jueves, 28 de octubre de 2021

Noelbis Aguilar: “No hay un currículo de emergencia que pueda dar respuesta a este momento”

En la serie í ó consultamos la perspectiva de los expertos en políticas educativas para comprender la situación venezolana. Coinciden en que la falta de recursos tecnológicos en el hogar y las fallas de los servicios básicos influyen en la profundización de la desigualdad en el acceso a la educación y en que el proceso de enseñanza-aprendizaje ha sido desvirtuado, dejando en manos de los padres, madres y cuidadores responsabilidades que no le corresponden. Los expertos también ofrecen recomendaciones para escuelas, docentes y padres.

Los estudiantes venezolanos iniciaron un nuevo año escolar el miércoles 16 de septiembre. Las clases son dictadas a distancia. Escuelas y familias se preguntan cómo asegurar el éxito para los alumnos a pesar de la incertidumbre, las fallas de conectividad y las deficiencias en los servicios básicos. Esta es la cuarta entrega de Desafíos de la educación en pandemia, una serie sobre la perspectiva de los expertos en políticas educativas para comprender la situación venezolana. En esta oportunidad habla Noelbis Aguilar, docente y directora nacional del Programa Escuelas Fe y Alegría en Venezuela.

a educación permite a las personas desarrollarse como profesionales y ciudadanos. No solo fortalece las competencias instrumentales, o básicas, también las competencias interpersonales para tener relaciones con otros de forma armónica. La educación cultiva además las competencias intrapersonales, que permiten desarrollar una escala de valores y ética, y nos conducen a ser personas justas y productivas. Para lograr lo anterior, la escuela se convierte en el espacio de socialización, donde se presentan diariamente oportunidades para que los niños, niñas y adolescentes puedan aplicar esas competencias.

  Este es un trabajo de Indira Rojas en el marco del proyecto de Prodavinci y el Centro Pulitzer: COVID-19 llega a un país en crisis: Despachos desde Venezuela  

Lo anterior me lleva a afirmar que es muy importante que los estudiantes regresen a las escuelas, que puedan interactuar con sus pares, compartir sus intereses, dialogar sobre los temas que le afectan, tomar decisiones y resolver problemas más allá del núcleo familiar. Ahora bien, en esta emergencia sanitaria la balanza se inclina hacia la educación a distancia, para mitigar el riesgo de contagio del covid-19. Se cuida la salud de los estudiantes, de los profesores y de otros trabajadores de la educación.

En esta modalidad, las familias y el personal docente minimizan el estrés que significa trasladarse a los centros educativos por la falta de efectivo, el déficit de transporte y las deficiencias en los servicios públicos. También representa una oportunidad para que los niños, niñas y adolescentes puedan desarrollar otras competencias importantes, como la autorregulación y la autonomía de su proceso de aprendizaje.

Sin embargo, en el año escolar anterior quedó de manifiesto que el Estado no tiene la capacidad de atender a distancia, con calidad e inclusión total, a los estudiantes venezolanos.

No hay un currículo de emergencia que pueda dar respuesta a este momento que se está viviendo. En la respuesta educativa del gobierno no hubo lineamientos claros sobre cómo se daba acompañamiento y retroalimentación constante a las producciones de los niños, según las actividades dejadas en los programas de televisión y radio. Tampoco se precisaron las estrategias para la evaluación del aprendizaje. Solo se dijo que hicieran un portafolio, pero no más de allí.

No hay un informe con la evaluación cualitativa y cuantitativa de la atención educativa a distancia, detallando en qué medida los niños, niñas y adolescentes avanzaron en su aprendizaje. Tampoco hay políticas para el reconocimiento, valoración y condiciones sociolaborales para el personal docente.

Debido a la emergencia humanitaria compleja, el país no cuenta con las condiciones necesarias para desarrollar el proceso educativo a distancia con éxito. Esta modalidad requiere de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para formar comunidades o redes de estudio donde los alumnos puedan interactuar. En Venezuela no se cuenta con un sistema de Internet de conexión estable y sólo 45% de los docentes (datos de Fe y Alegría) cuentan con un dispositivo móvil inteligente o un computadora para el acompañamiento pedagógico de los estudiantes. Esta realidad se replica en los estudiantes y su familia. Quedan excluidos de la atención remota aquellos que no tienen medios para recibir las guías de estudio y otros materiales, ya que viven en sitios alejados, no tienen dispositivos tecnológicos, o no les llega señal de televisión o radio.

Los estudiantes sólo recibirán acompañamiento diario y continuo de los docentes que tengan recursos tecnológicos e Internet para mantenerse comunicados, aclarar dudas y hacer recomendaciones. Como consecuencia, se genera una brecha. ¿Qué encontramos ante esta situación? Estudiantes que no recibirán retroalimentación permanente y sistemática de sus docentes ni podrán interactuar en comunidades de aprendizajes con sus pares, por ejemplo. Quedan solo a la espera de la evaluación cuando entreguen sus producciones.

 
Noelbis Aguilar advierte que los estudiantes sólo recibirán acompañamiento diario de los docentes que tengan recursos tecnológicos | Foto cortesía Noelbis Aguilar
 

Además, a las familias se les dificulta el acompañamiento de sus hijos para comprender el proceso de aprendizaje a distancia, lo que puede generar violencia, estrés y vulneración de derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Con las escuelas cerradas, también se corre el riesgo de que los estudiantes no tengan posibilidades de poner en práctica en situaciones cotidianas sus competencias interpersonales, quedando sólo con las oportunidades que tengan en su núcleo familiar.

Siempre van a quedar vacíos en los conocimientos esenciales que deben alcanzar en cada grado y año. En las escuelas técnicas es muy complejo el desarrollo de las competencias específicas de las menciones, como los estudios en electricidad, porque no se pueden dar las prácticas en los talleres. Hay herramientas que los estudiantes no tienen en sus casas.

Los procesos a distancia en el año escolar anterior dejaron lecciones para Fe y Alegría. Por una parte, es indispensable la formación de los docentes sobre estrategias de enseñanza y de evaluación multimodales para continuar con el servicio educativo. También se deben generar procesos formativos a las familias sobre el acompañamiento del proceso de aprendizaje de los hijos.

Algunos efectos psicosociales que se presentan en los hogares son ansiedad, depresión, violencia, agresividad y  tristeza. Las familias no están preparadas para estas situaciones, al no contar con herramientas de auto cuidado psicoemocional y social. Es necesario atender esta dimensión, contribuyendo a mantener espacios de protección socioemocional en casa y minimizando la violencia y la vulneración de derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Hay que generar estrategias que permitan desarrollar capacidades en los equipos directivos para gestionar procesos de atención educativa a distancia, que van desde la formación de docentes hasta la rendición de cuentas. Por su parte, los maestros deben tener acceso a recursos tecnológicos y una buena conexión de Internet. Los centros educativos deben realizar un diagnóstico sobre cada docente y su acceso a los recursos necesarios, y organizarse para apoyar a los que tienen menos posibilidades. Además, hay una responsabilidad del Estado venezolano en brindar los recursos a las escuelas.

El seguimiento mensual de atención a los procesos de aprendizaje de los niños, niñas y adolescentes es vital para tomar decisiones que mejoren el proceso en el futuro.

Recomendaciones para las escuelas 

  • Flexibilizar horarios, currículos y programas de nivelación y refuerzo.
  • Atreverse a iniciar procesos de innovación pedagógica con estrategias multimodales.
  • Desarrollar programas de sensibilización, formación con incidencia en el cambio de comportamientos saludables y seguros, a través de mensajes claves para salvar vidas y mitigar los riesgos contra el covid-19. Si es necesario ir a la escuela para la entrega de trabajos o de notas, seguir las medidas de protección.
  • Unificar criterios para realizar acompañamiento diario a los estudiantes.
  • Realizar monitoreo permanente sobre la atención educativa a los niños, generando planes de atención según el nivel de avance de cada estudiante.
  • Desarrollar un plan de apoyo de bienestar psicoemocional para las familias, el personal y los niños, niñas y adolescentes. 

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