jueves, 17 de junio de 2021 | 4:19 AM

Minerva Vitti: “Hay una especie de racismo estructural en Venezuela hacia los indígenas”

La periodista condensa 10 años de exploración, investigación y convivencia con pueblos indígenas de Amazonas, Bolívar, Delta Amacuro, Zulia y algunas partes de Latinoamérica en su primer libro: ‘La fuerza del jebumataro’.

inerva Vitti es una periodista caraqueña graduada de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) que se ha interesado por investigar, visitar y narrar las historias de los pueblos indígenas de Venezuela y Latinoamérica.

Ha escrito para los medios Armando.Info, Historias que laten, y para la ONG defensora de derechos humanos Provea, además de investigadora del Centro Gumilla. Pero su más reciente trabajo es La fuerza del jebumataro: historias de despojo y fortaleza de la Venezuela indígena, una recopilación de 10 años de viajes, estudios e investigación en los pueblos ancestrales.

El libro consta de cinco capítulos en los que se encuentran relatos, crónicas y reportajes de investigación de las poblaciones Wayúu, Warao, Pemón, Jiwi, Piaroa, Yukpa, Yekuana, Eñepa, Barí, Sanema y Jodi. También cuenta con mapas para entender mejor dónde están ubicadas las comunidades y sus conflictos socio-ambientales.

Su nombre hace honor al jebumataro: una maraca sagrada llena con piedras de cuarzo que usan los wisidatu -chamanes waraos- para alejar los males y sanar las enfermedades. “La idea de colocarle este nombre al libro es para hacernos conscientes de que así como muchas de las historias que están ahí son de dolor, de indignación y de tristeza por todo lo que está ocurriendo, también tenemos el poder de sanar como lo hacen los pueblos indígenas que tienen la fortaleza anclada a su cultura”, comenta la autora.

La fuerza del jebumataro fue bautizado en Caracas en noviembre de 2019 de una forma muy particular para conectar al público con la cultura indígena. El audio de un canto warao chamánico llamado Joa warayaja (espíritu sanador de dolores) y una maraca amenizaron el momento. “Elegí esta forma porque la música conecta con la ancestralidad, con la curación y con la cultura y la maraca para hacer alusión al jebumataro y su poder sanador”, agrega Vitti.

El libro se puede conseguir en la UCAB Caracas y en el Centro Gumilla. Las personas que están lejos de la capital y desean tener información del texto deben escribir al documentacion@gumilla.org.

¿Cómo empezó todo?

El interés de Vitti por estos temas comenzó en el 2010 cuando realizó un viaje de 3 meses por Venezuela, Colombia, Panamá, República Dominicana y Haití para hacer un proyecto audiovisual con el Servicio Jesuita a Refugiados para Latinoamérica y El Caribe (SJR- LAC), donde trabajaba como encargada de comunicaciones.

Dentro de todos los países que recorrió recuerda que en marzo de 2010 en Panamá entró en contacto con indígenas de la etnia Emberá, quienes se encontraban en Jaqué y Puerto Piña, una región selvática de ese país, tras huir de Colombia por la masacre de Juradó a finales de los años 90. Para entonces estaban solicitando estatus de refugiados:

“Entonces yo estuve una semana ahí con ellos, no hablaba su idioma y muy pocos de ellos hablaban español y fue a través de traductores y del compartir que se fue dando la comunicación, incluso una de las señoras me hizo una especie de tatuaje en el brazo con henna -tinte natural-, yo quedé muy conmovida con esa experiencia”, recordó la escritora.

Al volver a Venezuela, en octubre de 2010, el jesuita José María Korta, quien estaba muy comprometido con la lucha de los pueblos indígenas, hizo una huelga de hambre en Caracas por la demarcación de los territorios, el respeto a la jurisdicción indígena y por la liberación del cacique yukpa Sabino Romero, quien se encontraba preso.

 
Desde 2015 Vitti no recuerda cuántas veces ha visitado las comunidades indígenas pero sí cuan enriquecedora ha sido cada experiencia | |Foto Minerva Vitti
 

Vitti cubrió esa huelga para el SJR. “No solo fui un día, resulta que me terminé yendo con los compañeros indígenas a la que era en ese entonces la sede de Causa Amerindia Kiwxi y terminé viviendo ahí varios días, lo que me habían encomendado para un día yo sentí una energía y unas ganas de conocer qué era esto, ahí habían indígenas de toda Venezuela y de distintas etnias”, recuerda la periodista sobre aquel lugar donde conoció a personas de las etnias Yekuana, Pemón, Yukpa y Warao.

Con base en esas experiencias, Vitti decidió escribir el primer artículo para la revista SIC del Centro Gumilla en el 2011. Luego Provea la contactó para que escribiera el capítulo de pueblos indígenas para su informe anual y así lo hizo por cuatro años.

“Todo fue una secuencia de cosas que a mi modo de ver no fueron casualidad sino algo de procesos, esos informes me permitieron tener un panorama de cómo estaban nuestros hermanos indígenas en Venezuela, cuáles eran sus principales problemas y demandas”, comenta la autora, quien estaba en contacto con las comunidades, a través de noticias, informes, correspondencias o por llamadas telefónicas, pero no físicamente.

Aunque empezó a escribir en el 2011 sobre los problemas de los pueblos indígenas, no es sino hasta 2015 cuando tiene la oportunidad de ir a San Francisco de Guayo, a nueve horas de navegación desde Puerto Volcán, estado Delta Amacuro. Esa experiencia la denomina como un antes y un después en su vida.

“Ahí empezó mi experiencia más de campo. Estuve con los waraos, luego con los yekuanas, con quienes tenía contacto desde 2010. Me invitaron a una de sus asambleas en el 2016, algo interesante porque en esas asambleas generalmente no hay personas que no sean indígenas y son ambientes muy masculinos, muy pocas son las mujeres que tienen derecho de palabra y yo estaba ahí”, relata.

De la indignación a la difusión cultural

La periodista describe este proceso en tres tiempos fundamentales. El primero fue desde la indignación y la impotencia, al ver todas las injusticias que se cometían contra las comunidades indígenas. Por eso se enfocó en denunciarlas: “Las demandas estructurales de los pueblos indígenas, como la demarcación de sus territorios que es fundamental porque ahí es donde ellos pueden desarrollar sus costumbres, su idioma y cultura”, precisó.

   
La demarcación de los territorios indígenas es un derecho que no solo es violentado en Venezuela sino también en Latinoamérica | Foto Minerva Vitti

También veía que se violentaba el derecho a la consulta previa, libre e informada. “Se desarrollan proyectos de muerte, proyectos extractivistas, que no solo tienen que ver con la minería sino con la tala de árboles, la contaminación de sus aguas, sin la consulta previa de ellos, que es algo que está estipulado, y la violación al derecho de la salud y el derecho a la educación intercultural bilingüe”, afirma Vitti.

El segundo tiempo es cuando procesa que en la Constitución se establece que se debería tener una democracia intercultural y multilingüe, sin embargo “nada de esto se respeta. Existe como una fobia o un racismo estructural en Venezuela hacia lo diverso”. El tercer momento llega casi 10 años después, cuando se da cuenta de que ya los indígenas para ella no son números, son rostros y amigos y no solo la denuncia es importante sino también comunicar su diversidad cultural.

Además de los indígenas, las fuentes consultadas por la periodista para escribir este texto han sido libros de misioneros capuchinos y de antropólogos como Theodor Koch-Grünberg e indígenas como Carlos Figueroa, un pemón que hizo una compilación de sus historias en un libro llamado Pataamunaanü´nin: Nuestras tierras son de nosotros.

Sin embargo la autora no tiene referencias recientes. “Aquí pasa algo muy grave, y es que los pueblos indígenas solo son noticias cuando hay una catástrofe, una masacre o epidemias. Nos cuesta mucho conectarlos con los aportes que ellos dejan, la mayoría de los medios de comunicación no ven la importancia de eso, la mayoría que llevan estas documentaciones son ONG o iglesias”, sostiene.

La autora comenta que en el público hay un desconocimiento de los pueblos ancestrales y sus tradiciones, y que eso viene desde la formación escolar. “En mis tiempos, en el colegio solo te enseñaban la historia de los caribes, los timotocuicas y los arawacos, cuando en realidad hay aproximadamente 53 pueblos indígenas en Venezuela; por otra parte la mirada que tenemos hacia ellos es la del indígena pobre, y el indígena no es pobre, lo han empobrecido porque le han quitado sus medios de sustento”, asegura la autora.

Señalando el camino

Para la autora, el primer paso para aproximarse a las realidades de los pueblos indígenas es tratar de quitarse los prejuicios que se han ido formando alrededor del tema: “Dejar de pensar que ellos son pobres o son mineros, sin analizar las causas estructurales de por qué ellos están haciendo estas prácticas”, explica. Sostiene que ellos no son un grupo alejado del resto de los venezolanos, y que, al igual que el resto, también padecen la crisis humanitaria.

Vitti admite que es difícil acceder a las comunidades, por lo que se puede comenzar a leer fuentes que ya hayan escrito sobre el tema, como misioneros, antropólogos y conectarse desde las historias ancestrales, la literatura indígena.

 
Vitti se ha acercado a las comunidades indígenas a través del estudio de las historias ancestrales, mitos e idiomas | Foto Verónica Mendoza
 

Una vez que se está en las comunidades se debe escuchar y aprender ellos y sus idiomas. No idealizar ni tener posturas románticas.

“Eso sería todo lo que recomendaría y lo haría desde la humildad porque no soy una experta, sino que he ido formándome. También me he llevado tropezones y he pasado por el proceso de idealización. No hay mayores expertos que los propios indígenas”, sentencia.

Próximos planes

Minerva Vitti sueña con presentar su libro en los territorios donde se inspiraron las historias. Ir a Bolívar, Delta Amacuro, Amazona y Zulia y llegar a personas que no están sensibilizadas con el tema.

También quiere seguir contando y documentando estas historias, pero esta vez desde la mirada intercultural, las historias ancestrales, el buen vivir y otros elementos que pueden proporcionar los pueblos indígenas a la reconstrucción de una democracia intercultural que, según ella, es hacia donde la sociedad debe apuntar. “Para mí este libro ha sido reencontrarme con mis raíces y es un proceso que continúa, yo quisiera tratar de comunicar todos los aportes de ellos sin dejar a un lado las denuncias”.

 


La autora hace énfasis en la importancia del aporte de los pueblos indígena para la reconstrucción de una democracia intercultural | Foto Minerva Vitti

 

 

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