rezago a nivel educativo, algo que ha mermado el aprendizaje de jóvenes en pandemia, incluyendo los niños de su sector.

Luisa Pernalete, ‎coordinadora del colegio ‎Fe y Alegría con presencia en la mayor parte del país, señaló que la pandemia agravó los problemas de la educación venezolana que ya venía sufriendo deficiencias por las renuncias y abandono de maestros, los bajos salarios y el estado de deterioro de los colegios.

Cuando inició el confinamiento y se anunciaron las clases a distancia, los maestros no contaban con los recursos económicos ni los equipos para trabajar por internet. “Esto nos agarra sin herramientas”, sostuvo. 

De acuerdo con Pernalete, la formación que pueden dar a través de internet es precaria por las carencias tecnológicas de profesores y alumnos. Para suplirlo, trabajan con guías instruccionales y los circuitos de radio Fe y Alegría, que abarcan poco más 50 % de su alumnado de primaria.

En núcleos rurales como el ubicado en El Pao, municipio Piar de Bolívar, deben hacer visitas casa por casa porque no llega la señal de radio, no hay conectividad y tampoco cuentan con teléfonos inteligentes. “Van a cada casa a llevar las guías instruccionales, es una dedicación realmente extraordinaria”, señaló. 

Aunque considera que los colegios privados tienen mayores posibilidades de trabajar con estas herramientas, precisa que estas instituciones apenas representan 15 % del total de la red educativa. “La mayoría de los muchachos no se están formando por internet”, sostuvo Pernalete.

“Estamos sumamente preocupados porque este rezago tecnológico y en herramientas es muy fuerte, la formación de nuestros maestros no estaba acorde para educar a distancia (…) nosotros creemos que nuestros muchachos más que aprender, han desaprendido”, lamentó.

Ahora bien, mientras en Venezuela las dificultades para el aprendizaje remoto son consecuencia de la crisis humanitaria compleja que afecta al país, naciones de América Latina y el Caribe libran sus propias batallas y disparidades. Datos recopilados por el Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas a marzo de 2021 revelaron que en Colombia, 43 % de las personas tienen acceso a internet de forma regular en sus hogares, mientras que en Brasil esa penetración es del 72 % (aunque 1.879 distritos no tenían acceso a una red de comunicación móvil).

Entre los mejor parados de ALC figuran Chile y Costa Rica, donde más del 85 % de los hogares tiene internet. Igualmente, destacan Costa Rica, con un 84 % de acceso a internet en los hogares; y Uruguay, que llega al 69 % de la cobertura de fibra óptica.

FRENO AL TRABAJO

De acuerdo con la investigación, un 71 % de las personas que viven en áreas urbanas de ALC tienen opciones de conectividad, a diferencia del 37 % de quienes residen en la ruralidad. “Una brecha de 34 puntos porcentuales que mina un inmenso potencial social, económico y productivo”, señaló el BID en un boletín de prensa. En su trabajo, IICA-BID-Microsoft demostraron que 32 % de los habitantes de ALC (244 millones) no acceden a Internet.

En medio de este panorama, José Alfredo Olivo, directivo de Fedecámaras Bolívar, indicó que en algunos sectores del municipio Caroní y Angostura del Orinoco ha mejorado en velocidad, pero en municipios más distantes como Gran Sabana, Sifontes, Piar y Cedeño los agremiados reportan limitaciones para comunicarse.

Empresarios en municipios fronterizos como Gran Sabana se conectan a empresas de telecomunicación de Brasil para tener un mejor servicio y mayor velocidad. 

El empresario señaló que las carencias de internet han entorpecido aún más las ventas y transacciones, porque además de las carencias de internet, las personas no cuentan con papel moneda ni en divisas ni en bolívares. “Eso hace engorroso, lento, complejo el manejo del dinero”, sostuvo.

Un vendedor de comida rápida y almuerzos, que trabaja en la localidad minera El Callao, calificó el servicio de internet en las zonas mineras del estado como “un total caos”. En Guasipati, el lugar donde vive, queda desconectado. “Cuando llego quedo incomunicado totalmente, hasta que salgo a trabajar al otro día. Perdemos ventas por eso, es fatal”, lamentó.

El hombre debe pagar 30 dólares mensuales en El Callao por una red wifi particular para promocionar sus productos en redes sociales. Aun así, debe ubicar el teléfono en puntos estratégicos del local donde la red funciona mejor. “La señal va y viene”, contó. Por eso, no trabajan con punto de venta, las operaciones por transferencias son mínimas y la mayoría de las compras son en dólares y bolívares en efectivo.

CARENCIAS FUNCIONALES AL ESTADO

Marysabel Rodríguez, coordinadora del Observatorio de Libertad de Expresión de la organización Espacio Público, señaló que entre los principales patrones para limitar el acceso a la información están las fallas estructurales que derivan en caídas masivas del internet y los bloqueos a páginas web. 

En 2020 se documentaron 15 fallas masivas por apagones eléctricos e interrupciones específicas en Cantv “vinculado a los problemas de infraestructura y falta de mantenimiento”. En 66 ocasiones hubo bloqueos: 23 fueron aplicados a medios digitales y 43 a portales y plataformas web ligadas a organizaciones no gubernamentales o a sectores de la oposición.

De acuerdo con Rodríguez, las deficiencias de conectividad en el continente americano ocurren en sectores específicos de cada país o estado, al contrario de Venezuela donde los problemas son generales. “Aquí todos estamos afectados por los problemas de conectividad, que se agudizan en zonas que no están urbanizadas”, comentó.

A su juicio, el problema de conectividad en Venezuela es sistémico y estructural y aunque no se puede afirmar que las deficiencias son intencionales, sí son convenientes para el gobierno, sostiene. “En un contexto de crisis institucional resulta funcional que no haya sistemas fuertes y eficientes que permitan mantener o procurar que las personas estén comunicadas de manera regular y constante”, explicó.

Los avances en materia de conectividad han sido muy pocos, por lo que recomendó el uso de redes privadas (VPN), alternativas fuera de línea que sean seguras y, mientras se pueda, tener más de una operadora para conectarse a internet. “La solución pasa por una política de Estado, una política que sea también estructural (…) la infraestructura en general necesita y demanda un financiamiento importante para poder actualizar equipos y mejorar las condiciones, porque es un tema fundamentalmente operativo y de falta de mantenimiento regular”. 

DE LA UTOPÍA A LA REALIDAD

La Alianza por un Internet Asequible (A4AI) propone el concepto de “conectividad significativa” para medir la calidad del servicio. A su juicio, se tiene conectividad significativa si se cumplen cuatro condiciones: velocidad adecuada, acceso a datos, hacer uso regular de internet y acceso a un dispositivo adecuado, siendo la velocidad un punto de suma relevancia.

“Para una participación efectiva en la era digital es esencial el acceso a banda ancha de alta velocidad”, dice la Cepal. De hecho, estima un costo anual promedio de 1 % del PIB de una canasta básica integrada por un computador portátil, un teléfono inteligente, una tableta y un plan de conexión para los no conectados.

Además, IICA-BID-Microsoft calculan que “un aumento del 1 % en la penetración de la banda ancha produce un incremento del 0,08 % del PIB, mientras que un aumento del 1 % en la penetración de la banda ancha móvil produce un incremento del 0,15% del PIB”.

La realidad dista mucho de ser así. La región latinoamericana y caribeña invierte en infraestructuras digitales cuatro veces menos que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), como lo refleja un reporte del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

¿Cómo asegurar y mejorar el acceso a internet en los países de ALC? La Cepal plantea cinco aspectos clave a tener en cuenta:

  1. Conectividad: despliegue de infraestructura, otorgación temporal de espectro y ampliación temporal de los topes de tráfico.
  2. Asequibilidad: servicios de internet y ofertas móviles de bajo costo.
  3. Canales de comunicación de emergencia: números específicos y centros de llamadas (call centers).
  4. Gestión del tráfico: priorizar el tráfico de telemedicina y teleeducación.
  5. Protección al consumidor: los operadores deben transparentar las medidas que tomen para asegurar la provisión de los servicios.

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